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Opinión

MANUEL CORAO: Puente roto y solidaridad papal

Al leer la crónica realizada en el vuelo a Washington del Papa Francisco relacionado con el desconocimiento de la violenta detención de quienes protestaron a escasos metros de su santidad por la transgresión de los derechos, las liberaciones conculcadas en Cuba, y los presos políticos; siento estar ante un prelado para quien no todos los seres en La Habana fueron iguales ante sus ojos, aunque sí para los de Dios.

Qué suerte tuvo la pequeña Sofía quien estando tan distante de la caravana, el Sumo Pontífice haciendo gala de una buena vista la avizoró produciéndose el enternecedor encuentro que todos enaltecemos.

Nos congratulamos por haber llegado a sus manos el mensaje implícito sobre la reforma migratoria integral en las líneas entregadas por la angelito hispana.

Más de medio siglo de padecimientos sufre la América Latina por la indebida intromisión de Fidel Castro en la conducción de los países que abrazaron la democracia en la década de los sesenta del siglo pasado.

Los muertos que ocasionó el barbudo mantienen hoy por hoy sus almas penando y aún se preguntan por qué les quitaron la vida cuando solo venían de comprar leche para sus hijos cuando un carro bomba los hizo volar en pedazos.

Recuerdo con aflicción los soldados y campesinos asesinados en cerro Bachiller al invadir armados cubanos el territorio venezolano. Los caribeños fueron rechazados obligándolos a tomar las corrientes marinas que los trajeron dejando desolación tras su caprichosa incursión.

Miles de muertos, discapacitados y desaparecidos ha sido el tenebroso palmarés de la revolución comunista en Latinoamérica.

En ninguna de mis manifestaciones me refiero a la política interna cubana por cuanto soy respetuoso del dolor que enluta a los oriundos de la isla. Cuando ese pesar se lleva sin consuelo es a ellos y solo ellos a quienes les corresponde opinar sobre el padecimiento y destino de su patria.

Convivir por años al lado del exilio me dan razones para entender su frustración y la angustia que los embarga al ver fracasadas las esperanzas por un cambio político y social en paz luego de observar el alegre y nada protocolar encuentro entre Castro, el larguirucho, y el arzobispo de Roma.

El diocesano sabía como el mundo también, que la disidencia cubana esperaba con optimismo reunirse con él. Su presencia en el arrecife sería muralla de contención ante las torturas y el sometimiento indebido del cual son objeto por el solo hecho de oponerse a las autoridades encumbradas sobre las armas.

Se trata de concertación democrática no de más fracasada revolución.

En Cuba aconteció otra historia diferente en la visita de Benedicto XVI y Juan Pablo II. El patriarca antecesor le dio al vetusto parlanchín el trato igualitario a cualquier ciudadano que solicitase verlo cuando ya no era el jefe de estado.

Parece que el argentino hijo de inmigrantes italianos Jorge Mario Bergoglio omitió por razones diplomáticas a los opositores mambises ya que sin excusa aparente así aconteció de palabra y hecho. Reunirse en especulativa antigua camaradería apunta hacia un revanchismo complaciente del ex mandatario.

Conversar con los disconformes le hubiese traído mas beneficios que reproches al austral. Por qué lo hizo, se preguntan muchos.

Borgoglio no tendió caminos por la reconciliación en territorio caribeño en su reconducir hacia la democracia como fue condicionado públicamente el régimen por Obama. Más bien parece haber dañado los puentes existentes.

Sin embargo dándole el derecho a la duda, bien pudiéramos pensar que el mayor de los Castro le pidió confesarse, entonces nos requerimos luego de la absolución dada si fuese ese el caso, cuál fue la penitencia impuesta.

La gira por Estados Unidos tiene otra óptica mostrada; la consistente solidaridad con el necesitado y un llamado al amor entre hermanos por igual. No destacó con especialidad alguna a las autoridades. A republicanos y demócratas les dio la justa posición que corresponde a quienes participan y activan la disidencia, y valoró el entendimiento.

Sin duda alguna haber definido en el pleno del Congreso de la Unión ser inmigrante le dio el giro de la verdadera aspiración de acontecidos hispanoparlantes magistralmente expuesto en pocas palabras sin menospreciar individualidades o grupos algunos.

Se identificó como el valorador de vías para la convivencia y el diálogo que permitan superar las diferencias.

Todos los norteamericanos, católicos o no, reconocen su misión evangelizadora. Sin duda Cuba y América Latina aún requieren de nuestras oraciones y lucha.

Director de Venenoticias.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de septiembre de 2015, 0:57 p. m. with the headline "MANUEL CORAO: Puente roto y solidaridad papal."

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