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Las cooperativas: una clave del crecimiento económico en Miami y América Latina | Opinión

UN HOMBRE trabaja clasificando cocos que serán utilizados para elaboración de aceite o productos alimenticios, en la cooperativa El Jobal en la Isla Espíritu Santo, El Salvador.
UN HOMBRE trabaja clasificando cocos que serán utilizados para elaboración de aceite o productos alimenticios, en la cooperativa El Jobal en la Isla Espíritu Santo, El Salvador. Agencia EFE

En todo Estados Unidos, las cooperativas han desempeñado un papel clave en el desarrollo económico rural: impulsando negocios locales, brindando servicios esenciales y fomentando la resiliencia comunitaria.

No se equivoquen: este modelo de propiedad compartida y gobernanza democrática no solo sostiene comunidades en EEUU, sino que también está transformando cada vez más las economías de América Latina.

En EEUU, las cooperativas están profundamente integradas en el tejido económico: las cooperativas eléctricas rurales atienden a más de 42 millones de personas, cubriendo el 56% del territorio nacional; las cooperativas de ahorro y crédito sirven a más de 135 millones de socios y gestionan activos por un total de $2.2 billones.

Las cooperativas agrícolas permiten a los pequeños productores competir en mercados globales, incluso en tiempos de inestabilidad en las cadenas de suministro y riesgos climáticos.

Pero este modelo también está ganando terreno rápidamente en América Latina, donde las presiones económicas y la desigualdad social siguen generando inestabilidad.

Según la Alianza Cooperativa Internacional, las cooperativas en la región han contribuido a reducir la desigualdad de ingresos, mejorar la inclusión financiera y fortalecer la resiliencia local.

Un estudio regional de 2023 reveló que los miembros de cooperativas en América Central y del Sur experimentan un aumento del 45-60% en los ingresos familiares y tienen entre un 10 y un 15% menos probabilidades de migrar en busca de mejores oportunidades un factor clave para la estabilidad regional.

En Honduras y Perú, las cooperativas agrícolas están empoderando a pequeños productores para acceder a mercados de exportación y negociar mejores precios.

En Perú, por ejemplo, cooperativas cafetaleras como Cenfrocafé representan a más de 2,000 pequeños productores y han aumentado los ingresos de los agricultores hasta en un 40%, al tiempo que promueven la sostenibilidad ambiental.

En Ecuador, las cooperativas financieras están transformando el acceso al capital: en 2024, casi el 30% de la población adulta utiliza cooperativas como su principal institución financiera. Estas organizaciones son especialmente importantes para mujeres y emprendedores indígenas, sectores frecuentemente excluidos del sistema bancario tradicional.

Y no hay lugar donde la conexión entre América del Norte y América Latina sea más tangible que en Miami: una ciudad en la encrucijada del comercio hemisférico, la diplomacia y la innovación, sede de cooperativas como Florida’s Natural y Catalyst Miami.

Como la ‘puerta de entrada a América Latina’, Miami cumple un rol vital al conectar empresas cooperativas en todo el continente.

Hogar de importantes bancos de desarrollo internacionales, misiones comerciales y comunidades de la diáspora con fuertes raíces en el Caribe, Centro y Sudamérica, Miami está estratégicamente posicionada como un centro de inversión cooperativa, intercambio de conocimiento y colaboración regional. En años recientes, instituciones locales como universidades, cámaras de comercio y ONG de desarrollo han fortalecido alianzas con cooperativas latinoamericanas para fomentar el emprendimiento, el desarrollo de capacidades y las finanzas inclusivas.

Con más del 70% de su población identificándose como hispana o latina, y muchos con vínculos familiares o comerciales con América Latina, Miami ofrece un terreno fértil para lanzar iniciativas piloto y escalar innovaciones cooperativas que reflejen la conectividad cultural y regional.

Pero en todo Estados Unidos, la evidencia es contundente: las cooperativas no son soluciones marginales. Son motores poderosos de crecimiento económico y participación democrática. Escalar el modelo cooperativo en América Latina al nivel que tiene en EEUU podría ser transformador.

El Banco Mundial estima que si tan solo un 10% más de las comunidades rurales de la región adoptaran modelos cooperativos, se podrían generar $50 billones adicionales en PIB regional durante la próxima década, y reducir las tasas de pobreza hasta en un 8%.

En la Asociación Nacional de Empresas Cooperativas (CLUSA) en Washington, DC, estamos comprometidos con expandir la empresa cooperativa en todo el hemisferio occidental.

Al invertir en este modelo probado, no solo apoyamos a emprendedores individuales estamos cultivando economías resilientes e inclusivas capaces de resistir futuras crisis y brindar prosperidad compartida.

De cara al futuro, el mensaje es claro. Las cooperativas ya han demostrado su capacidad para fortalecer las zonas rurales de Estados Unidos. Y con ciudades como Miami actuando como catalizadores y conectores, podemos empoderar a comunidades en toda América con las mismas herramientas de propiedad, agencia y oportunidad económica.

La pregunta no es si las cooperativas funcionan sino qué tan rápido podemos escalarlas para responder a las necesidades de las próximas generaciones.

Doug O’Brien es presidente de la Asociación Nacional de Empresas Cooperativas (CLUSA)

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de mayo de 2025, 6:04 a. m..

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