FABIOLA SANTIAGO: Qué tienen en común Kim Davis, Fidel y Raúl Castro
He aquí una perspectiva para los norteamericanos que se regodearon en la gracia del papa Francisco, y que ahora, descontentos con las afirmaciones de Kim Davis, lo condenan.
En Cuba, el papa Francisco se reunió con el diablo y su asistente ejecutivo, Fidel y Raúl Castro, y no se oyó una sola objeción en este país aparte de los círculos cubanoamericanos.
Peor aún, el papa Francisco no se reunió con ninguno de los disidentes, ni siquiera con las Damas de Blanco, que son acosadas, golpeadas y arrestadas los domingos cuando marchan pacíficamente hacia la iglesia. Operativos del gobierno las restringieron para que no pudieran asistir a ninguno de los eventos públicos del papa. Francisco no visitó ni bendijo a presos políticos y tampoco pidió públicamente que fueran liberados.
Ninguna de estas fallas preocuparon a los norteamericanos.
Pero el papa Francisco se reunió privadamente con un grupo que incluía a Kim Davis –imagen de la intolerancia conservadora americana– ¡y eso marcó el final! ¡Se acabaron las oraciones por el Papa!
El Pontífice ha sido puesto en penitencia por católicos, semicatólicos, católicos culturales como yo, y aquellos que solo lo son cuando temen que un avión está a punto de estrellarse (como yo también). Y además por los norteamericanos progresistas no católicos.
Apenas había el papa Francisco regresado al Vaticano y ya la empleada de una corte en Kentucky, que le había negado licencias matrimoniales a parejas gay, incumpliendo la decisión de la Corte Suprema, se catapultó a la notoriedad con el anuncio de que se había reunido con él.
No solo tuvo una reunión privada con él, sino que, según ella, él la había alentado. Esto cayó como una bomba y con toda razón.
Con este supuesto gesto de apoyo hacia una persona llena de odio, los discursos incluyentes y los axiomas de Francisco –“¿Quién soy yo para juzgar?”, especialmente– adquirieron la frivolidad de una de esas breves frases diseñadas para la televisión. Ya no lo vemos como el emisario de la iglesia del amor sino la del juicio. Ya no encontramos el espacio que nosotros los católicos díscolos necesitamos para sentir el abrazo de su gracia. Si ser católico significa la exclusión y el estatus de ciudadanos de segunda clase ante los demás, preferimos quedarnos fuera.
Al principio de la controversia, el Vaticano no ayudó con negarse a hacer comentarios. Pero el viernes, la reunión había dibujado tal sombra sobre la visita abrumadoramente positiva del Papa –caracterizada por la inclusión y la buena voluntad– que el Vaticano emitió una declaración explicando que Davis había sido parte de un gran grupo de visita en la embajada del Vaticano en Washington, D.C., y que la reunión no constituía un respaldo a los puntos de vista de Davis.
Anteriormente a esta declaración, el padre Antonio Spadaro, uno de los consejeros más cercanos al Papa, había tuiteado una pista: “2 Papas que bendicen a personas sin pedirles identificación (y que luego lo usan para su propio provecho): #BenedictXVI con #RebeccaKadaga & #PapaFrancis con #KimDavis”.
Kadaga, una parlamentaria de Uganda que impulsó un proyecto de ley contra la homosexualidad, había sido parte de un grupo que se reunión con el papa Benedicto. Sus seguidores utilizaron el momento para decir que equivalía a una bendición papal para su causa. El Vaticano lo negó.
En comparación con los dictadores con los que Francisco se reunió en Cuba, la reclamación de Kim Davis no es más que una picada de mosquito. El uso “para su propio provecho” en el tuit de Spadaro lo dice todo.
La búsqueda de un estatus de celebridad no debe destruir los momentos de gracia que el papa Francisco obsequió a todos: gays y heterosexuales, creyentes y no creyentes.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de octubre de 2015, 3:00 p. m. with the headline "FABIOLA SANTIAGO: Qué tienen en común Kim Davis, Fidel y Raúl Castro."