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Opinión

PEDRO CAVIEDES: La prudencia y el pánico


Varias personas pasan junto a un establecimiento de cambio de divisas en Hong Kong. El gobierno chino devaluó el yuan el martes pasado.
Varias personas pasan junto a un establecimiento de cambio de divisas en Hong Kong. El gobierno chino devaluó el yuan el martes pasado. Bloomberg

El martes la República de China decidió devaluar su moneda, el yuan, frente al dólar, disparando un pánico que se reflejó en los principales mercados bursátiles del planeta. La razón, esto era la demostración de que la economía del gigante asiático se encuentra en peores condiciones de lo calculado, y con la devaluación conseguían darle un impulso a su poderosa industria exportadora, que recibiría más dólares por la venta de sus productos, que a su vez verían una reducción en su precio en los mercados internacionales. La medida, coincidieron los analistas, podía ser el inicio de una guerra de monedas, con consecuencias imprevisibles.

Pero la sorpresa fue mayor el miércoles, cuando se anunció otra tanda de devaluación. Sin embargo, comenzaron a escucharse otros análisis, que se enfocaban en diferentes razones por las que Beijing está adoptando estas medidas. Una era que, permitiendo que su moneda se devalúe bajo las leyes del mercado, estarían cumpliendo uno de los requisitos del Fondo Monetario Internacional, para añadir el yuan a la canasta de cuatro monedas en las pueden adquirir reservas el resto de países: el dólar, el euro, el yen y la libra.

El jueves, pese a otra tanda de devaluación, los mercados se estabilizaron, debido a que el gobierno chino anunció que con el 4.4% devaluado, daban por finalizado el ciclo. Pero más allá de este anuncio, otro factor consiguió que el jueves repuntaran de nuevo los principales índices de las bolsas. Debido a la decisión del gobierno de Xi Jinping, lo más seguro es que la FED no aumente las tasas de interés para septiembre, que era a lo que apostaban todos los analistas y gurús económicos. Para la hora que escribo esta columna el viernes, tal parece que la calma ha retornado.

Los mercados parecen tener vida propia. Una vida que va mucho más allá de las calculadoras, las chequeras y las decisiones políticas, y que pasa también, en gran proporción, por la psicología. La vida de los mercados late en el instinto de supervivencia de los seres humanos que los componen. Un instinto que puede ser muy peligroso para el bienestar de la humanidad, pero al parecer solo en la medida en que los gobiernos no mantengan la cabeza fría, y se dejen desbordar por el pánico colectivo. De los gobiernos también parte la responsabilidad de tener en cuenta que cada decisión tomada, cambiará la visión panorámica del ajedrez geopolítico, cuyo rey no es otro que la economía.

¿Qué habría sucedido si el mismo martes, ante el primer anuncio de devaluación, el presidente Obama hubiese saltado a dar una rueda de prensa en la que atacaba al gobierno chino? ¿No se habría presentado un pánico mucho peor, este sí con posibles consecuencias graves para la economía mundial? ¿No se habría generado una tensión prematura e innecesaria entre dos de las más poderosas potencias del planeta?

Un gobierno prudente siempre conseguirá mejores resultados para su pueblo, que un gobierno impulsivo y reaccionario. Un gobierno que sepa que a cada paso dado se puede estar descuidando una ficha básica para el futuro desarrollo del juego, siempre estará por encima de los que obran sin ver el tablero completo y mantener un panorama claro de lo que cada decisión representa para el futuro.

Me parece que este es uno de los elementos fundamentales a tener en cuenta, ahora que comienzan a exponerse los candidatos a nuevo inquilino de la Casa Blanca.

www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de agosto de 2015, 0:13 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: La prudencia y el pánico."

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