NICOLAS PEREZ: ¡Solavaya!
Me agrada el equilibrio periodístico. Y cada vez que trato de escribir artículos con cierto equilibrio me envían e-mails insultantes las dos orillas de los extremos.
Me agradó que el pueblo de los Estados Unidos hubiera elegido a Barack Obama como primera figura de esta nación sin ser rubio ni tener los ojos azules. Me alegró que este pueblo le hizo saber al mundo un mensaje importante: los norteamericanos no eran un pueblo racista.
La esclavitud en los Estados Unidos tuvo motivos económicos. Fue una institución legal que existió durante los siglos XVII al XIX. Los primeros 19 esclavos llegaron a este país por Jameston, Virginia, en 1619 por medio de comerciantes holandeses, y el primer esclavo liberado fue John Carson, por alguien llamado Anthony Johnson. Curiosamente Carter, ya libre, estuvo trabajando voluntariamente con su libertador durante seis años.
¿Qué pienso hoy sobre Barack Obama? Estuve durante un tiempo en una ingenua luna de miel simpatizando con él.
Creo que en política nacional tuvo grandes aciertos como el Obamacare, que la derecha republicana quiere partirle el alma de a viaje, aunque la realidad es que en cuanto al servicio social, con ligeras pinceladas, está al nivel de los países más civilizados de Europa, porque la salud, diga lo que diga el Tea Party, debe ser gratuita.
Sus medidas económicas comenta la derecha republicana han sido un desastre, pero seamos justos, comparado con la papa caliente que le colocó en las manos George W. Bush, ha cogido la nota de aprobado aunque raspando por sus vacilaciones. Dos años después de aquel caos bushista ha bajado dramáticamente el índice de desempleo, y Wall Street, que es el que mide la fuerza económica de este país, que es capitalista desde la uña del dedo gordo del pie hasta su cresta, ha ascendido a cifras récord.
Pero mi gran decepción con Obama fue el manejo de su política de inmigración. Que no me venga con cuentos chinos; en sus primeros tiempos con toda la fuerza moral que tiene un presidente recién elegido y con el total dominio del Congreso, no movió un solo dedo para implementar una reforma migratoria decente. Ahora 24 meses después, con todos los diablos y diablillos, crisálidas y rosas sueltas en su contra amenaza con imponerla por Orden Ejecutiva. Ojalá lo haga, aunque el berenjenal que va a armar va a ser de alquilar balcones, porque va a infectar esa herida purulenta de la división entre republicanos y demócratas que tienen a este país hasta la mismísima coronilla. Y además, utilizar esta prerrogativa llena de rincones oscuros un presidente, después de la paliza que recibió en las pasadas elecciones, es un irrespeto a la voluntad popular, porque en estas elecciones los norteamericanos les dieron carta blanca a los republicanos para colocar en el centro de la mesa sus opciones de gobernabilidad. Pero por otra parte, ¿un partido tiene el derecho de impedir que un presidente gobierne?
Sobre la política exterior de Obama, es otra historia, ahí parece que el traje de presidente se lo compró en un pulguero a Sylvester Stallone y le queda un poco grande. Sus errores en el Medio Oriente, sus marchas y contramarchas, sus órdenes y contraórdenes, sus debilidades sobre Ucrania, me han causado escalofríos; dicen muchos que Barack está a punto de provocar una nueva guerra fría.
Aunque no es el primer presidente norteamericano cuyas políticas exteriores no se sabe si provocan risa o llanto. Los Estados Unidos, esta nación, como dijo Aldo Baroni del pueblo cubano, no tiene memoria.
¿Hemos olvidado a un a Jimmy Carter, que mientras un pueblo iraní enloquecido asaltaba la embajada norteamericana en Teherán le confesaba a una periodista que para gobernar consultaba a su hija Amy Lynn de ocho años?
Y otro ejemplo con pespuntes verdes, el Alzheimer nos ha hecho una mala pasada y no recordamos a George W. Bush bajándose de un helicóptero a un portaaviones y en un emotivo discurso anunció el final de la guerra en Irak, y dijo textualmente: “Hemos eliminado a un aliado de Al Qaeda y cortado una fuente de financiación al terrorismo, y esto es una certeza, ninguna organización terrorista obtendrá armas de exterminio del régimen iraquí, porque el régimen iraquí ya no existe”.
Es que sin ironía, en Irak, George Bush metió la pata al entrar y Barack Obama al salir.
Nada, que si un malintencionado me ofrece dejar mi casita de madera de Los Cayos mirando siempre el agua, para gobernar los Estados Unidos, le devuelvo su oferta por UPS a la Oficina Oval en una cajita primorosa con un enorme lazo rojo de ¡Solavaya!, expresión muy cubana que se utiliza en la magia negra y la santería para maldecir a alguien.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de noviembre de 2014, 1:00 p. m. with the headline "NICOLAS PEREZ: ¡Solavaya!."