PEDRO CAVIEDES: Desconsuelo
Esta semana se anunció desde La Habana que el gobierno de Colombia y las FARC habían llegado a un acuerdo en el punto de la justicia. El anuncio tuvo mucha trascendencia porque se encontraron en el mismo salón y ante las cámaras, el presidente Santos y el jefe de esa organización, alias Timochenko. Con este acuerdo, dicen desde el gobierno, se entra en un punto de no retorno en la negociación, y ya se anuncia marzo del 2016 como el mes en que se firmará el documento final.
Me pregunto qué fue lo que negociaron. Porque una vez que uno remueve todo el laberinto lingüístico y el lenguaje leguleyo, lo que encuentra son dos puntos bastante claros: que los miembros de las FARC no pagarán por sus crímenes con un solo día de cárcel, y que podrán participar en política. Ni siquiera queda claro el tema de la dejación de las armas, punto que me parece (y creo que a cualquier persona cuerda también) fundamental, ya que, según lo dicho, esto sucederá tres meses después de la firma.
¿Hasta qué punto una “paz” cimentada en el engaño pueda resultar duradera? Para decir que los crímenes no quedarán impunes, nos hablan de una “restricción de la libertad”, que bien puede significar que la persona no pueda salir de un departamento (el equivalente aquí a un estado como Texas o la Florida) o del país. Pero no solo eso, si no que en algunos casos “especiales” (imagino que se tratará del de los miembros del secretariado) esas personas tendrán elegibilidad política en las zonas donde tengan la restricción de libertad. Así que no solo disfrutarán de los beneficios de una cárcel sin muros ni rejas ni guardianes ni horarios, sino que tendrán la oportunidad de “gobernar” en dicha “cárcel”.
Con estos acuerdos diera la impresión de que las FARC tenían arrodillado al Estado colombiano cuando se sentaron a negociar y no la realidad, que era que estaban derrotadas. Pero lo peor es que ahora más que nunca se cierne, sobre uno de los pocos países que se había salvado, la amenaza del Socialismo del Siglo XXI. Porque hasta ahora no sé sabe qué va a pasar con las finanzas y las grandes fortunas que por narcotráfico ha acumulado esa narcoguerrilla. Si sobre eso se negoció tan endeble como en los otros puntos, dinero para patrocinar campañas, en esta época en que en Colombia el dólar está por los cielos, habrá de sobra.
Armas, dinero, indulto, participación en política. ¿En qué está pensando el presidente Santos? A este paso, Maduro que se deje de preocupar por la frontera, dentro de poco no habrá frontera. Sus amigotes de las FARC estarán al mando. ¿Se imaginan al Cartel de los Soles gobernando de un lado y a las FARC del otro? Que se preparen los Estados Unidos para el tsunami de cocaína que azotará sus ciudades.
Y todo esto, toda esta farsa, porque ya está muy claro que desde un principio se sabía que estos señores no se sentaron sin tener la certeza de que no pagarían un solo día de cárcel, en nombre de la verdad. Resulta que todas estas condiciones se habilitan si (supuestamente) le dicen la verdad, confiesan sus crímenes y les piden perdón a las víctimas. Como se diría en buen colombiano: no pues, qué sacrificio. ¿Cuántos criminales en el mundo no estarían dispuestos a lamerles los pies a sus víctimas, o a sus familiares, con tal de que los dejen libres?
A mí la esperanza de esta paz se me parece más al retorno del miedo.
Qué desconsuelo.
www.pedrocaviedes.com
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de septiembre de 2015, 0:37 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: Desconsuelo."