En el Día de la Independencia, recordemos por qué defendemos la libertad | Opinión
Cada 4 de julio, los estadounidenses celebramos la libertad, la independencia y los derechos individuales. Son valores que damos por sentados, pero que en muchos países —como Cuba— siguen siendo peligrosamente inalcanzables.
La fábula del alacrán y la rana ilustra una verdad esencial: algunas naturalezas no pueden cambiar. El alacrán pide a la rana que lo cruce por el río y promete no picarla, porque ambos morirían. Pero a mitad del trayecto, la pica. La rana, moribunda, pregunta por qué. El alacrán responde: “No lo puedo evitar. Es mi naturaleza.”
El régimen cubano es ese alacrán. Aun cuando la lógica o el beneficio político indiquen otra cosa, actúa según su naturaleza totalitaria: reprime, censura, excluye.
Hace años me recordó esta fábula el analista político Eugenio Yáñez mientras analizábamos la conducta del gobierno cubano denegando visas a diversos dignatarios de alto nivel que esperaban viajar a Cuba a recibir un premio democrático con el nombre del difunto opositor Osvaldo Payá. El premio sería entregado en Cuba por la Red de Jóvenes Latinoamericanos por la Democracia en la vivienda de Rosa María Payá Acevedo, hija de Osvaldo Payá.
El premiado e invitado de honor era Luis Almagro, entonces Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Entre los dignatarios invitados estaban también Patricia Alwyn, exministra de Educación de Chile e hija del fallecido Presidente Patricio Alwyn, premiado póstumamente, el expresidente mexicano Felipe Calderón, y el exembajador de la República Checa ante Estados Unidos y la ONU, Martin Palous.
A ellos, y otros más, les negó la entrada el gobierno cubano, considerando la visita una inaceptable provocación anticubana. La acción del gobierno cubano generó numerosas protestas de figuras públicas en toda la región.
El día anterior, en mi conversación con Yáñez, él predijo correctamente que el gobierno cubano prohibiría la entrada de los dignatarios independientemente de los costos políticos: “No lo permitirán. No está en su naturaleza. El alacrán clava el aguijón aunque le cueste la vida.”
Durante años he dicho lo mismo. Muchas políticas, como la del presidente Barack Obama hacia Cuba, fallaron porque asumían que el régimen cubano reaccionaría de forma racional, como se hace en la política estadounidense, calculando costos y beneficios. Pero eso no aplica en Cuba. No está en la naturaleza del gobierno castrista hacer concesiones ideológicas. Raúl Castro ha dejado claro que el sistema no va a cambiar.
Algunos dicen que levantar las sanciones económicas ayudaría a que Cuba adoptara políticas más razonables. Pero eso no ocurrirá. El régimen no responde a incentivos normales. No está en su naturaleza.
Quienes proponen terminar las sanciones económicas a Cuba, por ejemplo, señalan que esa acción estimularía al gobierno cubano a adoptar políticas más racionales. No las adoptaría. No está en su naturaleza.
Esperaban que el restablecimiento de relaciones diplomáticas motivara al a Raúl Castro, a quien consideraban más pragmático que su hermano Fidel, a reducir la represión y quizás facilitar reformas económicas. No lo ha hecho. No está en su naturaleza.
Esta última demostración de la intransigencia del gobierno cubano debería refutar cualquier noción de que pudieran tener éxito políticas que busquen cambiar la naturaleza del régimen. Prohibiendo la entrada al Secretario General Almagro y los otros dignatarios, el gobierno cubano incurrió en significativos costos políticos entre muchos de sus más ardientes partidarios en América Latina. Pero no podía hacerlo diferente. No está en su naturaleza.
A menudo nuestros fallos de política exterior, particularmente tratando con regímenes patrocinando ideologías totalitarias, como Corea del Norte, Irán o Cuba, tienen sus raíces en nuestra visión americana del mundo, que no logra entender la naturaleza de esos regímenes.
No reconocemos que los mismos se sostienen por sus ideologías totalitarias, que requieren antipatía contra la libertad, y una generalizada violación de los derechos naturales de la ciudadanía.
Este fin de semana, mientras celebramos el Día de la Independencia, vale la pena recordar que la libertad no es la norma universal. Regímenes como el cubano, el iraní o el norcoreano existen porque anteponen el control ideológico a los derechos humanos.
Nuestro deber como país libre es seguir defendiendo esos principios, dentro y fuera de nuestras fronteras, y nunca olvidar lo que está en juego.
Porque nosotros, a diferencia del alacrán, sí podemos elegir actuar conforme a nuestros valores.
El ultimo libro de José Azel es “Sobre la Libertad”