Orlando Viera-Blanco: Petróleo, democracia y ruptura | Opinión
La afirmación de Donald Trump según la cual Venezuela debe “recuperar su petróleo” ha sido interpretada de forma literal y maliciosa por sectores de la prensa internacional, particularmente aquellos alineados con narrativas ideológicas que reducen la geopolítica energética a un supuesto afán colonial.
Esa lectura es equivocada y conceptualmente deshonesta. Trump no ha reivindicado soberanía sobre el subsuelo venezolano ni ha planteado una apropiación forzada de recursos. Lo que ha señalado -con su estilo directo y poco diplomático- es una ruptura histórica en la relación energética natural entre Venezuela y Estados Unidos.
Durante gran parte del siglo XX, Venezuela fue un proveedor confiable de petróleo para EEUU, enmarcado en un sistema democrático, institucional y profesional. El petróleo venezolano fluía hacia su mercado natural bajo reglas claras, contratos respetados y beneficios mutuos. Esa relación no implicó subordinación ni saqueo, sino comercio legítimo, pago justo e integración energética. La anomalía no fue esa relación, sino su quiebre posterior.
Algunos medios han sugerido que Trump alude a despojos derivados de la nacionalización petrolera de 1976. Esa afirmación ignora los hechos históricos. La nacionalización venezolana fue un proceso técnico, negociado y jurídicamente ordenado. Venezuela compensó a las concesionarias, respetó contratos y creó PDVSA como una corporación estatal moderna. Como subraya Daniel Yergin, fue uno de los pocos países que logró nacionalizar sin destruir eficiencia ni expulsar capital. Durante décadas, PDVSA fue una de las petroleras mejor administradas del mundo.
Entre 1958 y 1998, el petróleo fue el pilar material de la democracia venezolana. Financió educación, infraestructura e industrialización, dentro de un sistema imperfecto pero institucionalizado. El problema no fue la renta petrolera, como explica Terry Lynn Karl, sino su manejo político posterior. Bajo la democracia, el petróleo no fue un botín ideológico, sino una herramienta de políticas públicas.
La relación energética con EEUU fue ejemplar. Incluso en momentos de tensión diplomática, Venezuela nunca utilizó el petróleo como arma política. La adquisición de CITGO entre 1986 y 1990 fue una decisión estratégica de integración vertical: aseguró acceso directo al mayor mercado energético del mundo y protegió a PDVSA frente a ciclos de precios. Fue una política racional, estudiada y exitosa.
El quiebre ocurre a partir de 1999. Hugo Chávez politizó PDVSA, expulsó a su capital humano, subordinó la empresa a un proyecto ideológico y convirtió el petróleo en instrumento geopolítico. Se rompieron contratos, se expropió sin indemnización y se desató una avalancha de arbitrajes internacionales que hoy amenazan el principal activo externo del país: CITGO. La hipoteca ilegal a los bonistas 2020 y la garantía otorgada a Rosneft sellaron el desastre.
No fue la nacionalización lo que destruyó a Venezuela, sino la demolición de las instituciones que la hicieron viable. Antes de Chávez, Venezuela era un país petrolero serio, predecible y respetado. Después, el petróleo pasó de ser industria a arma política: subsidios ideológicos, alianzas con regímenes autoritarios y una corrupción sistémica que vació la tesorería nacional.
Trump no necesita el petróleo venezolano. EEUU es hoy una potencia energética autosuficiente. El verdadero objetivo estratégico no es apropiarse del crudo, sino despolitizarlo: impedir que siga siendo usado como instrumento de chantaje geopolítico y financiamiento de regímenes hostiles a la democracia liberal.
Reescribir esta historia como una “guerra por el petróleo” es un error analítico. No se trata de barriles ni de conquista, sino de orden, legalidad y restitución de una relación energética racional. La historia es inequívoca: el colapso no lo produjo Washington, sino la ideologización del petróleo.
Y como advertía Hannah Arendt, la mentira organizada termina destruyendo nuestra capacidad de distinguir la verdad de la falsedad.
Orlando Viera-Blanco fue Embajador de Venezuela en Canadá, vierablanco@gmail.com, @ovierablanco