EDUARDO J. PADRÓN: De milenios y meriendas
El verano, con sus altas temperaturas, tiende a disiparnos, lo confieso en el mejor sentido del término, sobre todo en Miami, donde el mar, con sus encantos, siempre es una certidumbre cercana e inevitable. Los turistas nos siguen visitando, sin diferenciar mucho las llamadas temporadas “altas” o “bajas”, pues todos quieren disfrutar un pedazo de nuestro paraíso, en cualquier momento del año.
Las responsabilidades, sin embargo, no dejan de estar absolutamente vigentes y el 24 de agosto comienza el curso académico 2015-2016 y volvemos a remontar la gran aventura que para mí sigue siendo el inicio de la esperanza de muchas personas.
Sin ánimo de ser proselitista, les recomiendo que se alisten temprano ya sea en persona u online, si es que quieren tener la oportunidad de elegir horarios y días específicos para sus clases.
Reflexionando de tal modo sobre nuestros encantos naturales y lo que significa preparar adecuadamente el talento profesional local, tropiezo con el interesante comentario de un ejecutivo de Wall Street, Steven Rattner, quien suele escribir en The New York Times, donde sugiere que le estamos haciendo muy difícil la vida a la activa y conectada generación de los llamados milenios, que son aquellas personas con edades que van de 18 a 34 años.
Por un momento me dije ¿traigo a colación a los lectores estas consideraciones? ¿O les llamo la atención sobre un estudio, sumamente interesante, que coloca a los Estados Unidos como “Snack Nation” o, al decir de nuestros padres, “la nación merienda”? Sobre todo, considerando el aumento de peso u obesidad que suelen conllevar estas seductoras y mínimas comidas.
Para el especialista financiero, resulta paradójico constatar que la generación más educada de la historia de esta nación, se vea limitada en obtener los beneficios de esa preparación por razones que están fuera de su control como son la crisis y luego la lentitud de la recuperación económica, los altos índices de desempleo, los sueldos que no crecen y los préstamos estudiantiles que luego tardan años en ser pagados.
Hay una afirmación inquietante en el comentario: “La universidad se ha vuelto menos asequible al mismo tiempo que resulta mucho más necesaria. Desde 1993, los gastos de matrícula han aumentado en un 234 por ciento”.
Es impostergable cambiar estas tendencias. La economía de la avaricia tiene que ceder, de alguna manera, a la del sentido común. Aquella que hizo grande esta nación, para lo cual es necesario invertir, desde el nivel federal hacia abajo, en educación, infraestructura, investigaciones y desarrollo en general, como advierte el especialista, quien termina sus consideraciones con una frase que parece salida de nuestra filosofía en Miami Dade College: “Proveamos oportunidades de educación universitaria menos caras a las nuevas generaciones”.
Y volvemos al punto original. No obstante la suerte de paliza que la recesión económica les ha propinado a los milenios, aquellos que obtuvieron un diploma universitario han salido más airosos de la crisis.
Pero ya que estamos en pleno verano termino con algunos apuntes sobre el estudio que habla del consumo desaforado de snacks en los Estados Unidos. En mi adolescencia, era la consabida merienda que iba entre comidas, mientras hoy se trata de una industria billonaria que no solo se manifiesta en los supermercados de comida, sino hasta en las tiendas de ropa.
¿El consejo? Tratar de buscar los snacks más sanos, con más proteínas y menor porcentaje de calorías. Como todo en la vida de este mundo globalizado que irremediablemente debemos vivir, la más acertada decisión personal contribuirá de manera esencial a nuestro bienestar.
Presidente del Miami Dade College.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de agosto de 2015, 0:17 p. m. with the headline "EDUARDO J. PADRÓN: De milenios y meriendas."