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Opinión

RAMÓN A. MESTRE: De masacres nacionales y el control de las armas de fuego

En Estados Unidos las masacres perpetradas por energúmenos que matan en pleno día a víctimas indefensas (salvo el psicópata de Colorado que asesinó 12 personas en un cine durante la función de medianoche) suelen provocar reacciones previsibles. Convierten a liberales y conservadores en perros de Pavlov condicionados por el sonido del metrónomo que acompaña las matanzas (Pavlov no usó campanas sino el aparato que emplean los músicos para marcar compases). Son perros demagógicos cuyos ladridos a favor o en contra de mayores restricciones en torno a las armas de fuego tienen poco que ver con la naturaleza de estas masacres desoladoras, las cuales representan un porcentaje ínfimo del número total de homicidios cometidos con armas de fuego en el país.

Por otra parte, los datos del Buró Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) indican que desde 1991 el índice de muertes atribuibles a las armas de fuego ha disminuido en un 49 por ciento. Con todo, un promedio de 15,000 personas mueren todos los años víctimas de asesinatos y homicidios involuntarios. De estas muertes, aproximadamente 10,000 son causadas por armas de fuego. Además, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) aproximadamente 20,000 personas se suicidan todos los años con escopetas, rifles, pistolas o revólveres, y 500 mueren de un disparo accidental.

Aun así, y vale la pena repetirlo, la tasa de muertes violentas causadas por armas de fuego ha ido disminuyendo desde la década de los noventa, aunque en varias ciudades el número de asesinatos aumentó este año en comparación con el anterior. En Nueva Orleáns, Chicago, Baltimore, Washington, St. Louis, Nueva York, Houston. Casi todos sus homicidios son cometidos con pistolas.

Lo que es más alarmante aún para la conciencia nacional: desde el 2007 ha ido creciendo el número de masacres como las matanzas que asolaron a Roseburg, Sandy Hook, Virginia Tech, Aurora, Fort Hood, Charleston. Lamentablemente, estas tragedias ponen de manifiesto los reflejos condicionados de políticos y comentaristas que segregan en su saliva de perros pavlovianos las mismas propuestas simplistas y superficiales, de derechas o de izquierdas.

He tenido armas de fuego toda mi vida. Soy dueño de rifles y pistolas de varios calibres guardadas bajo llave con candados en los gatillos, fuera del alcance de los menores de mi familia que de vez en cuando merodean por mi casa. Mantengo al día mis permisos y licencias. No me interesa la cacería en lo más mínimo: soy un aficionado del tiro al blanco que ha pasado cursos especializados con armas de combate. Pero soy partidario de clases obligatorias de manejo y seguridad para compradores de armas primerizos y abogo por un sistema más riguroso de “chequeos” federales a compradores de armas en armerías, en transacciones privadas y en los llamados gun shows.

Sin embargo, estoy consciente de que, aunque fuesen aprobadas por un Congreso timorato, semejantes medidas no disminuirían los índices de homicidios. La inmensa mayoría de las armas empleadas en la comisión de delitos de sangre no se adquieren lícitamente. Se compran en un vasto mercado negro nutridos de armas robadas o adquiridas ilícitamente con la complicidad de armerías corrompidas. Y en lo que respecta a los hijos de p… que han perpetrado las peores masacres estadounidenses del siglo XXI sabemos relativamente poco acerca de los móviles y taras que impulsan a estos energúmenos. Sospecho que muchos de ellos encuentran inspiración en las acciones de autores de masacres anteriores. También los mueve el deseo de alcanzar la fama, la infamia maligna. Conseguir después de muertos, o a través de un interminable proceso penal, el estatus de figuras célebres que demasiados medios (y ahora, las redes sociales) les confieren. Pero en casi todos los casos compraron sus arsenales legalmente tras someterse a la investigación de sus antecedentes. No los hubiese detenido ninguno de los cambios propuestos a las leyes federales que regulan la compraventa de armas de fuego.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de octubre de 2015, 2:52 p. m. with the headline "RAMÓN A. MESTRE: De masacres nacionales y el control de las armas de fuego."

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