SABINA COVO: El precio del silencio
Un código de silencio es un código de eso: silencio, sinónimo de mutismo, mudez, hasta secreto. Parece ser que en nuestra era de la información globalizada, el silencio es lo que menos se mantiene. Llámese responsabilidad por la información que deben tener los medios, curiosidad morbosa, propaganda, política o hasta publicidad personal, los códigos de silencio, recientemente, ni siquiera se han conservado en entidades tan importantes como las gubernamentales. Que si escándalos amorosos, hackers a correos electrónicos o teléfonos celulares, entrevistas exclusivas otorgadas voluntariamente, u otros métodos de divulgación de información, hoy casi todo se sabe.
Robert O’Neill, por ejemplo, el hombre que disparó y terminó con la vida de Osama bin Laden durante una operación en Pakistán en el año 2011, ha reconocido que fue él quien cometió el acto que tanto alivio le dio a una nación que todavía llora las víctimas del acto terrorista del 11 de septiembre del 2001. Pero, ¿a qué precio? Recordemos que ya en el 2012 “el tirador” contó anónimamente su versión a la revista Esquire, pero ahora ha dicho públicamente que muchas personas conocían su nombre y que se sabría de todas formas.
Uno de los puntos del código del Grupo Naval de Guerras Especiales, que está en la escala de valores de los SEAL de Estados Unidos, dice así, según lo ha publicado Associated Press: “Yo no anuncio la naturaleza de mi trabajo, ni busco reconocimiento por mis acciones”. O’Neill no ha dicho que busca reconocimiento, ni que no lo busca. Ha expresado su preocupación de que ya un sitio de internet había publicado su nombre y que quedaba abierto a especulaciones. Prefería confirmarlo. Pero, ¿correría algún peligro en caso de ser objeto de especulaciones? Seguramente el mismo que corre de saberse su nombre, porque el equipo que participó en la operación ya se conoce y uno de ellos hasta tiene un libro acerca de la operación y va a salir el segundo con el aval del Pentágono. O’Neill también ha aclarado que no fue uno solo el que disparó, como es lógico en una operación de esta magnitud.
Habiendo sido la operación clasificada, y de suma importancia, sobre todo si tenemos en cuenta que los conflictos de Estados Unidos con el terrorismo y en el Medio Oriente no han acabado y desafortunadamente están lejos de acabar, considero irresponsable que se haya roto el código de silencio. Llamar a O’Neill héroe es acertado: es un héroe el que pone su vida en peligro por su nación, pero asimismo héroes son todos los que han estado en las fuerzas armadas. No hay diferencia de valentía; la valentía está en el momento, en la supervivencia, en la protección que ofrecen a su patria. Sí, unos sirven más años que otros, unos han estado expuestos a peligros más que otros, algunos saben más que otros. Pero todos son héroes.
Si en entidades como la Naval se rompe los códigos de silencio, se escriben libros y se vuelve propaganda una operación tan importante para la seguridad de todo un país, ¿qué podemos esperar de todo lo demás? Las reglas son las reglas, y se deben cumplir. Romper códigos de silencio puede afectar operaciones futuras, informantes que no quieran hablar, y hasta a oficiales que teman a que se conozca información. El precio del silencio, puede ser alto.
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Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "SABINA COVO: El precio del silencio."