El sistema totalitario cubano es enemigo mortal de Estados Unidos | Opinión
Tal vez el gobierno de Estados Unidos junto a ciertos políticos, dirigentes sociales, religiosos, académicos y periodistas se convenzan de una vez por todas de que los que mandan en Cuba odian con fervor religioso todo lo que encarna este país.
Periódicamente, en esta poderosa nación surge un influyente comedor de pecados que se identifica con gobiernos tiránicos y asume la defensa de gobernantes que violan de forma permanente los derechos de sus ciudadanos.
Uno de los regímenes más beneficiados por estos sujetos con un profundo sentido de culpa —que equivocadamente consideran a su país responsable de todos los males que acontecen en el mundo— ha sido la dictadura castrista, siendo el expresidente Barack Obama el mejor aliado que ha tenido en la Casa Blanca.
El expresidente a su embajadora ante Naciones Unidas, Samantha Power, que se abstuviera en la votación que todos los años se efectúa en ese organismo sobre el embargo estadounidense a Cuba. La alta funcionaria —es prudente recordarlo— dijo que Washington cambiaría su política hacia Cuba porque “fracasó en lograr su meta de aislar a Cuba y más bien aisló a Estados Unidos”, una afirmación completamente falsa.
En mi opinion, Obama y Power no comprenden o no quieren entender que el problema del totalitarismo caribeño es que repudia el capitalismo que concibe la libertad como un bien fundamental y que respeta el disfrute de los derechos ciudadanos.
Por el contrario, valoran positivamente el capitalismo de Estado, caracterizado por su rígido control social.
El estado totalitario cubano actúa en base a las convicciones y motivos de sus líderes fundadores, entre los que se destacó por su perversidad Fidel Castro, que nunca dejó de profesar hacia esta nación los sentimientos más negativos.
Muchos han olvidado que el sátrapa isleño, en plena Sierra Maestra y antes del triunfo de la insurrección, le dijo a su cómplice Celia Sánchez: “Al ver los cohetes que tiraron en casa de Mario, me he jurado que los americanos van a pagar bien caro lo que están haciendo.
Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy cuenta de que ese va a ser mi destino verdadero”.
En su odio a este país involucró a un importante fragmento del pueblo cubano que fue seducido por sus delirios de grandeza y falsas promesas de hacer de Cuba un país mejor con progreso para todos.
Muchos, en la isla, asumieron de buena fe la propuesta y al percatarse de que todo era un fraude la abandonaron y lucharon contra lo que habían ayudado a construir. Otros se dejaron manipular por las falsedades del tirano, proveyendo al sistema impuesto en la mayor de las Antillas de un ejército de imbéciles, porque es imposible seguir calificándolos de tontos útiles.
Los regímenes de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia son aliados de Rusia, Irán y China, por tanto se deben considerar bastiones del enemigo en nuestro hemisferio y actuar en consecuencia.
Descuidarse ante jenízaros como Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Evo Morales y Raúl Castro, más otros que harían esta lista demasiado extensa, es ser cómplice de criminales.
Esta nación, por los valores que sintetiza, tiene enemigos permanentes que trascienden lo político, como el crimen organizado y el narcotráfico, para los que ha instrumentado legislaciones que sostienen políticas de Estado para combatirlos.
Un mandato similar debe establecerse para enfrentar proyectos políticos que se nutren regularmente de facinerosos que asumen la misión social como instrumento para manipular a la ciudadanía y enriquecerse, dificultando así el surgimiento de “redentores” que ayuden al enemigo.
Pedro Corzo es un periodista que vive en Miami.