UVA DE ARAGÓN: Usted manda (si quiere)
Mientras escuchaba las noticias de la reciente masacre en el recinto de un college en Oregon, no podía dejar de pensar en mis cuatro nietos universitarios, mi hija maestra, y el peligro que corren todos los días. El mismo al que me expongo yo cuando voy semanalmente al cine. Idéntico riesgo corren ustedes, lectores; y sus hijos, nietos, amigos, seres queridos. Un arma nos acecha a la vuelta de cada esquina. No exagero. Más de 33,000 personas fallecen y más de 20,000 son heridas por balas anualmente en Estados Unidos. Compárese con 6 muertes al año en Japón, 138 en Suecia, 698 en Canadá y, en México, pese al narcotráfico, 4,718.
Al igual que el presidente Obama durante su presidencia ha tenido que pronunciar 15 discursos después de tiroteos que quitaron las vidas a personas inocentes, siento que he escrito este mismo artículo demasiadas veces. He responsabilizado principalmente a los congresistas por su incapacidad en promulgar leyes federales que impidan la compra de armas a personas con antecedentes criminales y enfermedades mentales. Aunque ha habido avances en algunos estados, no ha sido suficiente. El poder que ejerce la National Rifle Association y la forma tergiversada en que se interpreta la segunda enmienda de la Constitución han desvirtuado el debate.
No es necesario que ciudadanos idóneos tengan que renunciar a sus licencias y armas para cazar, o defender su persona, familia o negocio. Pero cuando vemos que se necesitan más requisitos para comprar un automóvil que un arma, algo anda mal.
He llegado a la conclusión de que no habrá cambios significativos sin un movimiento ciudadano que se manifieste enérgicamente en contra de la violencia. Los familiares de las víctimas, todo el que haya sufrido la tragedia de perder a un ser querido o comparta mis temores, debe involucrarse. ¿Cómo? Escribiendo a congresistas, a personas influyentes, a los periódicos, a las redes sociales. Sumándose a organizaciones que combatan la violencia, tales como Coalition to Stop Gun Violence y Brady Campaign to Prevent Gun Violence, o formando una nueva. Pidiendo medidas específicas como, por ejemplo, extender el período, ahora solo de tres días, para investigar a una persona antes de venderle un arma. También debería prohibirse la posesión de armas automáticas. Hay que limitar asimismo el número de armas por persona, a no ser en el caso de coleccionistas cuyos legítimos intereses puedan confirmarse. Leyes similares y aún más estrictas existen en muchos otros países.
Paralelamente, hay que ampliar las facilidades para el cuidado a personas con enfermedades mentales o adicciones. Obligar a los seguros médicos que incluyan beneficios para cubrir estos tratamientos. Aumentar los presupuestos en el sistema de educación, incluyendo a nivel universitario, para entrenar a consejeros que puedan detectar señales de peligro y ayudar a muchachos con problemas.
Todo lo que se haga por ofrecer a los jóvenes actividades extracurriculares y empleos a tiempo parcial y en los veranos, ayudaría a combatir el ocio y la pobreza, factores que contribuyen a las tasas de criminalidad.
Si alguien tiene dudas de que la opinión pública cuenta en Estados Unidos, que repase cómo en los años 60 el activismo de estudiantes, mujeres, afroamericanos e intelectuales logró poner fin a la Guerra de Vietnam, a pesar del gran interés que tenían ciertos sectores muy poderosos de que continuara.
La fuerza mayor que tienen los estadounidenses está en las urnas. Sólo un amplio movimiento cívico logrará poner fin a la cultura de la violencia. En una democracia participativa, el ciudadano manda. Ya es hora de enviar un mensaje claro de los votos contra las balas.
Esta historia fue publicada originalmente el 6 de octubre de 2015, 0:43 p. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: Usted manda (si quiere)."