BENJAMÍN F. DEYURRE: Trump y los hispanos
Parece algo muy venerable el hecho de querer defender al país en el cual uno nace y vive.
Pareciera que cada vez más los viajeros extranjeros llegan para quedarse. Da la impresión que tendremos que mantenerlos a todos eternamente, los que ya viven aquí y los que faltan por llegar. Estos y otros comentarios se tejen sobre los inmigrantes. Pero lo que no se comenta con amplitud son los beneficios que los inmigrantes aportan a la economía estadounidense; por el contrario, lo que está ahora en el tope de las noticias precisamente es la posición antiinmigrante adoptada por Donald Trump.
En último debate entre los candidatos a la primaria republicana, Trump fue la estrella fulgurante y desde entonces sigue al frente de las encuestas para esos comicios. Entre sus brillantes ideas, propone la expulsión de los inmigrantes ilegales y el no reconocimiento de la ciudadanía norteamericana a los hijos de estos nacidos en EEUU.
Trump también aceptó el hecho de haberse declarado en bancarrota cuatro veces y sin reparos afirma que “eso lo hacen todos porque hay que saber aprovechar las debilidades del sistema” y además “yo siempre tengo dinero”.
Increíblemente, ese desparpajo es lo que lo hace atractivo a los votantes, junto con otras declaraciones consideradas no políticamente correctas.
Sucede que Trump está explotando un filón que ningún candidato anterior se había aventurado a tocar; despertar ese nacionalismo escondido y reprimido por décadas en los americanos de más pura cepa, al parecer le está rindiendo frutos, por ahora.
Desde luego, hay muchas objeciones que contrarrestan a Trump. Por ejemplo, nos imaginamos qué hubiera pasado si a los descendientes de los 17 padres fundadores de esta gran nación americana (todos inmigrantes) les hubieran negado la ciudadanía.
Desde 1990 al 2000, los inmigrantes registraron el doble de patentes que los nacidos aquí. Si los hubiéramos deportado, ¿estuviera EEUU encabezando la tecnología mundial?
El DREAM ACT (que suponía un camino a la ciudadanía para aquellos que arribaron a suelo americano antes de cumplir 16 años), de haberse aprobado federalmente, hubiera reducido el déficit fiscal en $1.4 billones e incrementado los ingresos gubernamentales en $2.3 billones, según un estudio de la Universidad de California. El mismo estudio señala que los estudiantes del DREAM ACT hubieran generado durante sus carreras un ingreso bruto de entre $1.4 y $3.6 trillones. ¿Parece lógico deportar a estos estudiantes después de haberse formado en EEUU?
Las propuestas de Trump no solamente son insensatas sino además son un exabrupto. La mejor forma de procesar a once millones de inmigrantes es integrarlos al proceso de producción.
Por años he sugerido que estos inmigrantes colaboren con las empresas norteamericanas que se relocalicen en territorio nacional. Para compensarlos por su colaboración y para respetar las leyes vigentes, ellos recibirían un bono mensual canjeable (no salario) que les permitiría subsistir por cinco años cuando podrían solicitar la residencia permanente. De esta forma mataríamos dos pájaros de un tiro: la inmigración ilegal y el desempleo. Solo hace falta voluntad política y verdadero patriotismo para lograrlo, no solo de negocios vive el hombre.
Respecto a los inmigrantes que están por llegar, obviamente hace falta una reforma inmigratoria integral que contemple una especie de tratado de libre inmigración.
Cuando se hacen tratados inmigratorios, varios estudios han demostrado que el libre movimiento de personas entre países afines generalmente contribuye a una mayor prosperidad, cuando ese movimiento es controlado.
Se estima que el Tratado Transpacífico (TPP) entre 12 países, fuertemente respaldado por la administración demócrata y por la mayoría republicana, contemplará estas condiciones inmigratorias cuando finalmente sea aprobado.
Finalmente, es importante destacar algo que el candidato Trump conoce perfectamente. En EEUU se calcula que hay 16 millones de inmigrantes, muchos de ellos con familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo norteamericanos. Eso tiene un efecto multiplicador importante, lo que en definitiva tiene una gran influencia en cualquier elección. En consecuencia, no creemos que ningún candidato opuesto a ellos tenga la más mínima oportunidad de ser electo.
Y entre los hispanos que hemos sido acogidos en este gran país, creemos que existe un enorme desprecio hacia Trump; el mismo que él siente por nosotros.
Economista y periodista.
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de agosto de 2015, 1:45 p. m. with the headline "BENJAMÍN F. DEYURRE: Trump y los hispanos."