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Jorge Ramos: Después de Venezuela, ¿sigue Cuba? | Opinión

El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel deposita flores en las tumbas de algunos de los 32 soldados cubanos muertos durante la incursión estadounidense en Venezuela, durante su funeral en el cementerio de Colón en La Habana el 16 de enero de 2026.
El gobernante cubano Miguel Díaz-Canel deposita flores en las tumbas de algunos de los 32 soldados cubanos muertos durante la incursión estadounidense en Venezuela, durante su funeral en el cementerio de Colón en La Habana el 16 de enero de 2026. AFP via Getty Images

Algo raro; hacía frío en La Habana. Pero miles marchaban a paso lento frente a la embajada de Estados Unidos para protestar por la muerte de 32 cubanos durante la operación militar estadounidense en que se capturó al dictador venezolano, Nicolás Maduro, en Caracas. Y la pregunta de muchos era si Cuba sería el siguiente país invadido por Estados Unidos con esta nueva doctrina de las Américas para Trump.

“Nuestros bravos combatientes, con armas convencionales y sin más chalecos que su moral y su lealtad al compromiso con la misión que cumplían, pelearon hasta morir y golpearon a sus adversarios”, aseguró el dictador cubano, Miguel Díaz-Canel en una de las dos ceremonias en recuerdo a los cubanos que protegían a Maduro y a su esposa, Cilia Flores.

“Honor y Gloria” decían los carteles frente al nombre de cada uno de los soldados cubanos muertos. Sus cenizas, enviadas desde Caracas, descansaban sobre unos pedestales. Estas escenas fúnebres contrastaban con las festivas declaraciones de Estados Unidos de que no había perdido ni un soldado y ni un helicóptero en la intervención militar del 3 de enero.

Sospecho que ese mismo equipo de guardaespaldas cubanos fue el que nos confiscó las cámaras, las cintas de video y nos arrestó luego de entrevistar a Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores en el 2019.

Yo viajaba con dos productoras cubanas y ellas inmediatamente detectaron el acento de sus compatriotas que, al darse cuenta de que los habían descubierto, dejaron de hablar. Pero, hasta ahora, nunca se había confirmado que militares de Cuba protegían al tirano venezolano, quizás a cambio de petróleo venezolano y de mantener una alianza internacional.

Tras la captura de Maduro, en una apurada conferencia de prensa en la Casa Blanca, Trump le dio la palabra a su secretario de estado, el cubanoamericano Marco Rubio. “Cuba es un desastre”, dijo Rubio. “Está gobernada por unos hombres viejos e incompetentes. Su economía ha colapsado totalmente… Si yo estuviera en La Habana y trabajara en el gobierno, estaría preocupado. Al menos un poquito”.

El objetivo de Rubio siempre ha sido liberar a Cuba de su dictadura. Sus padres llegaron legalmente de Cuba en 1956, tres años antes de que Fidel Castro tomara el poder. Ya en el exilio de Miami, como cuenta Rubio en su libro “Un Hijo Americano”, la familia siempre profesó una postura anticastrista. El rechazo de Rubio hacia la tiranía cubana es tan conocido que cuando apareció un comentario en la red X diciendo que Marco algún día sería “presidente de Cuba”, Trump contestó: “Eso me suena bien”.

Debido a que el régimen de Venezuela se ha convertido en un protectorado de Estados Unidos, y ha perdido su autonomía y su capacidad de tomar decisiones independientes, Cuba ya ha dejado de recibir petróleo venezolano. Esto pone a la economía cubana en una posición muy vulnerable.

Y hay fuertes presiones para que México también deje de enviar petróleo a la dictadura cubana. Durante años varios gobiernos mexicanos han ayudado económica y políticamente a la isla. Pero no hay transparencia sobre cuántos barriles y a qué precio. O si han sido donados.

Una de las grandes contradicciones de los presidentes de MORENA —Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum— ha sido el defender la democracia para los mexicanos pero no para los cubanos.

Hoy, todavía, siguen apoyando abiertamente a la dictadura de Cuba, aunque ahí haya prisioneros políticos, asesinatos de opositores, brutal censura, fuerte represión y no existan elecciones multipartidistas desde hace 67 años. AMLO y Sheinbaum están cegados por el castrismo y nunca han entendido que es criminal y violatorio de los derechos humanos.

“¿Cuándo se le preguntó al pueblo de México si queríamos donarle nuestro petróleo a una dictadura?”, denunció hace poco el senador opositor Ricardo Anaya. “No se le está ayudando al pueblo de Cuba; se le está ayudando a los líderes de la dictadura para mantenerse en el poder”.

La expansión del trumpismo por América Latina está dividiendo al continente. Apoyándolo están los presidentes de Argentina, El Salvador, Perú, Ecuador y los mandatarios recién elegidos en Honduras y Chile, mientras que la firme oposición la conforman los líderes de México, Brasil y Colombia. Cuba, claramente, ha ido perdiendo aliados.

El dictador Díaz-Canel y su camarilla de represores oyen pasos. La realidad es que el bloqueo económico de Estados Unidos no puede ser una excusa o una justificación para una dictadura de seis décadas.

En un raro intercambio de bravuconadas en redes sociales, Trump le pidió a Cuba que llegue “a un acuerdo, antes que sea demasiado tarde”, a lo que el gobernante cubano respondió que “Cuba es una nación libre, independiente y soberana, y nadie le dicta qué hacer”.

Después de Venezuela ¿sigue Cuba?

“Aunque las intenciones de Trump no son claras, es obvio que el régimen cubano está ahora inusualmente vulnerable”, concluyó hace poco la respetada revista The Economist. “Es imposible descartar totalmente la posibilidad de que Estados Unidos pudiera utilizar fuerza militar (en Cuba)”.

No estoy de acuerdo con una invasión de Estados Unidos a Cuba, como no lo estuve con la intervención militar en Venezuela. Va en contra de todas las leyes internacionales y de la carta de Naciones Unidas. Pero sí estoy de acuerdo con una política de “máxima presión” internacional para que la dictadura de Cuba se rompa por dentro y sean los cubanos, y solo los cubanos, los que decidan su futuro.

Ya es hora.

Jorge Ramos es un inmigrante, escritor y periodista independiente. Tiene dos podcasts en YouTube (Así Veo Las Cosas y The Moment). Por 38 años fue presentador del Noticiero Univision.

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