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León XIV, un Papa con alma mestiza | Opinión

EL PAPA León XIV, el cardenal Robert Prevost, saluda a los miles de fieles que se congregaron en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano.
EL PAPA León XIV, el cardenal Robert Prevost, saluda a los miles de fieles que se congregaron en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano. Xinhua/Sipa USA

Habemus Papam.

La muchedumbre en la plaza de San Pedro vivió el momento del anuncio como los niños que esperan ansiosos la llegada de los Reyes Magos.

Después del ritual de la fumata blanca y la aparición de unas gaviotas en la chimenea de la Capilla Sixtina —que, según la leyenda, son un indicio de buenos augurios—, todo era expectación por que saliera al balcón el sucesor de Bergoglio.

Las apuestas resaltaban las especulaciones de los últimos días: ¿saldría del cónclave un nuevo líder de la Iglesia suscrito a la corriente de Francisco o más escorado al ala conservadora de la curia romana? Cierto o no, los vaticanistas han explotado esta disyuntiva como si se tratara de un reflejo de las propias votaciones en la atmósfera polarizada de la actual geopolítica.

Finalmente se asomó el elegido: el cardenal Robert Francis Prevost Martínez.Se trata del primer Papa estadounidense, pero sus apellidos evidencian su ascendencia inmigrante, pues su padre es de origen franco-italiano y su madre, de origen español.

El Papa León XIV nació en Chicago pero sus abuelos maternos, Joseph N. Martínez y Louise Baquie, se casaron el Nuevo Orleans en 1887. Sus bisabuelos maternos también vivieron y murieron en Luisiana. Los registros indican que Martínez figuraba originalmente como haitiano, aunque documentos posteriores a veces citaban a la República Dominicana o Malta.

Además, por la cantidad de años que Prevost —cuyo nombre para su pontificado es León XIV— vivió en Perú como misionero de la orden de los agustinos, su arraigo es más latinoamericano que del país donde nació, concretamente en Chicago. Tanto es así que, hace unos años, al frente de la diócesis de Chiclayo, acabó por hacerse ciudadano peruano. O sea, tiene doble nacionalidad porque su corazón y su alma son mestizos.

Al igual que el difunto Francisco, León XIV es un defensor de los derechos de los migrantes. En su trabajo de campo en Perú se familiarizó con los pobres que buscan el camino de la emigración hacia el Norte en busca de una vida mejor. Sin duda, su mensaje en este apartado despierta mucha curiosidad en un momento en el que, en su país de nacimiento, gobierna un presidente con una agresiva agenda antinmigración.

En el mes de febrero, cuando, es de suponer, Prevost no podía atisbar que sería el Papa número 267, una cuenta en redes sociales bajo su nombre se hacía eco de respuestas al vicepresidente JD Vance, uno de los máximos impulsores de medidas draconianas contra el flujo migratorio.

Resulta que Vance, supuestamente un hombre piadoso, recurrió a unas palabras de San Agustín para reforzar su política, al señalar que el teólogo latino hacía hincapié en que primero hay que amar al círculo más cercano, luego a la comunidad, y después al resto del mundo. O sea, una interpretación muy libre de las reflexiones de uno de los máximos exponentes del pensamiento cristiano.

Aparentemente, el religioso retuiteó opiniones contrarias a la postura de Vance: “Jesús no nos pide que prioricemos nuestro amor a los demás.” Un cruce de impresiones que ahora cobra relevancia, además del dramatismo añadido de que una de las últimas personas que vio Bergoglio antes de fallecer fue el vicepresidente estadounidense, en una audiencia que les concedieron a él y a su familia.

En cuanto se supo que el nuevo pontífice es compatriota suyo, el presidente Donald Trump lo felicitó, expresando que es “un gran honor” que sea estadounidense, tal vez con la mente puesta en su lema nacionalista Make America Great Again.

Sólo el tiempo dirá si León XIV se librará de los comentarios peyorativos que el republicano suele repartir a quienes se atreven a no darle la razón. Es demasiado pronto para saber si el Papa recién electo optará por la discreción o no tendrá reparos en criticar a los jefes de Estado que, según sus preceptos, no se muestran compasivos con los más necesitados de la Tierra.

En su primera alocución, Prevost ha indicado su deseo de “tender puentes”.

No hace falta ser Papa para clamar al cielo.

© FIRMAS PRESSTwitter: @ginamontaner



Gina Montaner presenta la crónica íntima de la trayectoria sin retorno de su padre Carlos Alberto Montaner, con el trasfondo de la eutanasia.
Gina Montaner presenta la crónica íntima de la trayectoria sin retorno de su padre Carlos Alberto Montaner, con el trasfondo de la eutanasia. Cortesía




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