PEDRO CAVIEDES: Paliza
Desde la noche de la pasada elección de gobernadores y congresistas, me repito en mi mente una pregunta: la paliza que se llevó el Partido Demócrata, ¿es un castigo del pueblo por las políticas liberales del presidente Obama, o un castigo de los demócratas a sus líderes, en especial al presidente Obama, por no haber sido suficientemente liberales?
La pregunta se me genera porque yo recuerdo claramente a esa inmensa mayoría que votó en el 2007 por el Cambio. Se trataba de una mayoría de todos los estratos sociales, aburridos hasta la saciedad de los “secretos” de Washington, de sus maneras y de su hipocresía. El recién elegido presidente contaba en ese momento con, aunque no tan disciplinadas como ha mostrado ser la republicana, mayorías en las dos cámaras. La gente, en medio de la gran recesión, esperaba excitante los cambios que introduciría la persona por la que votaron. Pero esos cambios no fueron suficientes.
Y quizá no lo fueron porque el presidente se tragó el anzuelo que le tiraron los republicanos, de que debían llegar a acuerdos y compromisos, y que él no podía imponer leyes en las que no participaran las propuestas de ese partido. Y sin embargo, una y otra vez, a pesar de incluir muchas de las propuestas que estos le reclamaban, siempre, absolutamente siempre, votaron No a todas las iniciativas del presidente.
Mientras los más liberales clamaban por un plan de estímulo mucho mayor que el que al final se terminó aprobando, el presidente aceptó que tuviera amarrada la austeridad que le imponía el otro partido, y así no importó que igual votaran que no, porque aunque el estímulo detuvo la herida sangrante de la economía estadounidense, el alivio a los que peor la estaban pasando no les llegó en la forma que más lo esperaban: un trabajo. Y los republicanos ni cortos ni perezosos, a pesar de que habían cedido a sus peticiones, no dudaron en calificar de derrochador al presidente en todos los medios nacionales.
La ley de salud terminó teniendo tanta influencia republicana, que llegamos al absurdo de ver en la siguiente elección presidencial al candidato republicano criticando al presidente por haber pasado para el país una ley casi exacta a la que él como gobernador había pasado para su estado.
Ante los gritos de paneles de la muerte, ante la demora en ejecutarse la ley de salud y con una economía que todavía no lograba arrancar debido al recortado estímulo, el Partido Republicano recuperó la mayoría en la Cámara de Representantes, y desde entonces el bloqueo fue absoluto. Tanto, que el país estuvo por primera vez en su historia a punto de no pagar sus obligaciones, su nota de crédito fue rebajada y el gobierno federal tuvo que ser cerrado por varias semanas.
La caída en el desempleo y la recuperación de la economía, cuando ya el estímulo comenzaba a hacer efecto, entre otras, le permitió al presidente ser reelegido. Sin embargo el bloqueo siguió, y siguió, y siguió, para todas sus iniciativas, con lo que llegamos a la elección de este martes pasado, con un presidente que poco ha podido hacer, y al que le han llovido ataques falaces de todas las esquinas de la nación.
Creo que lo que pasó el martes no solo nos muestra la brecha que existe entre un pensamiento y otro, en un país que antaño tendía a escoger al centro. En el transcurso de la historia de este país han sido asesinados muchos de sus más grandes agentes de cambio. Con dolor creo que estamos presenciando otro, éste simbólico, pero que nos da la oportunidad de mostrarnos hasta qué punto la discriminación y la segregación siguen vigentes en esta nación.
Ojalá que algún día, en ese sentido, haya un verdadero cambio.
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Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Paliza."