Mi entrevista con el Papa en el 2016 | Opinión
No se ha dado. Cada vez que me preguntan a quién me gustaría entrevistar, tengo a tres personajes en la mira: a Taylor Swift, a Bad Bunny y al Papa Francisco.
Sí, soy un swiftie; he visto dos veces a Taylor Swift en concierto y creo que tiene uno de los mejores shows del planeta.
Admiro el talento y la determinación de Bad Bunny por hacer su música en español y en sus propios términos. Es uno de los artistas más escuchados del planeta, su último CD –“Debí Tirar Más Fotos” es magistral recuperando las raíces de Puerto Rico y él sí puede decir, como su canción: “Aquí llegó tu tiburón.”
Y con el Papa Francisco, que está recuperándose de bronquitis, también me gustaría conversar, pero por razones muy distintas.
Soy agnóstico — es decir, no tengo ninguna certeza sobre la existencia de Dios— y quizás Jorge Mario Bergoglio me podría ayudar respondiendo algunas de mis preguntas.
Lo conocí en el Vaticano a finales del 2016. Nos habían invitado a un grupo de periodistas a una visita privada de la Capilla Sixtina y a una audiencia con el Papa.
Son las cosas maravillosas de este trabajo de periodista. Y luego de un breve discurso en italiano, cada uno de los reporteros pasó a saludar de mano al pontífice. Recuerdo haberle dicho: “Papa Francisco, no olvide a los inmigrantes que Trump quiere deportar”. Curioso es que ese mensaje aún se sostenga en este 2025.
El Papa me vio a los ojos, reconoció mi presencia, pero no respondió nada. Detrás de mí había una larga fila.
También me acuerdo de que una de las invitadas a esa reunión, conmovida, me confesó que “era lo más cerca que había estado de Dios”.
Bueno, por eso, precisamente estoy interesado en una entrevista con el Papa. Si alguien entiende algo sobre la fe y de sus dudas, es él.
Las preguntas son básicas. ¿Qué pasa cuando nos morimos? ¿A dónde vamos? ¿De verdad “eres polvo y en polvo (celestial) te convertirás”? ¿Cómo se creó el universo o es algo eterno? ¿Cómo puede un ser todopoderoso permitir las guerras, los asesinatos y abusos de inocentes, y las enfermedades mortales en los niños? ¿Volveré a ver a mi papá, a mi hermano Alejandro, a mi amigo Félix, a mi gata Lola y a mi perro Sunset?
¿De veras cree en el cielo, el purgatorio, el infierno y el diablo? ¿Quién crea a Dios? ¿Y si no hay dios?
El Papa Francisco ya ha respondido algunas de estas preguntas. El internet puede ser, muchas veces, una selva salvaje. Pero, en ocasiones, nos regala sorpresas. Y este es el caso de dos preguntas que hace tiempo le hicieron en español al líder de la iglesia católica y que pude rescatar del mar digital.
“¿Le tiene miedo a la muerte?” le preguntaron al Papa Francisco. “No”, contestó. “Sé que va a venir. Alguna vez que me pareció que podía haber riesgo, me preparé — cuando me tuve que hacer la operación (del pulmón), pero le pedí al señor que no me agarre inconsciente, que al menos la vea venir. Dicen que es raro que exista miedo a la muerte. El miedo es verla venir.”
“¿Qué pasa cuando nos morimos?” insistió el entrevistador. “Una luz muy grande. Una felicidad muy grande. Un encuentro muy grande; es el camino al encuentro con Dios.
Algún pertinaz por ahí pueden ser que no tenga ese camino. Pero yo creo que Dios, hasta el último momento, espera y ayuda”.
Yo no tengo esa certidumbre.
Por supuesto, se le podría plantear al Papa una entrevista más terrenal, más política. Y no se debe descartar; hay mucho que abarcar. Pero me parece que tener frente a ti a uno de los líderes espirituales más poderosos del planeta y no preguntarle sobre las grandes preguntas de la humanidad sería un desperdicio.
Como agnóstico confieso que quisiera tener fe. Pero no la tengo. Supongo que viviría más tranquilo, con menos angustias, si tuviera la certeza de la vida eterna de los creyentes. Y siempre, claro, existe la enorme posibilidad de estar equivocado.
Crecí, como millones, en un país católico y en una familia donde nos obligaban a los niños a ir a misa todos los domingos.
Pero mis dudas respecto a la religión surgieron con los golpes y los abusos que nos propinaban los sacerdotes benedictinos en la escuela primaria y secundaria. Eran golpes con la suela de zapatos en las manos, en las nalgas y en el alma. Además, nos inculcamos el temor de ir al infierno si moríamos sin confesarnos. Y claro, el prefecto de conducta era uno de los mismos sacerdotes que tomaban nuestra confesión.
Rápido comenzaron mis dudas sobre las instituciones religiosas y ya de adolescente comprendí la diferencia entre ser agnóstico y ser ateo. Y así he vivido la mayor parte de mi vida, sin saber qué es lo que sigue.
Sé que estos han sido días muy duros para el Papa Francisco y le deseo una muy pronta recuperación. Después de todo, tenemos mucho de qué hablar.
Jorge Ramos Avalos es un periodista y un ex-presentador de Univision.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de marzo de 2025, 1:14 a. m..