Congresista Salazar: Mi nombre no debe figurar en la carta sobre la crisis migratoria en Miami-Dade | Opinión
La semana pasada, Mike Fernández, el ejecutivo de salud de Miami, escribió un artículo de opinión en el Miami Herald titulado “Carta abierta a la delegación de Miami-Dade”, dirigido a mí, entre otros. Era una carta llena de pasión, pero de pocos hechos.
Aclaremos las cosas.
Fernández dice que necesitamos una nueva estrategia migratoria basada en la valentía. Estoy de acuerdo. Por eso redacté la Ley Dignidad, la primera solución migratoria presentada en más de una década.
Mi Ley de Dignidad defiende a los vulnerables con compasión, ofreciendo a los inmigrantes trabajadores la oportunidad de salir de las sombras, obtener un estatus legal y vivir con dignidad. Es la única propuesta de reforma migratoria seria sobre la mesa, y también protege a los venezolanos con Estatus de Protección Temporal (TPS), algo por lo que he luchado mucho antes de que Donald Trump regresara a la Casa Blanca.
En su momento, casi uno de cada 10 congresistas, republicanos y demócratas, apoyó mi proyecto de ley, incluyendo el respaldo del Caucus bipartidista de Solucionadores de Problemas, la Cámara de Comercio de EEUU y muchos otros.
¿Uno de mis respaldos favoritos? El del propio Fernández.
No esperé a que alguien actuara; lideré. Para eso me eligieron los ciudadanos del sur de Florida. Lo redacté y lo llevé personalmente hasta las puertas de los demócratas. Y no me detuve ahí. Soy la principal republicana en proyectos como la Ley del Sueño y la Promesa Americana, la Ley de Familias Estadounidenses Unidas y la Ley de Ajuste Venezolano, leyes diseñadas para proteger a las familias y a quienes huyen de regímenes brutales.
Estas acciones son todo lo opuesto al “silencio”. Y cualquiera que realmente quiera una reforma migratoria lo reconoce.
Esto no es política; es un patrón.
Los demócratas han prometido una reforma migratoria durante décadas, incluso cuando controlaban por completo Washington D.C. y cuando el cambio estaba a su alcance; solo para terminar olvidando a los trabajadores que han pasado toda su vida en un limbo en sectores como la agricultura y la construcción.
Biden prometió medidas migratorias en sus primeros 100 días. No cumplió. La expresidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, tenía el control total. No movió un dedo. Ni una votación. Ni una audiencia. Ni siquiera una conversación sobre la Ley Dignidad. En lugar de soluciones, nos dieron una frontera abierta, el mayor daño para quienes esperaban pacientemente, empujándolos al final de la fila una vez más.
Biden mandó el mensaje de que Estados Unidos estaba abierto, pero luego dejó a millones en un limbo legal a través de sus programas temporales y procesos fallidos.
He luchado para ayudar a las familias cubanas separadas por la I-220A. Reuní evidencia, miré a los ojos al entonces secretario del Departamento de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas, dos veces, y le pedí ayuda a través de cartas, llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos. Aun así, nada cambió.
Una simple orden ejecutiva habría solucionado esto, pero, una vez más, cuando los demócratas tuvieron la oportunidad de hacer lo correcto, no lo hicieron.
Cuando la administración Trump heredó esta crisis, yo actué. Usé mi conocimiento sobre nuestras comunidades para explicar sus matices. Acudí directamente a Trump para apoyar el programa de parole para Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela (CHNV) y proteger a los beneficiarios del TPS. Envié cartas oficiales, sostuve reuniones y presioné al Departamento de Seguridad Nacional para frenar las deportaciones hasta que cada caso fuera escuchado. Y cuando una joven estudiante de enfermería, Laura, fue detenida, intervine y logré su liberación.
Fernández y yo compartimos algo profundamente personal: nuestras familias huyeron de la tiranía de Fidel Castro.
Eso no solo marca tu política; te marca el alma y crea un deber. Por eso he dedicado todo mi tiempo en el Congreso a luchar por quienes buscan la misma libertad que nuestras familias encontraron.Y cuando alguien que entiende ese legado cuestiona mi compromiso con los inmigrantes, lo tomo muy personal.
Yo no pertenezco en ninguna carta que me acuse de inacción. He estado en el campo de batalla desde el Congreso, dispuesta a asumir riesgos políticos y liderar la lucha.
Invito a Fernández a que se una a mí. Que respalde mi Ley de Dignidad, que amplifique mi voz.
Tenemos más en común que lo que nos divide.
Ambos creemos en ayudar a los oprimidos. Ambos creemos que este país debería ser un faro para quienes huyen de la crueldad. Y ambos conocemos el precio del silencio. No estoy aquí para ganar puntos.
Estoy aquí porque creo que Dios me ha llamado a servir. Mientras tenga aliento y una plataforma, usaré mi voz para hablar por los que no la tienen y seguiré luchando por nuestra comunidad.
Avancemos, juntos.
María Elvira Salazar, republicana de Miami, representa al Distrito Congresional 27 de Florida.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de abril de 2025, 10:26 a. m..