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La obsesión de los dictadores por la eternidad | Opinión

LOS DICTADORES: El presidente de Rusia, Vladimir Putin, el presidente de China, Xi Jinping, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un llegaron juntos esta semana a la tribuna de honor instalada en la plaza de Tiananmen de Pekín, poco antes del inicio del desfile militar con el que China conmemora el 80º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.
LOS DICTADORES: El presidente de Rusia, Vladimir Putin, el presidente de China, Xi Jinping, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un llegaron juntos esta semana a la tribuna de honor instalada en la plaza de Tiananmen de Pekín, poco antes del inicio del desfile militar con el que China conmemora el 80º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial. TNS

Merece la pena analizar las imágenes del desfile militar celebrado hace unos días en China.

En medio del boato y la espectacularidad coreografiada al milímetro, el dictador chino Xi Jinping recibió con todos los honores a otros dos déspotas: el presidente ruso Vladimir Putin y su homólogo de Corea del Norte, Kim Jong-Un.

A este trío lo acompañaban mandatarios como Aleksandr Lukashenko, el gobernante de Bielorrusia conocido como “el carnicero” por su sistemático abuso de los derechos humanos. La reunión en Pekín fue una exhibición del poderío armamentístico del gigante asiático, con un mensaje claro: China compite por las riendas de la geopolítica y tiene socios dispuestos a alinearse frente a Estados Unidos.

Lo irónico, por no decir preocupante, es que mientras Donald Trump sigue mostrando su debilidad por Putin, el ruso está verdaderamente aliado con el régimen chino, que le provee la ayuda necesaria para continuar atacando a Ucrania.

Es innegable la sincronía entre los tres sátrapas que compartieron abrazos y confidencias en un despliegue marcial digno de una superproducción bélica. Su mensaje fue claro: si el trumpismo pretende erigirse como sheriff global, ellos levantan un bloque económico y nuclear.

La cumbre de Pekín no fue solo un desfile de armas y discursos vacíos. Fue también la confirmación de que los autócratas buscan proyectar la imagen de un nuevo orden mundial en el que la fuerza sustituye al derecho y la intimidación reemplaza la diplomacia.

En sus discursos, hablaron de paz y diálogo, pero sus acciones revelan crímenes de guerra, represión interna y ambiciones imperialistas que amenazan con desestabilizar aún más el planeta.

De todo este encuentro, lo más revelador fue una conversación entre Putin y Xi captada por un micrófono abierto. En un intercambio que creían privado, hablaron con entusiasmo sobre los avances científicos que permitirían vivir hasta 150 años. Ambos superan los 70 y se percibe la angustia de su propia mortalidad, la misma que frustra sus deseos de gobernar “por los siglos de los siglos.”

Putin llegó a comentar: “Gracias a la biotecnología, los órganos humanos podrán ser trasplantados constantemente.” El diálogo parecía sacado de una película de ciencia ficción, pero mostraba una realidad inquietante: la obsesión de estos líderes no es solo aferrarse al poder político, sino también vencer el límite más implacable de todos, la biología.

La historia demuestra que ningún imperio ni dictador es eterno, aunque lo pretendan. Los autócratas pueden manipular elecciones, silenciar disidentes y exhibir desfiles de misiles, pero tarde o temprano caen.

La verdadera inmortalidad, la que ningún tirano alcanzará, se encuentra en la memoria de los pueblos que resisten y en los valores universales de libertad y justicia que terminan imponiéndose: X: @ginamontaner

Gina Montaner
Gina Montaner Cortesía
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