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Opinión

EDUARDO M. BARRIOS: Un misterio llamado Francisco


El Papa Francisco saluda a los fieles al llegar a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el 26 de agosto, para su audiencia general semanal.
El Papa Francisco saluda a los fieles al llegar a la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el 26 de agosto, para su audiencia general semanal. AP

A muchos el Papa Francisco les resulta fascinante. Otros, sobre todo quienes observan la Iglesia desde fuera, lo encuentran desconcertante. No lo entienden.

Como ejemplo de incomprensión puede señalarse la columna aparecida en estas páginas el pasado 26 de agosto bajo el título La Iglesia, el Papa Francisco y Cuba, de José Azel.

El prolífico autor escribe: “En términos políticos, el Papa Francisco encabeza un estado autoritario, una teocracia oligárquica, donde sólo la aristocracia, los Príncipes del Colegio de Cardenales, participan en la selección del soberano”.

No conviene enfocar la Iglesia “en términos políticos”, pues el Estado Ciudad del Vaticano no pertenece a su esencia. Si Italia cometiese la locura de expulsar al Papa, matando así la gallina de los huevos de oro del turismo, la Santa Sede podría funcionar desde cualquier otro lugar. Ya sucedió cuando los Papas vivieron en Avignon, Francia. Además, se llega a Papa sin candidatos ni campañas políticas.

Eso de “autoritario” no refleja la misión que Jesús encomendó a Pedro y sus sucesores. Los Papas se refieren a su potestad como “servicio petrino”, que ejercen con mesura y contando con numerosos asesores.

Si por “teocracia” se entiende gobierno directo de Dios o que el Papa se crea Dios, eso carece de fundamento. Si, por el contrario, se quiere decir que tanto al Romano Pontífice como a cualquier buen cristiano, le interesa hacer la voluntad de Dios, entonces habría que reconocer que el Papa quiere que lo guíe Dios. Por eso le dedica tiempo a su oración personal. En una entrevista dijo que de su espiritualidad ignaciana valoraba mucho el discernimiento de la voluntad de Dios.

Suena rancio referirse a los cardenales como oligarquía y aristocracia. Es un grupo amplio de prelados procedentes de muchos países y de humilde extracción social en su mayoría. Los que rigen arquidiócesis tienen las facultades de cualquier obispo. Los que residen en Roma asesoran al Papa desde diferentes oficinas llamadas dicasterios. Si alguien les dice “príncipes”, se mueren de la risa. Es cierto que como posibles sucesores del Papa, el protocolo diplomático les daba a todos rango de “príncipes herederos”, pero eso ya pasó a la historia.

Los católicos no perciben el gobierno del Papa como opresivo. Pero como nada es perfecto, ahora un pequeño grupo de prelados, cardenales mayormente, están preparando una nueva constitución para el mejor funcionamiento de la Curia Romana.

El columnista se refiere a la “Teología de la Liberación” como si fuese un término unívoco. Hay corrientes de esa teología, contaminadas de marxismo, inaceptables para la Iglesia. Pero otras, como la de Fray Gustavo Gutiérrez, son compatibles con la doctrina católica.

Señala el articulista que tras el castrismo, “la jerarquía católica será acusada por el pueblo”. Todo lo contrario, los obispos, sacerdotes y demás agentes de pastoral de la Iglesia han sido y siguen siendo el mayor paño de lágrimas del sufrido pueblo cubano.

Sacerdote jesuita.

Esta historia fue publicada originalmente el 30 de agosto de 2015, 2:54 p. m. with the headline "EDUARDO M. BARRIOS: Un misterio llamado Francisco."

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