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Opinión

UVA DE ARAGÓN: Lo que el viento se llevó

Le demoró una década escribirla, y fue la única novela de Margaret Mitchell. Desde su publicación en junio de 1936, esta historia de amores y desamores en medio de la Guerra Civil de Estados Unidos, narrada con el punto de vista de los dueños de plantaciones sureñas, causó furor entre los lectores. En 1937 se convirtió en uno de los libros más vendidos, y la autora ganó el prestigioso premio Pulitzer. Dos años después el volumen de más de 1000 páginas llegaba a las pantallas en una película de cuatro horas, que desde entonces comenzó a formar parte del imaginario nacional.

A tres cuartos de siglo de su estreno en 1939, Lo que el viento se llevó sigue cautivando a los amantes del cine de distintas generaciones. Contribuye a ello sin duda las inolvidables interpretaciones de Vivian Leigh como Scarlet O’Hara, la Southern belle caprichosa, manipuladora, capaz de desafiar las convenciones sociales y raros momentos de debilidad; Clark Gables, como Rhett Butler, apasionado, viril, peligroso y noble; Leslie Howard como Ashley Wilkes, teóricamente el esposo perfecto para una dama sureña, pero en realidad débil, castrado; y Olivia de Havilland como Melanie Hamilton, su esposa, de una inocencia y espíritu de sacrificio próximo a la estupidez. La visión de la esclavitud se idealiza, mostrando sólo el lado amable de algunas familias con sus sirvientes domésticos. Sin embargo, el filme fue causa de orgullo para algunos afroamericanos pues llevó a Hattie McDaniel, que interpretaba el papel de Mammy, a ser la primera de su raza en ganar un Oscar. Irónicamente, no se le permitió asistir al estreno de la película en Atlanta, aunque pudo hacerlo poco después a la premiere en Hollywood.

¿Qué vigencia tiene en la actualidad Lo que el viento se llevó? En el siglo XX el mundo también experimentó cambios tan drásticos como los que tuvieron lugar en Estados Unidos con la Guerra Civil. De la Revolución de Octubre en 1917 a la caída del muro de Berlín en 1989, pasando por las dos guerras mundiales, Europa murió y renació más de una vez. Otros continentes, incluyendo “nuestra América”, han sufrido asimismo profundas conmociones. Incluso los avances en tecnología, una de las transformaciones más notables de esta centuria, acarrean inevitablemente el fin de un modo determinado de vida.

Lo que el viento se llevó es, en definitiva, el canto de cisne de una era, de un estilo de vida, con algunos encantos y muchos abusos. Claro, nunca faltarán nostálgicos incurables que quieran recordarla a su manera.

Para exiliados e inmigrantes –y quizás para todos los de la tercera edad–, siempre permanece en el recuerdo un pasado que idealizar o evocar con justificado dolor. Tal vez por todo lo que tienen de desgarramiento y esperanza los giros súbitos de la historia y la existencia humana, la novela de Margaret Mitchell y su filme persisten en nuestra memoria colectiva como un recuerdo agridulce de lo que ya se ha ido. O acaso como aviso profético de lo que quizás pronto se llevará el viento.

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de noviembre de 2014, 3:00 p. m. with the headline "UVA DE ARAGÓN: Lo que el viento se llevó."

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