PEDRO CAVIEDES: El Estado para mí solito
Leí esta semana un artículo que se preguntaba cómo era que el Tea Party, que se supone en pro de la reducción del Estado a su mínima expresión, lo que los hace entusiastas de una reducción desmesurada en los impuestos y contradictores de cualquier ayuda del gobierno a la gente, en ámbitos como el de la salud, podía estar a favor de Donald Trump. El artículo proseguía preguntándose si no debía ser el casi desaparecido en las encuestas “libertarian” Rand Paul con quien el Tea Party debía comulgar. Y la pregunta es genuina: Paul es quien aboga por esa reducción drástica del tamaño del gobierno, mientras que Trump, por el contrario, ha dicho estar a favor de que los ricos paguen más impuestos y de que el estado subsidie a las personas que no pueden pagarse un seguro médico.
¿Cómo es que una persona con tales ideas puede ser el preferido del Tea Party? El artículo concluye que por su posición en inmigración, en la que aboga porque se expulse del país a todos los indocumentados, se construya un muro en la frontera subvencionado por un gobierno mexicano bajo la amenaza de quedarse sin remesas y el cambio de la decimocuarta enmienda, que no le entregaría la ciudadanía inmediata a los bebés nacidos en suelo estadounidense. Es decir, no importa que exista un Estado grande, un Estado que incluso ayude a los más necesitados, siempre y cuando éste los favorezca a ellos, solo a ellos, es decir, a la raza que no le corre (no sé desde cuántas generaciones atrás sea el conteo) ni una gota de sangre de extranjero por las venas.
En otras palabras, el Tea Party quiere a los Estados Unidos para ellos. Solo para ellos. Esta sería la explicación por la que uno de sus hijos pródigos, el otrora poderoso representante Eric Cantor, que en tantos aprietos puso al speaker Boehner, perdió su puesto en la Cámara. Cantor dijo estar a favor de la inmigración legal y una amnistía para los millones de indocumentados. Mortal pecado. Su contrincante, David Brat, un completo desconocido, todo lo que necesitó para derrotarlo fue explotar hasta la saciedad esa veta.
El Tea Party adora a un populista. Una persona que les reafirme una condición irreal de seres que se merecen un estatus simplemente por los pigmentos que colorean sus tejidos y por su descendencia. De no ser porque la mayoría en este país todavía son personas sensatas (y considero que entre esa mayoría hay muchísimos republicanos que hoy por hoy callan temerosos de los bramidos de personajes como Trump o Sarah Palin) y conocedoras del bienestar que la inmigración les otorga a las naciones, estaríamos ante el peligro inminente de una sociedad incapaz de soportar lo extranjero, lo diferente. Y soportar lo extranjero, acoger lo diferente, es precisamente una de las principales características de esta nación; no creo que me equivoque si digo que es, además, la que le ha otorgado su grandeza.
Claro, ahora se entiende cómo es que no se abogue por superar medidas tan torpes como aquellas que obligan prácticamente a salir del país a personas que han tenido el privilegio de educarse en las mejores universidades del planeta. Para el asombro y beneplácito de países como China, de repente el Tío Sam ha optado por servirles en bandeja a sus ingenieros, sus científicos, sus matemáticos, y en general su talento al resto del mundo.
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Esta historia fue publicada originalmente el 5 de septiembre de 2015, 0:44 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: El Estado para mí solito."