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El breve galanteo de Trump y Musk | Opinión

ELON MUSK y Donald Trump compartieron durante un tiempo una relación simbiótica basada en poder, dinero e intereses comunes.
ELON MUSK y Donald Trump compartieron durante un tiempo una relación simbiótica basada en poder, dinero e intereses comunes. EFE

Si algo tienen en común Donald Trump y Elon Musk es que ambos son billonarios (el segundo gana por goleada como el hombre más rico del mundo) y poseen egos que habitan en la peligrosa zona del narcisismo.

Son dos factores que contribuyeron a la atracción mutua, sobre todo en lo concerniente a los réditos que cada uno podía sacar.

El actual presidente de Estados Unidos contó con las donaciones que el empresario tecnológico contribuyó para su campaña electoral y, a cambio, Musk consiguió estar a su vera en la Casa Blanca, mientras sus negocios se beneficiaban del trato de favor por parte del mandatario.

Pero el galanteo entre ambos ha perdido fuelle de manera acelerada. Ciertamente, desde que el creador de los autos eléctricos Tesla comenzó a aparecer en mítines del gabinete, en los que era evidente que su presencia chirriaba, se especuló sobre cuánto podía durar esa fascinación entre dos individuos imprevisibles.

Aquellos que apostaron a que sería breve ganan la partida.

Musk acaba anunciar que el viernes dejo sus funciones como empleado especial a cargo de recortar drásticamente el gobierno federal. Lo hace después de despedir de la noche a la mañana a cientos de funcionarios y eliminar de un plumazo importantes programas de ayudas y asistencia.

En febrero participó en la Conferencia de Acción Política Conservadora (un cónclave de la ultraderecha), y en aquel encuentro el presidente argentino Javier Milei, otro fanático de los recortes draconianos, le regaló una motosierra —símbolo de los libertarios radicales— para celebrar la escabechina que muy pronto el estadounidense presidiría. Fue dicho y hecho, aunque en las cortes del país avanzan demandas por despidos que son inconstitucionales.

Pero la aventura de Musk — que en el camino deja a desempleados con familias que sostener y alquileres o hipotecas que pagar— llega a su fin, en gran medida, por los continuos choques con el entorno de Trump.

El empresario tiene sentimientos encontrados. Por un lado, en su frenesí por desmochar el Estado, ha manifestado su descontento ante una ley de gasto doméstico impulsada por los republicanos que, a su juicio, contribuye al enorme déficit presupuestario, lo cual desoye el cometido de la motosierra, figurada y real. En su red social, X, ha comentado que está “decepcionado”.

Además, está contrariado porque algunas acciones del mandatario dañan sus intereses económicos, como la guerra arancelaria que ha emprendido —una polémica batalla comercial que incide en los propios negocios globales de Musk—; al magnate también le molesta que su exjefe, en su reciente visita a las monarquías del Golfo Pérsico, firmara acuerdos comerciales de los que no puede sacar tajada.

Por ejemplo, Trump cerró un acuerdo en Emiratos Árabes con una compañía de Inteligencia Artificial que compite con las que dirige Musk. Ni corto ni perezoso, se ha lamentado de que lo hayan dejado fuera del juego.

Al ver que le pisan su callo, el billonario vuelve a su lucrativo paraíso tecnológico pues, según ha afirmado, lo descuidó demasiado (o sea, ha perdido millones) por dedicarse a servir a los intereses del trumpismo, que —al menos durante un rato— fueron los suyos también.

Basta recordar a Trump exhibiendo un Tesla y anunciando que los autos de su nuevo amigo formarían parte de la flota de vehículos en la Casa Blanca. Un anuncio en toda regla, patrocinado nada menos que por el presidente de los Estados Unidos.

Pero la imagen de Musk —ya algo dañada por su comportamiento errático y esos gestos con el brazo alzado que se parecen demasiado al ominoso saludo nazi— se vio afectada por una administración que también peca de volátil y cuya popularidad ha menguado desde que Trump recuperó el poder.

A Musk le sobra fortuna para recuperar lo que ha perdido en ventas y volver a sus planes de conquistar el espacio con su negocio de cohetes y entregarse a procrear hijos (tiene al menos catorce con diversas mujeres) en su afán pronatalista, preocupado por la supuesta llegada del “apocalipsis”, porque también es un tecno-catastrofista.

En cuanto a Trump, se benefició mientras le convinieron los aportes de su acaudalado amigo. A ambos les trae sin cuidado la suerte de los empleados que despidieron sin fundamento alguno, echando mano del truco (gimmick) de la motosierra.

Trump y Musk, tal para cual, hasta que —parafraseando el famoso tema que cantaba Rocío Jurado— se les rompieron los intereses de tanto usarlos.

©FIRMAS PRESS X: @ginamontaner

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de mayo de 2025, 8:53 a. m..

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