SABINA COVO: Miami, nuestra corrupción e indiferencia
Esta semana me encontré a un colega de NTN, una cadena de televisión internacional por cable de RCN Televisión de Colombia, cubriendo el anuncio de la alcaldía y la policía de Sweetwater, de corrupción en la policía de esa ciudad. Diecinueve armas confiscadas perdidas, narcóticos, recibos perdidos, el FBI involucrado, y la unidad anticorrupción de Miami Dade encima de la pesquisa. Le pregunté por qué estaba cubriendo Sweetwater, un lugar tan pequeño como noticia internacional y me dijo algo como: “Sabina, una ciudad de Estados Unidos en el que se pierda del mismo cuarto de evidencia, la evidencia”. Me quedó sonando. Tiene razón. Es noticia internacional.
Claramente nos hemos dado cuenta de que Miami no es el único lugar corrupto del país, y que no es corrupto porque la mayoría somos hispanos, aunque desafortunadamente para algunos es así. Hay quienes piensan (no sé si con fundamento) que la corrupción de muchos hispanos vino de Italia, o de España. Y que el inglés, por ejemplo, era mucho más correcto y estricto y eso explicaría mucho que se vea gran corrupción en Latinoamérica, y entonces, Miami no sería excepción si está lleno de latinoamericanos. Pero es una hipótesis débil, aunque algo de cierto puede que tenga.
Miami es la capital del fraude al Medicare, la capital del fraude por robo de identidad, robo de impuestos, y así sigue la lista, hasta la capital del robo a la exención del homestead de las viviendas. Las “marañas están por doquier”. También es la ciudad en la que se pierden narcóticos, que dicen algunos, podrían ser vendidos por los mismos que imponían la ley en su momento. O la que de repente tiene armas en las calles confiscadas de la policía, desaparecida por los mismos funcionarios de un departamento. Con razón que en otros países de Latinoamérica, se preguntan si Miami está en Estados Unidos, o si más bien es una extensión de Sudamérica, de Colombia, o Venezuela. Yo me ofendo al escuchar eso, porque no es un “absoluto”. Pero a veces cuando defiendo a Miami, y pasan estas cosas, me quedo sin argumento.
La mayoría de nuestros agentes de policía (y cuando digo Miami me refiero al Sur de la Florida) son honestos, cumplen con lograr arrestos cuando hay crímenes, y defienden nuestras comunidades. La mayoría de nuestros políticos, yo (que cubro la política lo digo) pienso que son honestos. Pero cuando hay casos de corrupción, un solo incidente, empaña al resto.
Somos una sociedad muy moralista. No solo en Miami, en EEUU nos escandalizamos cuando algún político tiene un amante (en Latinoamérica no le prestan atención), o cuando dos parejas del mismo sexo se casan, o cuando alguien tiene una fe diferente. Pero no nos escandalizamos cuando nos roban de nuestros impuestos con mala administración, o mala gestión policial u otra. Y ojo porque escandalizarse no significa hacer un comentario alarmante solamente, significa castigar con el voto, y de verdad exigir que haya seguridad en nuestras entidades públicas. Pero la abstinencia al voto aquí en Miami Dade o la falta de presencia en comités públicos de la gente también deja mucho que desear.
La indiferencia del pueblo facilita la corrupción pública. Si no queremos que digan que Miami es una “república bananera” en la que además pasa que cuando hay una elección las malas o buenas (no lo sé) lenguas dicen que compran elecciones, debemos dejar la indiferencia. Por lo menos yo, no sé ustedes, quiero que nuestros niños crezcan en una ciudad llena de oportunidades, y de que las hay aquí, las hay, lo que hay es que cuidarlas.
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Esta historia fue publicada originalmente el 22 de agosto de 2015, 0:57 p. m. with the headline "SABINA COVO: Miami, nuestra corrupción e indiferencia."