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Opinión

MARCO RUBIO: Ayudando a los niños pobres de la Florida


Estudiantes de Broward participan en un programa de cuidado después de las clases para niños de familias de bajos ingresos.
Estudiantes de Broward participan en un programa de cuidado después de las clases para niños de familias de bajos ingresos. Archivo

Los niños de la Florida han comenzado el año escolar. Tristemente para muchos de ellos, el sonido de la primera campana de la escuela no puede sonar suficientemente rápido. Aproximadamente un millón de niños –uno de cada cuatro– están viviendo en la pobreza en nuestro estado. El comienzo del año escolar para ellos y sus familias no solo significa poder aprender a diario; también consiste en una rutina cotidiana en la que reciben alimentos y un alivio sin los cuales sus vidas serían impredecibles.

Cada historia tiene casos únicos: por ejemplo, algunos de estos niños provienen de familias atrapadas en un círculo vicioso de pobreza, mientras que otros estaban bien hasta que sus familias cayeron en tiempos difíciles. Algunos están en nuestras ciudades, otros residen en las zonas rurales y remotas casi olvidadas de la Florida, mientras que la mayoría vive en nuestros barrios.

En cada una de esas historias, veo la imagen de mi familia cuando llegó a este país en 1956. Durante muchos años, los alimentos típicos de mis padres consistían en arroz blanco con un huevo frito encima o macarrones con spam. A pesar del clima caliente de la Florida, no tenían aire acondicionado. Lavaban la ropa a mano y la colgaban afuera para secarla. Si necesitaban más dinero a fin de mes, trabajaban horas extras. Carecían de seguro de salud. Una vez mi madre se lesionó gravemente la mano, y ella misma se puso una venda y regresó al trabajo. Le quedó una cicatriz permanente.

Mis padres no sólo tenían que preocuparse de ellos mismos: también estaban cuidando a su niño pequeño, mi hermano, que nunca vio un dentista hasta que se enlistó en el Ejército. Los primeros años de mis padres en Estados Unidos fueron difíciles, pero porque decidieron que este sería su hogar, vivir en la pobreza para ellos fue solamente una condición temporal. Pero no muy lejos se les abrieron puertas a oportunidades –y también para mi hermano– oportunidades que les permitieron alcanzar una vida de clase media y poder vivir el sueño americano.

La historia de mi familia no es única. Ser capaz de superar las circunstancias que nos tocaron vivir cuando nacimos es lo que define la historia de Norteamérica. Me siento seguro que si tomamos las decisiones correctas todos los niños de la Florida –y los millones más que viven en la pobreza en el país– podrán alcanzar su potencial pleno. Vivimos en una nación excepcional a pesar de que haya tantas personas viviendo en la pobreza, pero tenemos un deber moral de ayudar a todos y hacer de Estados Unidos un país aún superior.

Debemos comenzar con ponerle fin a las políticas que se basan en que “una sola talla sirve para todos”, porque las políticas fracasadas de Washington no han sabido erradicar la pobreza en los últimos cinco decenios. En lugar de ello, cada estado en la nación debe empezar a recibir un Fondo Flex neutral. Esto significa que la ayuda federal que cada estado recibe a través de los diversos programas administrados por el gobierno federal sería diseñada para financiar programas locales que tengan como objetivo la erradicación de la pobreza. También debemos reformar el Crédito por Ingreso del Trabajo con una mejora salarial que complemente los ingresos mensuales de los trabajadores e incentive al trabajador en vez de promover una dependencia en la ayuda pública.

Mi plan de reforma fiscal también ayudaría con las obligaciones diarias que llevan a cabo las familias empobrecidas. Además de crear más puestos de trabajos mejor remunerados, también aumentaría el crédito tributario a familias con hijos de $1,000 a $ 2,500, lo que permitiría a las familias que se esfuerzan trabajando mantener sus ingresos para cubrir gastos de servicios públicos, pagar el cuidado para sus hijos, o costear otros gastos.

Para eliminar la pobreza también debemos reformar nuestros colegios. Ningún niño debe verse obligado a asistir a una escuela que no reciba los fondos necesarios para su educación o que se encuentre en un lugar inseguro, pero esto está sucediendo hoy día, especialmente a las familias de bajos ingresos. Todas las familias merecen la opción de elegir las escuelas mejores para sus hijos. Debemos crear un sistema de escuelas charter más eficaz como una opción disponible para las familias que no desean enviar a sus hijos a las escuelas que fracasan. Los programas como el Programa de Becas de Crédito Fiscal de la Florida tienen que estar a disposición de los estudiantes de bajos ingresos, y tenemos que defenderlos contra las demandas de intereses liberales que protegen el fracasado status quo.

La educación superior también debe reconocer tanto el deseo de los padres que trabajan para salir adelante y los obstáculos que enfrentan tratando de hacerlo. Los programas de capacitación, certificaciones y equivalentes a títulos deben ser más flexibles y accesibles para los padres que trabajan. Los cursos que se ofrecen por el Internet facilitan los estudios a los adultos mientras ayudan a sus hijos, pero a menudo son aún más caros que los cursos universitarios tradicionales. Como la mayor parte del contenido de estos cursos se encuentran en Internet, las clases en línea deben convertirse en una opción gratis para los padres que trabajan, estableciendo un proceso de reconocimiento en que puedan certificar las habilidades adquiridas para mejorar sus vidas y encontrar nuevas oportunidades. Los padres que trabajan horas extras también deberían tener la opción de cobrar por ese tiempo extra o convertirlo en tiempo adicional que puedan utilizar para atender a las necesidades de sus hijos, asistir a clases, o algún otro fin productivo.

Es inaceptable que hoy en el estado de la Florida, uno de cada cuatro pupitres está ocupado por un estudiante que vive en la pobreza. Para hacer de este un Siglo Americano, debemos ayudar a todas las familias a salir de la pobreza y lograr una vida mejor. Mediante reformas políticas con sentido común como estas, podemos mantener vivo el sueño americano en el siglo XXI.

Senador republicano por la Florida.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de septiembre de 2015, 0:54 p. m. with the headline "MARCO RUBIO: Ayudando a los niños pobres de la Florida."

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