ATRÉVETE Y OPINA: Laura D’Ocon: Menos teoría y más práctica
Dejarse ir, dejarse llevar… ¿Qué significa? ¿Suena bien? ¿Es fácil? ¿Por qué muchos afirman que cuando te dejas llevar y fluyes, parece que poco a poco todo se pone en su sitio?
La verdad es que sólo puedo hablar desde mi propia experiencia: Ni es fácil, ni significa que debamos dejar de ser nosotros mismos. Entonces, ¿de qué se trata? Creo que es más bien una decisión que uno toma, no porque nadie se lo haya dicho o impuesto, simplemente es una actitud que la persona, en esta ocasión yo misma, decide que hay algunas cosas de las que creía estar segura y afirmaba que le funcionaban pero en realidad no es así o ya no.
Cuando llega ese momento, uno se da cuenta de que las cosas han cambiado y le toca jugar otro papel si quiere ser feliz. Yo le llamaría “caer en la cuenta”, darse cuenta de que necesita cambiar algo porque ya no le sirve o sencillamente no le hace feliz como antes.
Todo marcha más o menos bien hasta que uno se da cuenta de que no quiere estar más o menos bien, sino que quiere vivir en paz. La transición y la decisión para dar ese paso no es tarea fácil y por supuesto, no es instantánea; pero una vez decides lanzarte, no hay marcha atrás. No hay freno que pueda parar esta transformación que nace y vive en ti, pero que por fin has decidido escuchar.
Muchos hablan de esa voz interior, ese guía, maestro, intuición, sexto sentido… ¿A qué se refieren? Bien pues, no es nada en concreto, ni hay una forma específica de definirlo y lo más importante, no se trata de ningún secreto. Todos podemos y somos capaces de entender y descubrir de qué se trata; pero sólo hay una forma de averiguarlo, y es por uno mismo.
No puedo ser más clara o concreta, lo único que puedo ofrecer es mi honestidad. Yo, como muchas otras personas en este planeta, nos encontramos en momento de transición, de cambio, de dubitación pero a la vez claridad y oportunidad. Así qué no están solos. Es natural no saber que queremos hacer con nuestra vida, incluso hay personas que a los 55 años de edad aún les pasa. Pero hay quiénes caen en la cuenta y deciden buscar otro camino y forma de vivir.
Esas personas aceptan quienes son y dejan las máscaras, los miedos y las dudas a un lado. Esas personas, llamadas valientes, se embarcan en una trayectoria inexplorada, en las que deciden ser protagonistas incondicionales de sus vidas.
Mucha teoría y poca práctica, es uno de los errores más comunes, si se le puede llamar error. Más práctica y menos teoría. Con esto no estoy diciendo, dejen de lado los libros y no se informen de nada. Simplemente digo que si ya han empezado a investigar y caminar hacia la ruta de cómo vivir en paz, van por el buen camino. Ahora sólo es cuestión de ponerlo en práctica.
Yo soy de esas personas a quienes les cuesta mucho dejar el pasado atrás y cerrar puertas. Pero un día caí en la cuenta que no había necesidad de olvidar, pero tampoco tenía que vivir del recuerdo. Así qué decidí hacer cajitas de buenos momentos y recurrir a ellas cuando yo, protagonista de mi propia historia, decidiera que quería abrirlas para recordar.
Decidí abrir ventanas, aceptar el ahora y por supuesto sonreírle al presente. Dejé de resistirme, porque cuando más te impones o rechazas lo que te viene, te vuelve por doble.
La única forma que por momento he encontrado para vivir en paz el día a día –y aún me cuesta trabajo, porque no se trata de un hábito que tenga asentado–, ha sido aceptar como me ven los demás sin dejar que me afecte. Aceptar que hay personas a quienes les podemos gustar más o menos, personas que tendrán envidia y otras con quienes tal vez no volveremos a coincidir. Pero al fin y al cabo, con la que sí que tengo que convivir todos los días de mi vida, es conmigo misma –con nosotros mismos–. Así que un buen día, me senté a hablar conmigo misma, a escucharme y aceptarme.
Evidentemente no todos los días somos completamente felices, pero ¿verdad que tampoco sale el sol todos los días? La vida nos pone retos y circunstancias difíciles y solo nosotros podemos darle la vuelta para buscarle una solución, y si no, siempre hay la opción de al mal tiempo buena cara. Les dejo una pequeña listita práctica y basta de teoría por hoy.
▪ Por la mañana:
Vístete para comerte al mundo y mírate al espejo por unos instantes, y aunque parezca divertido, sonriente di: Soy genial y perfecto tal y como soy, hoy es mi día y voy hacer lo que quiera con él.
▪ Al llegar al colegio, universidad o trabajo:
Voy a darlo todo pase lo que pase y que me digan lo contrario. Enfoca tu trabajo hacia donde tú quieras, por mucho que tu jefe o tu profesora te diga: Esto no sirve, cambia o me gustaría que lo hicieras diferente. Acepta y vende tu propuesta, con la misma sonrisa que pusiste frente al espejo. Suena extraño, pero la gente no espera esto de las personas y os aseguro que tu jefe o profesora quedaran asombrados con tu actitud y respuesta.
▪ Al final del día:
¿Qué aprendí hoy? ¿Qué aporté a este mundo? ¿Qué hice para mí? Momento de reflexión, agradecimiento y aplauso. Sí, aplauso. No esperen que nadie les venga a decir lo buenos que son, lo son. No esperen porque tal vez tengan que esperar sentados mientras ven la vida pasar frente a sus ojos.
Vive como quieras, vive en paz y abre nuevas ventanas. Cada día es una oportunidad única e irrepetible. Recuerden, menos teoría y más práctica. No esperen resultados inmediatos, pero vean y sobre todo escuchen como poco a poco se vuelven más ligeros y fluyen al son de la sintonía que deseen.
Atrévete y Opina es un espacio dedicado a temas de actualidad que afectan a los jóvenes. Sigue a @lauradocon en Twitter.
Esta historia fue publicada originalmente el 31 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "ATRÉVETE Y OPINA: Laura D’Ocon: Menos teoría y más práctica."