SANTIAGO ABASCAL: Desde Irak, ante la nueva guerra global
Nada más pisar suelo iraquí, el representante de la Comisión de Derechos Humanos del gobierno regional del Kurdistán nos lo dejó claro: “Nosotros ponemos las almas, pongan ustedes las armas”. Porque allí la libertad se sigue defendiendo a tiros, y los derechos humanos sólo se conservan gracias al Kalashnikov que empuñan los soldados y las mujeres peshmerga. Tuvimos el honor de visitar a estas amazonas de leyenda en el frente de guerra de la provincia de Mosul. Ellas no defienden únicamente su vida, sus libertades y su igualdad, sino la de todos los hombres y mujeres del mundo. Son nuestra vanguardia. Porque en esa guerra que algunos creen lejana, no son únicamente las libertades y derechos de los iraquíes y sirios los que están en juego. Son los nuestros, los de los europeos y americanos. Porque la sombra del califato ya amenaza a todo Occidente.
Observar la consolidación del asentamiento del Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIS) como si se tratase de un asunto regional de Oriente Medio es un gravísimo error. Nos enfrentamos a un vástago de Al Qaeda, pero que ya ha suplantado al grupo terrorista, y que le supera en capacidad para el horror y en influencia sobre el islamismo global. El ISIS se ha encarnado en Estado, y ya controla una de las zonas del mundo con más recursos petrolíferos. Sus objetivos primarios son los chiitas, los kurdos y los cristianos, pero su anhelo es universal. No asistimos a una guerra civil en el seno del islam, sino a una yihad internacional proclamada desde un extenso territorio, desde el germen de un califato que aspira a abarcar medio mundo, desde la India hasta Marruecos y Europa.
No podemos ser tibios ni débiles ante esta amenaza real, que va más allá de la guerra de religiones, o el conflicto entre civilizaciones. Es esta una guerra entre la civilización y la barbarie. Una guerra que no tenemos ninguna posibilidad de ganar si, frente a la acometividad del enemigo, nos hacemos los distraídos, con la única esperanza de que el monstruo no llegue a nuestras casas. Hay una yihad en marcha, quizá la más peligrosa desde hace siglos. Estamos obligados a rescatar con urgencia los valores sobre los que hemos construido nuestra civilización occidental y judeocristiana. Es una responsabilidad ineludible, sobre todo si reflexionamos sobre el hecho de que miles de combatientes yihadistas tienen pasaportes europeos y norteamericanos. Algunos —ya lo hemos visto— están entre nosotros listos para sembrar el terror.
Nos enfrentamos a un monstruo, a una fuerza del mal, que nos ha jurado odio eterno y que, como para darle fuste a la amenaza, empala las cabezas de los niños cristianos y yazadíes en las estacas junto a los polvorientos caminos del norte de Mesopotamia, después de esclavizar, vender y violar a sus madres y de decapitar o crucificar a sus padres. No es el petróleo, como en Kuwait. Ni la sospecha de la existencia de armas de destrucción masiva, como con Saddam. Es la certeza de un genocidio en toda regla contra los cristianos y otras minorías, y que preludia el genocidio yihadista que para nosotros pretenden.
Hoy nuestros valores, la cabeza de nuestros hijos, y la libertad de nuestras hijas, se conservan peleando en Irak y en Siria. Occidente puede y debe hacer mucho más que enviar instructores y apoyo aéreo. Aquella es nuestra guerra. Y aplastar al ISIS es garantizar nuestro futuro.
Presidente del partido político español VOX
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Esta historia fue publicada originalmente el 3 de noviembre de 2014, 3:00 p. m. with the headline "SANTIAGO ABASCAL: Desde Irak, ante la nueva guerra global."