Un mes después de su apertura, Alligator Alcatraz debe ser cerrado | Opinión
Las arbitrariedades contra los inmigrantes confinados en el ya tristemente célebre centro de detención de la Florida, conocido como Alligator Alcatraz, parecen tan interminables como los humedales de los Everglades en los que se ha construido la polémica instalación.
Un mes después de su apertura en julio 1, los detenidos, sus familiares y sus abogados han denunciado en numerosas ocasiones violaciones de los derechos humanos de los inmigrantes encerrados en el centro floridano.
Las unidades donde viven parecen jaulas; el lugar está plagado de mosquitos y otros insectos; el recinto es insalubre y está hacinado; hay escasez de alimentos, y no se da tratamiento médico a quienes padecen enfermedades crónicas. También han denunciado que todo el tiempo se proyectan luces fluorescentes sobre los recluidos.
Alligator Alcatraz forma parte de esa campaña agresiva para aterrorizar a los inmigrantes del presidente Donald Trump y el Gov. Ron DeSantis. El proposito es hacer que muchos regresen a sus países natales y ha creado un clima de terror entre la comunidad inmigrante de Estados Unidos. Los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) utilizan la perfilación racial en sus operaciones, y en las redadas también han sido detenidas —por error, han afirmado las autoridades— personas que tienen estancia legal en el país.
Líderes de otros países también están denunciando el centro de detención. En Alligator Alcatraz hay 14 mexicanos detenidos. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, exigió que los 14 sean deportados inmediatamente a su país y dijo que su gobierno trata de determinar si los mexicanos detenidos sufren violaciones de sus derechos humanos, con el fin de apoyar a sus familiares para presentar las denuncias pertinentes.
Lo mismo debe exigirse para los detenidos en ese centro infame e insalubre, construido sobre una pista de aterrizaje en medio de pantanos plagados de caimanes, en un ambiente de calor insoportable y vulnerable a inundaciones imprevistas.
El hecho de que miles de personas en todo el país sean tratadas de manera abusiva —y que algunos detenidos ni siquiera estén en una situación migratoria irregular— es intolerable. Y es, además, un aviso de lo que podemos esperar de un gobierno que no duda en sembrar el pánico entre inmigrantes indocumentados, y también entre muchos con estancia legal, especialmente los que son de origen hispano. La pregunta es: ¿cuál será el próximo atropello?
Un mes de Alligator Alcatraz es más que suficiente. Debemos exigir que el infausto centro sea cerrado y que se atienda a los inmigrantes indocumentados caso por caso, con humanidad y respeto a sus derechos, no que se les confine en una cárcel pavorosa en medio de los Everglades. [FIRMAS PRESS]
Andrés Hernández Alende es un escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso y La espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones, y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del COVID-19.