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Como símbolo de resistencia contra Cuba, se debe permitir que Radio y TV Martí continúen su labor | Opinión

Imagen de archivo de una transmisión de un programa de Radio y TV Martí.
Imagen de archivo de una transmisión de un programa de Radio y TV Martí. Archivo/Miami Herald

Para la histórica comunidad cubana exiliada de Miami, el aparente desmantelamiento de Radio y TV Martí ordenados por la administración Trump esta semana, significa más que el fin de las transmisiones radiales prodemocráticas financiadas por Estados Unidos hacia la isla.

El destino de la estación sigue siendo incierto, víctima de DOGE. Existe la esperanza de que se reactive y se restablezca la financiación a su departamento matriz, la Agencia de los Estados Unidos para los Medios Globales (USGAM), como sucedió el miércoles con Cubanet, el medio de noticias independiente sobre Cuba más antiguo con sede en Miami, originalmente eliminado por la administración.

Pero por ahora, la estación de radio, con 40 años de antigüedad, no transmite en vivo; su personal, con sede en Doral, fue enviado a casa.

Es una pena para los cubanos en la isla que dependen de la programación de la estación, aunque nunca se ha sabido cuántos la escuchan.

Pero muchos no saben que Radio y TV Martí también representan uno de los logros políticos más significativos de los exiliados cubanos en Miami: el cabildeo exitoso de un presidente estadounidense, Ronald Reagan, para firmar la Ley de Radiodifusión a Cuba el 11 de octubre de 1983, estableciendo la estación creada para romper el monopolio de Fidel Castro sobre noticias e información.

Las raíces de ese éxito comenzaron en Miami, en el restaurante La Esquina de Tejas en la Pequeña Habana.

Solo cinco meses antes, el 20 de mayo de 1983, el Día de la Independencia de Cuba, Reagan había visitado al famoso restaurante, cerrado hace mucho tiempo, por invitación de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA).

En ese momento, el líder de la FNCA, Jorge Mas Canosa, estaba presionando para que se hiciera un esfuerzo al estilo de la Voz de América dedicado a Cuba; persuadió a Reagan, lo que marcó el punto culminante de una alianza política entre los exiliados cubanos, Reagan y el Partido Republicano, basada en su fuerte postura anticomunista compartida.

Los vestigios de ese vínculo existen hoy en día. Cuando Reagan firmó el proyecto de ley que creó Radio Martí, declaró: “Por primera vez en los 25 años de dominio comunista en Cuba, el pueblo cubano podrá escuchar la verdad, y en detalle, sobre la política interior y exterior cubana”.

Radio Martí era más que una simple emisora; era un símbolo de resistencia contra la dictadura cubana. Conectaba a la comunidad exiliada con su patria, transmitiendo informes sobre la represión política, las dificultades económicas y los abusos de los derechos humanos que, de otro modo, habrían sido censurados dentro de Cuba.

El gobierno cubano respondió con indignación. El propio Fidel Castro denunció a Radio Martí y el uso del nombre del patriota cubano José Martí. El régimen cubano respondió emitiendo potentes señales de interferencia para bloquear la emisora, limitando gravemente su alcance.

Radio Martí persistió, ofreciendo una alternativa a las noticias controladas por el Estado con distintos niveles de eficacia. En su apogeo, la Oficina de Transmisiones a Cuba, que supervisaba Radio y TV Martí, recibía más de 20 millones de dólares anuales del gobierno estadounidense.

Sin embargo, en los últimos años, la influencia de la emisora ha disminuido. Varios factores contribuyeron a su declive. Los agresivos intentos de interferencia del gobierno cubano representaron un desafío constante. TV Martí, en particular, nunca superó estos obstáculos y tuvo dificultades para llegar a la audiencia cubana.

Además, el creciente escrutinio del Congreso sobre el presupuesto y la integridad periodística de la emisora debilitó aún más su prestigio.

El golpe más significativo llegó con la llegada de internet y la telefonía móvil a Cuba, lo que cambió radicalmente el acceso de los cubanos a la información. Radio Martí perdió su estatus como principal alternativa a los medios estatales, ya que los cubanos recurrieron cada vez más a las redes sociales y las VPN para conectarse con el mundo exterior.

Aun así, la decisión del gobierno de Trump de silenciar Radio y TV Martí, perdiendo así otra voz más a la libertad de expresión, es profundamente preocupante. Si la Radio y TV Martí cerrara definitivamente, marcaría el capítulo final de una batalla de décadas por la información y la influencia en Cuba.

La visión de Reagan de un libre flujo de noticias hacia la isla nunca logró su objetivo final de derrocar al régimen castrista. Pero para generaciones de cubanos, la estación brindó acceso a una narrativa alternativa, amplificó las voces disidentes y expuso verdades que el gobierno cubano buscaba suprimir.

Su legado es de desafío, perseverancia y la convicción de que la información, por imperfecta que sea, sigue siendo un arma poderosa contra la tiranía.

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Luisa Yanez
Opinion Contributor,
Miami Herald
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