ARMANDO GONZÁLEZ: Elecciones 2014, significado y deberes
Sabemos que Barack Obama es bueno, por lo menos, en algo: elegir a Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Cuán bueno es como presidente es algo que se presta a largo debate. Y algo menos debatible es que es terrible como líder de su partido.
No se supone que fuera así. En el 2008, Obama se suponía que fuera el precursor de una nueva era liberal. El candidato Obama, recién llegado de Berlín, nos dijo: “Este es el momento por el cual el mundo ha estado esperando”.
Confiado en que la historia estaba de su lado, Obama manejó su presidencia de forma partidista, aprovechando mayorías demócratas en el Congreso y logró aprobación para Obamacare, el mayor logro de legislación social en varias décadas. Lo más interesante de esto es que Obamacare nunca ha sido popular. El presidente, simplemente, no pudo “venderla”. De marzo del 2009 a marzo del 2010, pronunció, por lo menos, un discurso semanal promoviendo Obamacare. Pero, a pesar de sus celebradas habilidades retóricas, el público nunca “compró” la idea.
En el 2010, el congresista de Arkansas Marion Berry le advirtió que Obamacare se sentía como una repetición del desastroso HillaryCare de 1993 que condujo a una derrota en las elecciones congresionales de 1994 donde los demócratas perdieron 54 escaños en la Cámara y Newt Gingrich se convirtió en el presidente de la Cámara. Obama se burló del comentario de Berry y le dijo: “Bueno, la diferencia entre ahora y 1994 es que ahora me tienen a mí”. Unos días después, los demócratas perdieron 63 escaños en la Cámara.
Después del desastre del pasado martes 4, cualquier pensamiento de una coalición pro Obama suena como una ilusión. Los votantes jóvenes desertaron al Presidente, los hispanos se quedaron en su casa y los blancos no hispanos votaron republicano 30 por ciento por encima de los que votaron demócrata. Contrario a lo que los demócratas tratan de hacernos creer, esta no fue una elección anti-incumbente. Estas elecciones fueron un acto de repudio a Obama, su partido y sus ideas. Los republicanos ganaron escaños senatoriales en Iowa y Colorado, estados que Obama ganó dos veces. Las contiendas para gobernador en estados demócratas como Maryland, Illinois y Massachussets fueron al Partido Republicano. El Senado, donde los republicanos necesitaban ganar seis escaños netos para lograr mayoría, lograron siete, y casi con toda seguridad, dos más en los próximos días.
Y, ahora que los republicanos tendrán mayoría en ambas cámaras del Congreso, ¿qué significa eso? Ahora tienen que demostrar que saben gobernar. La derrota —o la masacre como la llamó The Economist— marca el final del Obamismo, una especie de liberalismo de izquierda que se entromete en nuestras vidas, ejecutado con tal incompetencia y, últimamente tan impopular, que será apenas recordado como un paréntesis en la historia política de Estados Unidos. El mismo Obama definió esta elección días antes cuando dijo: “Mis ideas están en la boleta. Todas y cada una de ellas”.
Los republicanos deben controlar la agenda nacional. De forma determinada y firme. Enviarle al Presidente un proyecto de ley por semana, comenzando por aquellos que deben tener apoyo demócrata como el oleoducto Keystone XL. Otra sería la autoridad para negociar tratados internacionales de comercio de forma rápida (fast track), algo que todo presidente desea, esto le daría una especie de victoria a Obama y demostraría bipartidismo y magnanimidad (así como buen sentido económico). Después, un proyecto de ley para repatriar $ 2 billones ( trillones en inglés) que corporaciones de Estados Unidos mantienen en el exterior evadiendo los altísimos impuestos de Estados Unidos. Seguido por un proyecto de ley para facilitar la exportación de gas natural y petróleo y un proyecto de ley para seguridad de fronteras.
En cuanto a Obamacare, poco a poco. Repeler el impuesto a equipos e instrumentos médicos, repeler el mandato individual, repeler el mandato patronal y repeler el subsidio federal para compañías de seguros que, por mala administración, se vean en problemas. Si Obama los veta, que los demócratas defiendan los vetos durante los próximos dos años.
Aprovechen la oportunidad. La percepción hoy, gracias a los demócratas y la prensa cómplice, es que la disfunción en Washington es culpa del partido del No. Expongan al verdadero agente del No. Muestren que con Harry Reid impotente, el Congreso puede funcionar. Pasen legislación. Cuando Obama firme demostrarán su seriedad y habilidad para gobernar. Cuando Obama ejerza su veto, ustedes habrán clarificado el origen del No y comenzarán a preparar el camino para el 2016.
AGonzalez03@live.com
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de noviembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "ARMANDO GONZÁLEZ: Elecciones 2014, significado y deberes."