MARÍA VICTORIA OLAVARRIETA: A la universidad se va con libros, no con pistolas
Armas a la universidad (SB176) es el proyecto de ley del Senado que permitiría a las personas con licencias para portar armas llevar pistolas a las universidades estatales de la Florida. Se busca hacer de los recintos escolares lugares más seguros y los partidarios de esta medida piensan que eso se va a lograr armando a maestros y estudiantes. Distribuir más guardias de seguridad en los campos universitarios podría ser una solución factible y mucho menos peligrosa.
Si la ley es para los universitarios, lo sensato es escuchar a estudiantes y profesores, psicólogos y sociólogos dedicados a la educación, y a partir de ese diálogo, legislar. Las conclusiones deben salir del seno del mundo estudiantil.
Fabiola Santiago, en su columna de el Nuevo Herald: El cofre de las armas sin llavín (13 de octubre) advierte que un estudio ha mostrado que la polícia, maestros, administradores de escuelas y la mayoría de los floridanos se oponen a esta ley.
¿Los legisladores que están promoviendo armar a nuestros jóvenes no tendrán hijos, sobrinos o nietos? Las balas no tienen nombre. ¿Qué criterios habrán tenido en cuenta?
Hay que estar frente a un aula para tener una idea de cómo reaccionan algunos de nuestros estudiantes cuando se frustran, sientes celos, etc. Me aterroriza pensar que los conflictos en los espacios universitarios tengan la opción de ventilarse a balazos.
Ya hemos visto la irresponsabilidad con la que los adultos que poseen armas han manejado estas, propiciando que niños y jóvenes tengan acceso a ellas y hayan podido cometer las matanzas que se vienen sucediendo en nuestro país con una regularidad dramática ¿ Por qué ahora vamos a seguir facilitando el uso de las armas poniéndolas en manos tan jóvenes? Sería muy conveniente que recrudecieran las sanciones a los adultos que no tienen sus armas a buen recaudo. No podemos ser tan magnánimos ante un hecho así.
Por lo general, cuando se es joven no se tiene la madurez suficiente para controlar los impulsos en un momento de locura. La edad no garantiza nada, pero la temeridad y el actuar sin medir las consecuencias son características inherentes a la juventud.
¿Qué padre va a quedarse tranquilo cuando cada mañana despida a su hijo sabiendo que lleva un arma y que en la escuela muchos de sus compañeros también la portarán?
Es comprensible que un granjero de Dakota, con su debida licencia, necesite un rifle para defender a sus terneros de los ataques de un león de montaña, pero para ir a la universidad lo que se necesita son libros.
No podemos seguir alimentando la violencia en ninguna forma. Hay tanta agresividad cotidiana en nuestros hogares, en las relaciones de trabajo, en el tráfico… que si no hacemos un alto y cambiamos el rumbo, el futuro podría ser caótico.
Como maestra, como cristiana católica, como tía, me opongo rotundamente a la ley que permita portar armas de fuego a los estudiantes universitarios con licencia para ello y le pido a los hombres y mujeres de bien que alcen su voz porque, como decía Gandhi: “Lo más atroz de las cosas malas es el silencio de la gente buena”.
La situación actual de nuestra sociedad clama porque nos comprometamos con algunas de las batallas más urgentes que se están librando. Esto no es un problema de republicanos y demócratas. Este país es de todos, y si lo dejamos en manos de los políticos, llegará el día en que no habrá país.
¿Estamos abogando por un desarme a nivel mundial y vamos a permitir que nuestra juventud universitaria se arme? Cada día pienso más que mi trabajo de maestra en el futuro será una posición de alto riesgo. ¿Me obligarán las circunstacias a portar un arma? ¿Con qué autoridad moral voy a hablarles a mis alumnos de respeto, tolerancia y no violencia con una pistola en el bolsillo? ¿Qué voy a hacer con los versículos de la Biblia en los libros del Éxodo 20:13 y Deuteronomio 5:17: “No matarás”?
Hay algo en lo que todos estamos de acuerdo: queremos paz, seguridad, garantía de vida para nuestros hijos. Unos creen que armando a nuestros universitarios estarán mejor equipados para defenderse si son atacados, a otros nos resulta inconcebible que una ley así esté siendo aprobada a diferentes instancias, pudiendo explorar otras opciones menos riesgosas. ¿Qué contará de nosotros la historia si no logramos aunarnos en la voluntad común de sanear nuestra sociedad de la violencia que la consume?
María Victoria Olavarrieta es profesora de español y literatura en Miami
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de octubre de 2015, 6:08 a. m. with the headline "MARÍA VICTORIA OLAVARRIETA: A la universidad se va con libros, no con pistolas."