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Opinión

RAMÓN A. MESTRE: Un reino maligno

El reino de Arabia Saudita y los ricos petroestados del golfo Pérsico le cierran sus puertas a los sirios que huyen de una guerra que ha desintegrado a Siria, transformándola en una colección de mataderos regentados por el régimen de al-Assad y los asesinos en serie del Estado Islámico. A Arabia Saudita, Baréin, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos y Omán les sobran recursos para brindarles un refugio estable a miles de damnificados de un conflicto que los sauditas han avivado con su apoyo logístico y financiero a grupos de fanáticos yihadistas que luchan contra al-Assad. Pero el reino maligno prefiere que países árabes pobres como el Líbano y Jordania se ocupen de los sirios. Con la ayuda de Alemania y otros países infieles. Albergando la esperanza de que la crisis acelere la islamización de Europa. Es otro ejemplo de la repugnante hipocresía de unos déspotas que cuentan con buenos aliados comprados en Washington, D.C. y las capitales de la Unión Europea. Unos aliados que se ocupan de silenciar, o suavizar, las críticas a las barbaridades que comete el reino.

Con frecuencia, la élite saudita se llena la boca para cantar las loas de “la umma”, la supuesta familia conformada por todos los creyentes en el Islam. En la práctica los sauditas han optado por mantener una distancia profiláctica entre el reino y una umma que carece de pureza doctrinal. Para la recua de príncipes que desgobierna, un influjo de sirios educados constituiría un peligro en potencia, la presencia, en una de las sociedades más cerradas del planeta, de “hermanos” y “hermanas” que son capaces de exigir los cambios que le exigieron a Al-Assad. Además, aunque sean sunitas, no son devotos del wahhabismo, una corriente islámica rígida y puritana que predica el exterminio de todos los infieles. El credo oficial de Arabia Saudita donde existe un concordato inexpugnable entre la dirigencia wahhabí y la monarquía saudita (cuyo fundador fue un converso al wahhabismo).

El reino se ha gastado (y se gasta) miles de millones de petrodólares con el fin de diseminar las ideas wahhabíes en países musulmanes. (Y en países que no son musulmanes. Por ejemplo, en Estados Unidos los sauditas pagaron la publicación y distribución gratuita en prisiones s de libros musulmanes inspirados por el wahhabismo. Los funcionarios que autorizaron esta salvajada merecen la decapitación) Han financiado mezquitas, centros de adoctrinamiento, medios de comunicación dedicados a hacer proselitismo en nombre del wahhabismo y grupos terroristas. Es probable que individuos pertenecientes a la élite saudita ayudaron a pagar los gastos de los terroristas (casi todos sauditas) que perpetraron el 9-11. Y no olvidemos que Abu Bakr al-Baghdadi, el psicopático mandamás del Estado Islámico, ha sido uno de los beneficiarios de esta política.

No hay duda de que la doctrina del EI es una variante del wahhabismo. Pero está claro que la dirigencia wahhabí en Arabia Saudita no puede reconocer el aporte de sus doctrinas a la formación de Abu Bakr al-Baghdadi. Por eso, el clero wahhabi ha adoptado una postura signada por la doblez. Tras un mutismo prolongado sobre las conquistas del EI y las ideas religiosas que emplea el grupo para justificar sus actos de barbarie, el gran muftí de Arabia Saudita señaló que “las ideas de extremismo, radicalismo y terrorismo no pertenecen al Islam de ninguna forma, son enemigas del Islam y los musulmanes son sus primeras víctimas, como se ha visto en los crímenes cometidos por el llamado Estado Islámico y al Qaeda”. En este arranque de hipocresía el gran muftí demuestra ser un wahhabí pragmático. Un simulador que sabe administrar su desfachatez. Al igual que los príncipes y reyes sauditas que alquilan el respaldo de políticos estadounidenses, los mismos políticos que le dan duro, con razón, a Irán, pero elogian nuestro buen “aliado saudita” , el reino desalmado que le cierra sus puertas a los refugiados de una guerra que los sauditas están ayudando a financiar.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de septiembre de 2015, 3:08 a. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: Un reino maligno."

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