RAMÓN A. MESTRE: Despeñanieto
Enrique Peña Nieto se ha convertido en una especie de chivo expiatorio. Ha dejado de ser “el bombón” de su campaña presidencial, el reformador audaz elogiado en el exterior. El presidente de México no es el único responsable de los males que afligen a su país pero es el principal receptáculo de la ira, las frustraciones y la desilusión justificada de millones de mexicanos.
Así, por ejemplo, inculpan a Peña Nieto por el asesinato salvaje del periodista Rubén Espinoza y cuatro mujeres en el Distrito Federal. Espinoza se había mudado a la Ciudad de México porque temía por su vida en Xalapa, Veracruz, donde trabajaba desde hace varios años. Espinoza era conocido por su talento, su valentía y también porque era uno de los pocos periodistas que en Veracruz se negaba a recibir pagos y regalos, el soborno oficial que compra la sumisión y el silencio de los medios en el estado mexicano más peligroso para el informador honesto. Desde el año 2000 han asesinado 18 periodistas en Veracruz, 14 de ellos durante la administración del actual gobernador, Javier Duarte del Partido Revolucionario Institucional (el PRI, por sus siglas en español), el partido de Peña Nieto. Empleados de Duarte amenazaron más de una vez a Espinoza en Xalapa.
En su informe inicial el procurador del Distrito Federal daba la impresión de que el asesinato y tortura de Espinoza y las cuatro mujeres fue motivado por el robo. Eso no lo cree nadie. ¿Acaso se trata de una torpe jugada cuyo fin es poner distancia entre el aquelarre de Duarte en Veracruz y el crimen de la colonia Narvarte?
Como quiera que sea el asesinato de Espinoza es una patada al hígado de la presidencia de Peña Nieto. Otro horrible recordatorio de la violencia perpetrada en México por la connivencia de delincuentes organizados y políticos hamponiles. De momento Peña Nieto se tiene que calar los desmadres de Duarte. Este adversario del presidente es un tipejo inepto acusado de corrupción, de alianzas con las mafias de su estado, de acosar a la prensa, y, ahora, de vínculos indirectos con la ejecución de Rubén Espinoza y cuatro mujeres.
Según sondeos de opinión realizados por el Grupo Reforma mucho antes del asesinato de Espinoza, Peña Nieto comenzó a transformarse en el chivo expiatorio nacional el año pasado. Su manejo invidente del secuestro y asesinato de 43 estudiantes normalistas en Iguala, el escándalo suscitado por la mansión de la primera dama y el enfriamiento de la economía contribuyen decisivamente a la caída de la popularidad presidencial y levantar el perfil de Peña Nieto como el gran culpable. Sus índices de aprobación más altos coincidieron con la luna de miel pos-electoral y los resultados del Pacto por México, a través del cual el presidente consiguió importantes reformas fiscales, educacionales y petroleras. Asimismo durante la presidencia de Peña Nieto el índice de homicidios se había reducido (16 por cada 100,000 habitantes en 2014 frente a los 24 por 100,000 en 2011, el último año de la presidencia de Felipe Calderón). Aunque estos datos podrían ser un reflejo de la consolidación definitiva del Cartel de Sinaloa como la mafia más poderosa del país. Tras su victoria, los hombres de Joaquín “el Chapo” Guzmán ya no tienen necesidad de matar a tantos rivales.
En efecto, se desprende de estos sondeos que la fuga de “El Chapo”es el hecho que más acelera el deterioro de la imagen de Peña Nieto. Con razón. El caso de El Chapo pone de manifiesto los fracasos, las contradicciones y la podredumbre de elementos del equipo de seguridad nacional de Peña Nieto. Este equipo se ha vanagloriado de sus éxitos decapitando mafias –un jefe de los Zetas, La Tuta, el propio Guzmán– pero ha sido incapaz de reconocer que le está cortando cabezas a la imponente Hidra de Lerna en que se ha convertido el narcotráfico mexicano.
En su último mensaje de Año Nuevo Peña Nieto afirmó que el “primer eje” de su gobierno, sería “trabajar a fin de liberar a la nación de la criminalidad, la corrupción y la impunidad.” Para la mayoría de los mexicanos las palabras del presidente son expresiones de una retórica hueca y mendaz. La fuga de El Chapo les demuestra que el Cartel de Sinaloa tiene penetrado a este gobierno, al igual que a los dos gobiernos anteriores, y que se sospecha que la administración de Peña Nieto ha hecho un pacto con la mafia de Guzmán que institucionaliza aún más la criminalidad, la corrupción y la impunidad en México. No hay expiación posible para semejantes pecados.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de agosto de 2015, 5:59 p. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: Despeñanieto."