MANUEL C. DÍAZ: El socialismo del siglo XXI: de la utopía al fracaso
Cuando todavía el polvo provocado por el derribo del muro de Berlín caía sobre la Puerta de Brandenburgo y el eco de los disparos que acabaron con la vida de Ceaușescu aun rebotaba en las paredes del cuartel de Tárgoviste, donde lo fusilaron, los ideólogos de la izquierda comenzaban a pensar cómo sustituir el socialismo real con un nuevo modelo económico que impidiera la transición de los países del ex bloque soviético hacia el capitalismo.
Pero no pudieron encontrarlo a tiempo; para cuando lograron idear un refrito que se le pareciese, ya Polonia, República Checa, Hungría y Eslovaquia eran naciones con economías abiertas de mercado, pluralismo democrático y respeto a los derechos humanos. Otras las seguirían. El mundo socialista se hundía para siempre y ya no habría espacio para nuevas entelequias políticas. Al menos, en Europa. Fue entonces cuando en América Latina apareció el llamado socialismo del siglo XXI, un nuevo concepto ideado por el sociólogo alemán Heinz Dieterich en 1996, basado en fórmulas que, aunque recicladas, ahora surgían con nombres de una gran sonoridad comercial: desarrollismo democrático, economía de equivalencias y democracia participativa.
Este nuevo socialismo, según su autor, es un modelo que no se basa en el precio de mercado como en las economías capitalistas, sino en el valor del trabajo, que se mediría por el tiempo empleado en fabricar un producto o prestar un servicio. Si lo anterior nos resulta familiar, no debería extrañarnos. Y es que este ajiaco alemán no es otra cosa que un Manual de Nikitin rediseñado. En el capítulo 5 de su libro El socialismo del siglo XXI, Dieterich no puede ocultar sus raíces marxistas cuando escribe: “La humanidad ha caído en manos de una élite delincuente, compuesta por unos diez mil banqueros, industriales y políticos profesionales que usan los recursos del planeta y los frutos de nuestro trabajo, para sí”.
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de la izquierda, los conceptos de este nuevo socialismo nunca lograron rebasar el marco de las academias. Hasta que Hugo Chávez lo dio a conocer al mundo en un discurso en el V Foro Mundial de Sao Paulo cuando lo propuso como una alternativa política para los países de la región. Todo había comenzado unos años antes cuando Dieterich conoció al presidente venezolano. Estuvieron conversando toda la noche en el Palacio de Miraflores y, cuando al fin amaneció, Dieterich había encontrado un país donde poner en práctica sus ideas y Chávez una plataforma que le permitiría llevar a cabo sus descabellados proyectos sociales y, de paso, alcanzar su verdadero objetivo: perpetuarse en el poder.
El nuevo sistema le resultó tan exitoso a Chávez que Ecuador y Bolivia lo adoptaron como propio. Eran los tiempos en que cada semana aparecía una nueva alianza para aislar a Washington. Las siglas se sucedían: UNASUR, ALBA y BANSUR, por sólo citar las más importantes. Y sobre ellas planeaba, victorioso, el socialismo del siglo XXI. No hay que olvidar que también eran tiempos de vacas gordas para Venezuela (el petróleo rebasaba los $100 el barril) y Chávez regalaba dinero a manos llenas. Todos querían estar en la lista bolivariana de regalos. Encabezándola estaban, como siempre, los chupacabras castristas, quienes terminaron alzándose con un convenio energético que les suministraría 100,000 barriles diarios de crudo a cambio del envío de miles de médicos, instructores deportivos y técnicos agrícolas.
La verdad es que no solo fueron los cubanos quienes se aprovecharon de la largueza de Chávez. Julio Borges, coordinador nacional del partido Primero Justicia, denunció en su momento que el gobierno bolivariano había hecho regalos –enmascarados como gestos solidarios– a otras naciones (Nicaragua, Bolivia, Honduras, Costa Rica, Ecuador, Argentina, Perú y El Salvador) por más de $62,000 millones. ¿Quién podía dudar en aquel entonces que el socialismo del siglo XXI era la salvación de la humanidad?
Pero no lo era. Diez años después de aquello, Venezuela se hunde en el caos. Como se habrían hundido también los países satélites de Chávez sino hubiesen cambiado de rumbo. Y es que el socialismo, no importa de qué siglo sea, siempre termina en el fracaso.
manuelcdiaz@comcast.net
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de septiembre de 2015, 4:18 p. m. with the headline "MANUEL C. DÍAZ: El socialismo del siglo XXI: de la utopía al fracaso."