Los nuevos faraones
Los líderes de la FIFA, cuyos oscuros manejos de dinero han dado pie a tanto escándalo últimamente, e inflamado por igual la indignación de hinchas y del público, podrían resultar niños de teta si su pompa, opulencia y despilfarro se compara con la de algunos gobernantes latinoamericanos.
El apunte de oficio lo ha hecho esta vez el diario español ABC, que esta semana publicó un artículo firmado por la periodista Josefina G. Stegmann sobre el alto precio que pagan los argentinos por el culto a su expresidente Néstor Kirchner con el centro cultural erigido en su memoria por la viuda y actual mandataria, Cristina Fernández, una obra que el periódico tilda de “faraónica” a un costo de más de $500 millones. Además del mausoleo, avenidas, centros médicos, plazas y otras edificaciones que llevan su nombre.
Citado por la publicación, el periodista argentino Ignacio Montes de Oca cuestiona que se haya dilapidado semejante suma de dinero del erario público para alimentar la idolatría a los Kirchner —entre el difunto y su esposa ya han ejercido doce años el poder— cuando en el norte del país aún hay niños que mueren de hambre.
Para el diputado opositor Federico Pinedo se trata de una actitud dispendiosa que se repite en todos los gobiernos autoritarios, que ponen el nombre de sus líderes a cuanto pueden, “una vieja tentación fascista”, recuerda. Aprovecho el punto para mencionar otros derroches atribuidos a la señora Kirchner, a quien la prensa bonaerense endilga un refinado gusto por las joyas de excelencia y la ropa cara, y tamaña indolencia con el dinero público al grado que hubo una denuncia de la prensa que tomó vuelo el año pasado, según la cual los domingos la mandataria recibía los periódicos en su residencia patagónica de El Calafate (a unos 2,700 kilómetros al sur de Buenos Aires) en flete directo y exclusivo de aviones de la presidencia, a un costo de $25,000 la ida, y otro tanto la vuelta.
Se sabe que el fasto ideológico, la exaltación de la figura de los gobernantes al precio que sea necesario, es uno de los distintivos de los regímenes populistas (o totalitarios, que al margen del adjetivo que se les encaje medran igual) entronizados las últimas décadas en varios países de la región. Lo trágico es que haya parte de la sociedad —arrimados, aprovechados, necios, incautos y otros congéneres— que se los celebre y se preste de idólatra en la procesión. Sobre todo porque cuando estos señores —y señoras— se hacen del poder, sus obras nunca se avienen con el compromiso cacareado y contraído con los desposeídos.
No dista mucho de ser así en Bolivia con Evo Morales, quien se ha hecho construir un costoso Museo de la Revolución Democrática y Cultural en su pueblo natal, Orinoca, sin contar otros lujillos, como el de su avión presidencial “a la medida”, y un nuevo palacio de gobierno, la Casa Grande del Pueblo, que tendrá 28 pisos, tres sótanos, un helipuerto y costará 33 millones de dólares. Todo en nombre de los menesterosos.
Si en Cuba se le erigió un mausoleo al Che Guevara, qué no harán cuando muera el máximo líder de todo, Fidel Castro, que durante décadas compitió en poder y elevación con el Supremo.
El llamado síndrome de Hubris (del griego hybris, para describir al adicto al poder que rezuma soberbia y arrogancia) no ha hecho excepciones con el bolsillo en nuestra geografía. En Nicaragua, una de las naciones más pobres de la región, el excomandante guerrillero y hoy gobernante Daniel Ortega es según el diario Hoy de Ecuador uno de los mayores adinerados top secret de América Latina.
En Venezuela, el inefable Hugo Chávez, quien de presidente decía que ser rico era malo, habría dejado de herencia a su familia, de acuerdo con la oposición, una fortuna en bienes, joyas y dinero superior a los $500 millones. Y su delfín, Nicolás Maduro, iría por igual camino. Todos se cortan su estampa de faraones con la misma tijera, aunque no erijan pirámides; lo que no impide que ya tengamos a dos de ellos, Kirchner y Chávez, embalsamados; para que haya quien venere sus momias, o las sufra, a perpetuidad.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de agosto de 2015, 4:31 p. m. with the headline "Los nuevos faraones."