Opinión

LEAH SOIBEL: Israel no quiere una Tercera Intifada

Judíos ultraortodoxos en el sepelio de Yishaya Krashevsky, de 60 años, que murió cuando un palestino atropelló a peatones que esperaban el autobús en una zona ultraortodoxa de Jerusalén el martes 13.
Judíos ultraortodoxos en el sepelio de Yishaya Krashevsky, de 60 años, que murió cuando un palestino atropelló a peatones que esperaban el autobús en una zona ultraortodoxa de Jerusalén el martes 13. AFP/Getty Images

Tras casi dos semanas de una ola de ataques contra civiles que se ha desatado en Jerusalén, la capital de Israel, pero que se ha extendido por todas partes del país, además de violentos enfrentamientos casi a diario entre palestinos y las fuerzas de seguridad israelíes, el martes 13 de octubre fue el más terrible de estos días de terror que afronta la población del país.

Ya se habían contabilizado hasta este día cerca de una veintena de ataques, la mayoría con cuchillos, muchos de ellos en Jerusalén, con varias decenas de heridos y cinco víctimas mortales. Pero la mañana del martes fue un frenesí sangriento difícilmente soportable. Una cadena de atentados, que según algunas fuentes policiales podrían haber sido planeados y sincronizados (lo que pone en entredicho la teoría de los “lobos solitarios”), fueron perpetrados por terroristas palestinos, dos de ellos en Jerusalén, y otros dos en la ciudad de Ra’anana, con el trágico balance de tres muertos y 30 heridos. Dos de las víctimas mortales iban a bordo de un autobús en Jerusalén atacado por dos terroristas, al parecer uno con un cuchillo y otro con una pistola. La otra muerte se produjo tras un atropello terrorista, también en la capital israelí.

Es doblemente triste señalar que la incitación palestina ha llevado a que los atacantes y los que lanzan piedras y explosivos, sean ahora, en buen número, mujeres y niños.

Se extiende en Israel una fuerte sensación entre la población civil de que cualquiera puede encontrarse con el siguiente ataque a la vuelta de la esquina, y exigen a sus dirigentes políticos soluciones que traigan seguridad a sus vidas. Mientras el primer ministro Netanyahu convoca a su gabinete de seguridad y trata de encontrar un equilibrio entre las distintas fuerzas que conforman la coalición de Gobierno para impulsar medidas que apacigüen los ánimos, resulta difícil de encajar cómo el liderazgo palestino representado por Mahmoud Abbas insiste por un lado en estar comprometido con la necesidad de rebajar la tensión y, por otro lado, apoya con su retórica y presencia física la acción violenta hacia Israel. Quizá teme que esta ola de terror sea capitalizada por su rival político, Hamas, cuyos órganos de propaganda aplauden a diario los ataques. Abbas es consciente de su pérdida de popularidad en Cisjordania.

En cualquier caso, lo que es prioritario es atajar cuanto antes esta cadena de atentados. Así es cuando hablamos de vidas humanas. Pero también hay que subrayar que más allá de lo inmediato, del terror diario que tiene que acabar, es del todo imposible pensar en soluciones al conflicto árabe israelí y en dar pasos hacia la recuperación de negociaciones de paz cuando los israelíes viven bajo el temor a levantarse cada mañana en un nuevo martes negro. Bajo el signo del terror no se dan las condiciones para una convivencia de dos pueblos en términos de seguridad y prosperidad.

Queda claro que los israelíes no quieren una tercera intifada, aunque la pregunta sería qué quieren los palestinos. En ese orden de cosas, no cabe más que preguntarse: ¿Qué puede hacer Israel para poner fin a estos actos de terrorismo y violencia?

Leah Soibel es fundadora y directora ejecutiva de Fuente Latina

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