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Opinión

ROBERTO CASÍN: Una disyuntiva moral

Los cadáveres se multiplican y la conmoción no termina. La tragedia de Aylan Kurdi, el niño de tres años ahogado en una playa turca cuando intentaba alcanzar las costas europeas, sigue siendo el drama de miles de refugiados que se lanzan a diario al Mediterráneo o se aventuran por tierra a un peregrinaje incierto, desesperado, siempre peligroso. Las imágenes de las familias que sobreviven o mueren huyendo del conflicto en Siria son desgarradoras, y han desencadenado una crisis internacional de la que nadie debe sentirse ajeno. Los terroristas islámicos han sido el detonante del éxodo. Y a la angustiosa estampida de los sirios se une la de otros: libios, somalíes, iraquíes, afganos, nigerianos, paquistaníes…

La Unión Europea ha prometido aportar poco más de mil millones de dólares y Estados Unidos unos $500 millones para lidiar con la crisis de los refugiados, que tiene a Europa al borde del colapso y al mundo en un suspiro. Pero Naciones Unidas (NU) ha dicho que se necesitan $5 mil 500 millones en ayuda para los que ya huyeron y cerca de $3 mil millones más para los desplazados dentro de Siria, para que no vivan hacinados en campamentos sin condiciones mínimas, expuestos al hambre, a las inclemencias del clima y las enfermedades.

Una coalición de organizaciones especializadas en reasentamientos envió una carta abierta al presidente Barack Obama urgiéndolo a que EEUU dé cabida a 200 mil refugiados el año entrante, incluidos 100 mil sirios, muchos más de los diez mil que la Casa Blanca dijo estar dispuesta aceptar ahora. La gran parte sería traída desde Líbano, Jordania y Turquía e iría a engrosar las comunidades de esa nacionalidad que ya existen en ciudades como San Diego y Detroit. En la actualidad el país cuenta con una población de unos 145 mil inmigrantes de origen sirio, en su mayoría cristianos, pero en los últimos años ha crecido la proporción de musulmanes.

Dar refugio a los necesitados ha sido uno de los puntales de la nación desde que los peregrinos que la fundaron llegaron a estas tierras. Pero las secuelas del terrorismo han vuelto más cauteloso al país, que teme que entre los refugiados se infiltren terroristas islámicos. ¿Hizo algo EEUU para evitar el conflicto creado por los islamistas en Siria? Muchos creen que no, como tampoco lo eximen de culpa por haber desestabilizado el área con la guerra en Irak. El país ya cometió en el pasado un gravísimo error al negar refugio a infinidad de judíos europeos antes de que fuesen llevados a los campos de exterminio nazis.

Cierto es que todavía el gobierno hace poco por los suyos: aún hay millones de estadounidenses pobres, desempleados o que carecen de las oportunidades que merecen; pero ésa nunca será buena excusa para dar la espalda a quienes ya viven una hecatombe. La nación está pagando en cierta medida las consecuencias de haber sido excesivamente generosa, incauta, idiota o las tres cosas a la vez; de no haber elegido bien a quiénes excluir y a quiénes no; de haber tendido la mano a adversarios extranjeros que nunca debimos favorecer, y haberla retirado a aliados censurables, pero probadamente fieles. Una cosa es que sigamos dando cientos y cientos de millones de dólares a gobiernos foráneos corruptos, antagónicos o detractores, un dinero más necesitado aquí; otra muy diferente, que EEUU deje de ser una nación compasiva con los inmigrantes y que su símbolo más conocido, la Estatua de la Libertad, pierda todo significado.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2015, 0:35 p. m. with the headline "ROBERTO CASÍN: Una disyuntiva moral."

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