ROLANDO PÉREZ: Nadie cree en los trucos del presidente de Panamá
Al Presidente de Panamá Juan Carlos Varela le gusta practicar aquello que los magos americanos llaman la “misdirection”. Sencillamente, es la técnica que usa el mago para distraer la atención del público. A través de esa manipulación el mago ejecuta sus trucos e impide que los espectadores detecten sus secretos.
Es uno de los métodos favoritos de Varela. El “truco” principal de su presidencia ha consistido en lanzar una campaña para tapar su incapacidad como gobernante, desviando la atención del país hacia una indiscriminada cacería de brujas contra funcionarios del gobierno anterior, un gobierno en el que, dicho sea de paso, Varela ocupó puestos importantes. Fue vicepresidente y canciller. Ahora quiere hacernos creer que el gobierno no era más que una mafia corrupta. Si es así, ¿será posible que el mismo Varela se esté incriminando pues él fue un miembro privilegiado de ese club y siguió siéndolo aún después de su bronca con el ex presidente Ricardo Martinelli?
Esa bronca explica muchos de los enigmas de la política panameña actual. Varela dice que su bandera es la transparencia, pero en realidad dirige su cacería de brujas movido por una sed de venganza contra Martinelli, su antiguo amigo y aliado. Es una motivación que merece la atención de los mejores psiquiatras panameños. Con su campaña Varela ha mostrado ser un mago a la hora de violar la independencia del poder judicial y del Ministerio Público. En todo esto se ha esmerado amenazando críticos, entre ellos estudiantes universitarios. A otros, como el abogado y periodista Julio Miller, los manda arrestar inventando cargos, siguiendo el ejemplo de gobiernos autoritarios como el cubano y el venezolano.
Asimismo, mientras Varela abusa el poder desatiende las responsabilidades de la presidencia. La necesidad de encarar el desempleo, el déficit, la delincuencia, las obras del Canal. Prefiere ocuparse de la instalación de pinchazos telefónicos ilegales en las oficinas y residencias de los que no comulgan con él, tal y como se informó en este diario hace pocos días. O en esperar hasta el último momento para reaccionar con oportunismo contra un ataque a la libertad. Por ejemplo Juan Bautista Moya, un diputado oficialista, presentó un anteproyecto de ley que viola la libertad de prensa imponiendo restricciones que le hacen más fácil al presidente silenciar a sus críticos. La Sociedad Interamericana de Prensa descubrió la cosa y la denunció. Después que la SIP hizo pública su denuncia, Varela se distanció de la iniciativa. Y la criticó. Qué casualidad. ¿Será posible que Moya presentó la ley sin la autorización previa de su presidente? Espero que la SIP siga monitoreando de cerca el estado de salud de la libertad de prensa en los feudos del señor Varela.
A pesar de sus defectos y de los corruptos en sus filas – ¿qué gobierno no los tiene?– por lo menos durante la presidencia de Martinelli la economía de Panamá creció a un ritmo impresionante y se hicieron obras públicas de envergadura. Qué contraste con la presidencia de Varela, un mandatario que usa sus energías en una cacería de brujas que ha identificado corruptos de verdad pero que más que nada sirve para aumentar el poder del presidente y ocultar su pasado. Mientras tanto Varela se limita a decretar medidas populistas (control de precios, altísimos aranceles que protegen industrias que son propiedad de sus amigos). Y trata de usar la “misdirection” para embaucar al pueblo panameño y a los extranjeros.
Tal vez algunos se han tragado los embustes de Varela. Pero los panameños no se han dejado engañar. Eso explica que los índices de popularidad del presidente están cayendo en picada. Van por el camino que conduce a los bajos fondos de popularidad que se ha ganado Nicolás Maduro, otro abusador del poder.
Profesor de estudios latinoamericanos.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de septiembre de 2015, 3:42 p. m. with the headline "ROLANDO PÉREZ: Nadie cree en los trucos del presidente de Panamá."