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Opinión

Arzobispo Wenski: En Pascua, sentimos el miedo de los indocumentados en nuestra comunidad

EL MIERCOLES de ceniza la semana pasada, el arzobispo Thomas Wenski aplicó sus oraciones a los fieles en la Iglesia de St. Anthony en Fort Lauderdale.
EL MIERCOLES de ceniza la semana pasada, el arzobispo Thomas Wenski aplicó sus oraciones a los fieles en la Iglesia de St. Anthony en Fort Lauderdale. jiglesias@miamiherald.com

Hoy celebramos el Domingo de Pascua, aunque es cierto que aún caminamos por el sendero de la cruz.

La continua guerra de desgaste en Ucrania y la violencia del conflicto entre Israel y Hamás siguen causando gran ansiedad, al igual que situaciones más cercanas a casa.

A menudo recuerdo a las personas que aquí en el sur de Florida estamos rodeados por “islas” de dolor: Haití, Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Casi todos en el sur de Florida tienen una conexión personal con alguien de uno o más de esos países.

Percibimos la preocupación y la incertidumbre de tantos de nuestros hermanos y hermanas, nuestros vecinos, que hoy viven con miedo y angustia debido a su estatus migratorio.

Ante las amenazas de “deportaciones masivas”, esta comunidad, tan cercana a la experiencia inmigrante, no puede dejar de sentir la ansiedad — el temor del migrante indocumentado o en situación irregular.

“Miedo y ansiedad” describen sin duda a quienes están detenidos en el Centro de Detención de Krome Avenue de ICE, en el suroeste de Miami-Dade, donde celebré dos misas de Pascua el Viernes Santo.

Y a pesar de todo esto — a pesar de tantas razones para el desaliento — hoy el Señor Resucitado nos invita a no tener miedo y a confiar más que nunca en el poder del amor.

Hoy el Señor Resucitado nos invita a no quedarnos hundidos en la desesperación, ni a dejarnos vencer por el miedo o el desánimo que vemos a nuestro alrededor.

La Pascua significa que la vida vence a la muerte, la verdad vence al error y el amor vence al odio. Cristo ha resucitado, y con él, nuestra esperanza ha resucitado también.

“Somos pueblo pascual y ‘Aleluya’ es nuestro canto,” predicaba San Agustín de Hipona durante los tiempos inciertos en los que vivía.

Y añadía: “Cantemos aquí y ahora en esta vida, aunque estemos oprimidos por diversas preocupaciones, para que un día podamos cantarlo en el mundo venidero, cuando seamos liberados de toda ansiedad.”

Los sufrimientos de Cristo no nos eximen de sufrir; pero sus sufrimientos, vistos a la luz de su resurrección, dan sentido y esperanza a los nuestros.

Su resurrección es la garantía de que el mal, el odio y la muerte no tendrán la última palabra en el curso de los acontecimientos humanos. Y así, ni siquiera el sufrimiento puede quitarnos la alegría ante la promesa futura de nuestra propia Resurrección.

Para los católicos, la Pascua es nuestro regreso cada año a nuestro propio bautismo — nuestro propio “paso” o Pascua hacia la vida nueva en Cristo. Pero en el don de la Pascua también están las exigencias de la Pascua: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba,” nos dice San Pablo.

La fe en la pasión, muerte y resurrección de Jesús nos da la fuerza interior para ejercer nuestro compromiso bautismal de vivir, de diferentes maneras, vidas de servicio y significado.

Que la luz del señor ilumine cada rincón de nuestro mundo, de nuestra sociedad y de nuestras vidas.

Que nos ayude a construir comunidades donde reinen la unidad, la justicia y la solidaridad, donde nadie se sienta solo en su sufrimiento, y donde la dignidad humana de todos — incluso de los más vulnerables — sea respetada y protegida sin importar el estatus social, económico o migratorio.

Sí, a pesar de los dolores y sufrimientos que experimentamos en este “valle de lágrimas,” el Aleluya es nuestro canto.

Thomas Wenski es el arzobispo de Miami.

Archbishop Thomas Wenski
Archbishop Thomas Wenski






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