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Opinión

MARÍA CLARA OSPINA: Lo bueno, lo malo y lo feo de Trump

La campaña de Donald Trump para la presidencia de Estados Unidos tiene de todo: algo bueno, algo malo y algo muy feo.

Este millonario, encantador para unos y detestable para otros, irrumpió en la contienda republicana con la fuerza de un toro, resuelto a ganarse la plaza con su bravura.

Sin lugar a dudas despertó una arena política adormilada por lo que se perfilaba como una contienda entre dos representantes de dinastías políticas, algo que no planteaba ningún cambio, los mismos con las mismas. ¡Qué aburrido y poco dinámico!

Por los republicanos, los Bush proponían a Jeb Bush, exgobernador de la Florida. Por los demócratas, Hillary Clinton, ex senadora, ex secretaria de Estado y Primera Dama, tenía casi asegurada la nominación de su partido.

Ahora, para sorpresa de todos los que hace dos meses no daban un centavo por la candidatura de Trump, las cosas han cambiado aceleradamente y con seguridad cambiarán más aún. El discurso descarado del millonario, sin pelos en la boca, ha gustado al punto que hoy encabeza la intención de voto republicana.

Los demás candidatos republicanos, inclusive Bush, no han sabido cómo responder a su arrolladora presencia y descaro, y cada día pierden más terreno. Del lado demócrata también hay silencio porque la inseguridad que causa un candidato que monopoliza los medios como lo hace Trump es intimidante.

Es buena esta sacudida a la política estadounidense. El nuevo candidato ha imprimido vitalidad al proceso electoral. Hoy, todos, hasta los indiferentes a la política, observan el show que Trump hace en cada una de sus presentaciones.

Aplauden cuando insiste en que no recibirá dineros de grupos de intereses especiales, pues puede autofinanciarse, de manera que no tendrá que pagar favores de campaña. Tampoco esquivará temas tabú, pues el discurso “políticamente correcto” le importa un bledo. Dice lo que nadie se atreve a decir, pero que, como estamos viendo, importa mucho a muchos. En su discurso, cuando Trump baja de tono y explica calmadamente sus propuestas, se pueden encontrar algunas ideas (no muchas) interesantes para el país.

Lo malo, lo verdaderamente feo de este candidato, son esas embestidas, ese discurso incendiario que utiliza para hacerse notar y conquistar los medios sin tener en cuenta la estela de odio que dejan sus palabras. Odio que una vez aflora es difícil de contener. Su agresividad contra los mexicanos, los indocumentados, las mujeres, han alborotado muchos avisperos.

Aunque una vez que logra su objetivo de cautivar los medios y la atención del electorado, Trump recula y modera su tono, explicando sus planteamientos de manera que parecen más sensatos, lo dicho originalmente queda en el ambiente y puede causar mucho mal.

Algo parecido ocurrió con el discurso de Hugo Chávez y ya sabemos a dónde ha llevado a Venezuela y, guardadas las proporciones, también ocurrió con la verborrea de Hitler que, aunque nadie lo pensó al comienzo, llevó a la II Guerra Mundial y al holocausto judío.

Las palabras son un arma peligrosa, algo que sería bueno que Donald Trump, precandidato a la presidencia del país más poderoso del mundo, tuviera en cuenta.

Esta historia fue publicada originalmente el 24 de agosto de 2015, 0:54 p. m. with the headline "MARÍA CLARA OSPINA: Lo bueno, lo malo y lo feo de Trump."

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