ARMANDO GONZÁLEZ: Donald Trump y los candidatos republicanos
Para los que seguimos la política a diario, las peripecias de los candidatos republicanos en la campaña presidencial es un tema que requiere atención continua. El número de aspirantes ha llegado a 17 y varios de ellos tienen credenciales de gobierno realmente impresionantes. Otros tienen diferentes credenciales, en el sector privado, pero no en gobiernos municipales o estatales.
Es por eso notable que los tres aspirantes sin record de servicio público son los que han contado hasta ahora con mayor éxito entre los votantes republicanos. Éxito que, hasta ahora, solo puede medirse por encuestas. Especialmente notable es el apoyo a Donald Trump, quien aparece en primer lugar en todas las encuestas publicadas.
Debo confesar que no entiendo claramente el por qué de ese apoyo. No creo que Trump es el mejor aspirante pero las cifras dicen otra cosa.
En mi investigación personal de este fenómeno, he consultado a observadores cuya opinión me ofrece el mayor respeto. Escritores como Ross Kaminsky, Jonah Goldberg, Jeffrey Lord y otros han ofrecido opiniones muy interesantes en las que he basado esta columna.
De acuerdo a las encuestas, lo primero que les gusta a los seguidores de Trump es que él “tells it like it is” (dice cómo es). Y coincido con ellos. Hay algo refrescante en las expresiones de Trump. No es necesariamente candor, aunque muchos así lo interpretan. Yo creo que es un “discurso no filtrado”. Si de algo podemos estar seguros es que Trump no se guía por un consultor político, de los que tanto abundan hoy, para hacer sus declaraciones públicas. A él no le preocupa lo que los editores liberales de The New York Times o The Washington Post piensen de él. Su retórica suena como la del hombre de la calle. Y eso es refrescante. Y yo quisiera que los otros aspirantes imitaran esa práctica.
El opuesto clásico a ese estilo es George H. W. Bush, un hombre profundamente decente, dedicado a servir a su país, que se mostraba poco confortable con las demandas de la era de la televisión. Bush Sr. estaba mejor preparado para la política de eras anteriores donde el candidato no tenía que conectar emocionalmente con millones de televidentes en las salas de sus casas. Eso le era frustrante. En un debate televisado en la campaña de 1992, Bill Clinton, un hombre que podía llorar al momento si le decían a que cámara mirar, Bush estuvo eclipsado. Muchos de los lectores recordarán cómo Bush consultaba su reloj deseando que aquello se acabara. En 1996, Bob Dole pasó por lo mismo y no pudo hacerlo mejor que Bush Sr.
Jeb Bush tiene la misma tendencia. El año pasado él declaró que solamente aspiraría a la presidencia si pudiera hacerlo alegremente (joyfully).El problema es que Jeb es bueno hablando pero no es bueno mostrando. Hasta hoy en su campaña ha desplegado la alegría de un hombre sentado en el salón de espera a que lo llamen para su colonoscopía.
Chris Christie habla de “tell it like it is” y habla tanto de eso que cuando lo dice ya perdió credibilidad.
John Kasich rehusa atacar a Hillary Clinton e insiste que eso es una “táctica”. Ted Cruz, Marco Rubio, Mike Huckabee y Scott Walker no pueden resistir el decirle a sus audiencias la importancia de ser optimistas. ¿Y por qué no tratan de lucir optimistas? Los votantes lo notarán.
Hay muchas razones por las cuales a los aspirantes no-políticos, Trump, Ben Carson y Carly Fiorina, les ha ido mejor que al resto. Y yo apostaría que una de esas razones es que ninguno de ellos se ha tragado el lenguaje de los consultores políticos profesionales. Eso hace que sus expresiones, declaraciones, discursos se mantengan refrescantes. Libres del diccionario político de los consultores que, por exceso de uso, se ha convertido en repetitivo, falto de originalidad, temeroso, aburrido y que busca un camino que no existe para satisfacer a una audiencia cuyo intelecto desestiman. Y eso es una falta de respeto.
Irónicamente, sus audiencias en la campaña se inclinan a apoyarlos pero el voto hay que ganárselo. Y eso solamente se logrará cuando los votantes se sientan atraídos al candidato por su capacidad, experiencia y… porque piensa como yo. Al diablo los consultores y los politiqueros. El grupo de aspirantes republicanos es de primera pero a los votantes hay que ganárselos. Parece mentira que quien está al frente es un payaso fraudulento.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de septiembre de 2015, 4:42 p. m. with the headline "ARMANDO GONZÁLEZ: Donald Trump y los candidatos republicanos."