ROBERTO CASÍN: El fenómeno Trump
La gente se siente defraudada por los políticos. Está harta. Y Donald Trump no es uno de ellos. De ahí su inesperada popularidad electoral y la de otros dos bisoños en estas lides: Ben Carson y Carly Fiorina, a quienes saca ventaja por aquello de Poderoso Caballero, su don para el espectáculo y el aparatoso despliegue de los medios de prensa, algunos de los cuales lo han llegado a tildar de tarado, excéntrico, encopetado, y de otros atributos más, lo que paradójicamente en vez de restarle público se lo ha sumado. Todo cuando aún restan meses para que arranquen las primarias estatales que deben allanar el camino al candidato que finalmente nominará cada partido en su respectiva convención nacional. De modo que cualquier conclusión es todavía prematura, aunque tela ya hay de sobra por donde cortar.
El asunto es que Donald Trump ha dicho verdades que algunos quisieran decir pero no se atreven a hacerlo de manera tan ríspida y directa para no crearse adversarios, para no enajenarse determinados sectores de la población con poder de voto. También ha hecho públicas apreciaciones atropelladas, algunas ofensivas, que muy pocos quieren escuchar, o al menos no oírlas a trumpadas. Pero él es él, y ya aseguró que no va a moderar el tono de sus declaraciones porque un problema adicional que tiene el país es su doble discurso (y cara), la adhesión a lo “políticamente correcto”. O sea, al lo digo así, hipócritamente, aunque lo crea asá y después lo haga como más me convenga.
Lo patético de algunas de esas verdades es irrefutable. Que la política inmigratoria ha sido un desastre (no hay duda); que el sistema tributario está viciado y los estadounidenses sedientos de buen empleo (de Perogrullo); que en Irak nos metimos en un problema de otros creídos de que era nuestro (con consecuencias horrorosas). Y que los donantes que catapultan con su dinero a los políticos se sobrentiende que los tienen luego en un puño (lo que dicho por quien ha estado del otro lado de la barrera dando billetes con la imagen de Franklin y luego pidiendo a cambio favores, es un zarpazo letal que deja malherido al más inocentón de los funcionarios electos o en trámite).
A favor suyo cuenta que no necesita el dinero de otros para hacerse escuchar por el electorado porque le sobra el suyo. En buena medida su popularidad es atractiva porque le importan un bledo las repercusiones que puedan tener sus palabras y promete poner patas arriba al país, que anda muy mal. Su punto flaco es que muchas de las propuestas que ha esbozado hasta ahora no pasan del gran revolú. Y algunas son escabrosas y hasta heréticas, como la de abolir el ius soli (todo el que nace aquí es por derecho estadounidense), que equivale a modificar la Constitución. ¿Cómo pretende parar en seco las políticas monetarias de China que tanto han dañado la economía de EEUU? Nadie lo sabe. Tampoco cómo podrá reparar los sistemas de seguridad social y atención médica, elevar el presupuesto militar y a la vez reducir los impuestos y la descomunal deuda nacional. Ni cómo podrá deportar a 11 millones de inmigrantes indocumentados. “Vamos a mantener las familias unidas”, ha dicho. Pero los ilegales “tienen que irse”. A todas luces un despropósito por demás impracticable.
El caso es que con Trump no funcionan las reglas convencionales. Una razón más para que quienes lo ven con recelo sigan teniéndoselo. Por ejemplo, en 2008, la demócrata Hillary Clinton fue duramente criticada por alquilar un helicóptero para viajar a la feria de Iowa a promover su candidatura. Este año fue en un vehículo todoterreno, modestamente zorra. Siguiéndole los pasos, él aterrizó en cambio sin asomo de tribulación en su helicóptero de $7 millones, en medio del alborozo de la multitud. El quid radica en que los políticos ponen cara de póker para ocultar las cartas que llevan en la manga. Él dice lo que piensa, demoledoramente, sin rodeos ni disimulo. Eso a algunos les gusta. A otros les asusta, y mucho, con razón. Sin embargo, el huracán Donald sigue ganando fuerza contra todos los pronósticos de los eruditos. Las aguas frías de sus críticos en vez de debilitarlo parecen robustecerlo. ¿Cuánto tiempo más? Eso nadie lo sabe. Ni él.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de agosto de 2015, 0:16 p. m. with the headline "ROBERTO CASÍN: El fenómeno Trump."