Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Opinión

ARIEL HIDALGO: Las señales


Refugiados sirios comprueban cómo la lluvia ha inundado las tiendas en que viven en campos temporales en Al-Faour, en el Líbano
Refugiados sirios comprueban cómo la lluvia ha inundado las tiendas en que viven en campos temporales en Al-Faour, en el Líbano .AP

Que en los tiempos en que el primer Papa del Tercer Mundo impulsa una gran revolución moral en la Iglesia de Roma, y el primer presidente negro de Estados Unidos emprende una política de acercamiento con los grandes enemigos tradicionales de esta nación, mientras grandes oleadas de refugiados invaden las fronteras del gran Imperio de Occidente huyendo de bestias del apocalipsis: el terrorismo, las guerras y el crimen organizado, deberían ser sobradas señales para advertir a los incrédulos de que algo muy grande está ocurriendo en el mundo. Esto nos recuerda la perplejidad de San Agustín ante la entrada triunfal de los bárbaros en Roma: “Si Roma puede caer, ¿qué hay entonces seguro? ¿Dónde está Dios?”.

¡Despierten! Roma no cayó porque los “bárbaros” invadieran el Imperio, sino porque el Imperio corrió sus fronteras, con sometimiento, desolación y muerte, hacia el mundo de los supuestos bárbaros. No culpemos ahora a los refugiados de los conflictos porque estos nacieron de la suma de nuestros graves errores: la codicia, el egoísmo y la indolencia. Los monstruos que en nuestras pesadillas nos espantan… fueron engendrados en el seno de nuestras propias entrañas.

La globalización ha penetrado en todos los ámbitos y hábitats del Planeta imponiendo sus parámetros por todos los medios, sin excluir la lluvia del fuego bélico. La ambición desmedida de grandes corporaciones ha llevado a las talas indiscriminadas de los bosques de muchas regiones del planeta, a la contaminación ambiental y a otros excesos que han contribuido a un cambio climático de nefastas consecuencias para las condiciones de vida del género humano y del resto de las especies. Y nunca se deja de cosechar aquello que se ha sembrado.

Todo tiene que cambiar. Ni Obama ni el Papa Francisco hacen lo que hacen ni dicen lo que dicen por excentricismo sino porque los acontecimientos de su tiempo les van marcando las pautas. Nos encontramos en el borde de una situación extrema en que nos tienen que nacer alas para poder volar sobre el abismo. Es preciso una nueva forma de ver al mundo, mirar la realidad con nuevos ojos, esto es, un nuevo paradigma civilizatorio. No más xenofobia, etnofobia u homofobia, no más racismo o sexismo. No más cruzadas, y si las hay, que sean de amor y bendiciones para los que sufren, tanto en este país como en cualquier parte del planeta. No más privilegios excesivos a costa de las estrecheces y precariedades de los trabajadores de todo el mundo. Comprensible es que un profesional o empresario devengue cinco, diez y hasta 15 veces más que un empleado sin instrucción, pero no cientos de veces más. La desidia y la ambición pueden hacer que un día marejadas de impacientes indignados pierdan el control de sus pasiones y hagan que el paraíso particular de unos cuantos se derrumbe de la noche a la mañana.

Es preciso una nueva toma de conciencia, una nueva concepción de la naturaleza, no ya como mera fuente de recursos al servicio de una criatura supuestamente elegida por la providencia para reinar con poder absoluto sobre las demás especies, sino como la sagrada Madre que ha concebido en su seno los bosques, los mares, el cielo, toda la flora y la fauna y, por supuesto, a todos los seres humanos, los cuales no podrían sobrevivir si ese seno desapareciera. El ser humano “no puede divorciarse del vientre que lo concibió y con el cual mantiene un cordón umbilical”, escribía yo hace 11 años en este mismo periódico. Todos somos, pues, hermanos de una inmensa familia, y la nueva ética debe ser la del amor universal.

Si no atendemos a las señales que todos los meses nos dicen lo mismo a través de los noticieros con diferentes imágenes, entonces por la puerta de Roma no entrarán ya los “bárbaros”, no entrarán por las fronteras de Occidente nuevas oleadas de refugiados, sino los propios jinetes del apocalipsis.

Infoburo@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de septiembre de 2015, 5:05 p. m. with the headline "ARIEL HIDALGO: Las señales."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA