MÓNICA MARTÍNEZ: Los estudiantes hispanos no son iguales a sus compañeros, pero hay una solución
Una vez más, el Mes de la Herencia Hispana pasó y nos sirvió para celebrar nuestra rica cultura y las muchas contribuciones que hemos hecho a la sociedad americana. Sin embargo, lo que para mí hizo la conmemoración de este año diferente, es el sentimiento que dejó: Un sentimiento de frustración y un estímulo para hacer más por nuestra gente.
Me frustra saber que en el 2015, aún soy una anomalía estadística. Según las últimas cifras del Censo de Estados Unidos, solo un 11 por ciento de los hispanos mayores de 25 años cuentan con una educación a nivel de licenciatura. Yo soy parte de un grupo aún más pequeño, tan solo el cuatro por ciento, formado por quienes han obtenido una maestría o un título de postgrado. Y aún más asombroso es el hecho de que además soy parte del apenas 0.6% de los latinos que tiene un doctorado.
Los hispanos son la minoría mayoritaria y, aun así, tenemos menos logros educativos en comparación con otras razas en los Estados Unidos. Y, tristemente, esta es una tendencia que continuará según dos variables que los expertos utilizan constantemente para predecir el futuro académico de un estudiante: ¿Fueron los padres del estudiante a la Universidad? ¿Tomaron cursos de nivel universitario en la preparatoria, cursos que ayudan a los estudiantes a entender lo implica ir y ser exitoso en la universidad?
El número de hispanos que asisten a la universidad y se gradúan ha aumentado un poco. Sin embargo, es la segunda variable la que me preocupa más, y en la que tenemos mucho más control como comunidad de lo que pensamos: la calidad de la educación que reciben los estudiantes hispanos.
Los expertos en educación han estado reportando por años que los estudiantes latinos, al igual que los de otras minorías, por lo general asisten a escuelas segregadas, donde su instrucción proviene de maestros con menor experiencia y en donde el currículum es menos riguroso. Los estudiantes que sí llegan a la universidad, suelen quedarse rezagados rápidamente y abandonan los estudios a un ritmo alarmante.
Ante estas circunstancias, los expertos en educación, el gobierno, y líderes empresariales están tratando de mejorar las oportunidades educativas de los estudiantes hispanos. Comenzando con la Iniciativa para la Excelencia Educativa de la Casa Blanca, y siguiendo con los movimientos nacionales tales como El Super Proyecto Escolar XQ, e iniciativas filantrópicas entre las que se encuentra el apoyo de la Fundación S.D. Bechtel Jr. para mejorar la preparación de los maestros y el respaldo de la Fundación William y Flora Hewlett para apoyar un aprendizaje más profundo, existen muchos esfuerzos en marcha para asegurar que nuestros estudiantes –y todos los estudiantes– estén mejor preparados para el mundo real.
Pero no podemos seguir esperando que otros nos resuelvan el problema. Es hora de que como comunidad hispana –padres, familias y amigos– creemos el cambio que necesitamos en nuestras escuelas. Debemos armarnos con el conocimiento necesario para asistir a la universidad y ser exitoso ahí y más allá, y hacer todo lo que esté en nuestro poder para garantizar que nuestros estudiantes reciban ese conocimiento.
No es un misterio. Sabemos que para prosperar y tener éxito en el siglo XXI, los estudiantes necesitan habilidades académicas e interpersonales sólidas entre las que se encuentran el poder trabajar en equipo, resolver problemas y comunicarse efectivamente. Es conectar lo que los estudiantes aprenden en el salón de clase con el mundo que los rodea. Es el resultado de lo que los expertos llaman aprendizaje profundo.
Existe un creciente número de escuelas de minorías mayoritarias alrededor del país que proveen el currículum y las experiencias que llevan al aprendizaje profundo. Y estamos viendo resultados positivos: Un estudio de las escuelas de aprendizaje profundo en Nueva York y California que sirven a una población importante de estudiantes de bajos ingresos y que están aprendiendo el idioma inglés, muestra que pueden tener éxito sin importar sus antecedentes.
En mi libro Deeper Learning: How Eight Innovative Public Schools Are Transforming Education in the 21st Century, estudié las escuelas que sirven a una elevada concentración de estudiantes minoritarios de bajos ingresos que están haciendo del aprendizaje profundo una realidad. Mientras que mucho del trabajo recae en los directores y los maestros, aprendí que hay cuatro cosas que los padres, las familias y los amigos pueden hacer para asegurarse de que los estudiantes reciban la mejor educación posible, dentro y fuera de clase.
Primero, participa en la escuela del estudiante. Exige que los líderes clave en tus escuelas se aseguren que los estudiantes no están aprendiendo pasivamente, sino que los maestros estén activando los intereses de los estudiantes y que ellos también sean dinámicos en su participación.
Segundo, ayuda a los estudiantes a entender que pueden ser exitosos. Motiva a tu hijo a verse a sí mismo como un estudiante exitoso que utiliza el fracaso para mejorar –no para renunciar– y para involucrarse en conductas académicas positivas. Ayúdalos a aprender cómo tomar las riendas de su propia educación.
Tercero, ayuda a los maestros a llevar el aprendizaje más allá del salón de clase. Si un estudiante te dice que está aprendiendo sobre biología marina, llévalo al acuario local durante el fin de semana. Ayúdalos a conectar lo que aprenden en clase con el mundo a su alrededor.
Cuarto, conoce tus opciones. Identifica las escuelas en tu área que podrían brindarle a tu estudiante mejores oportunidades de aprendizaje que las que hasta el momento ha recibido. Las escuelas magnet y charter por lo general utilizan prácticas de enseñanza más innovadoras.
Lo más importante que podemos hacer para dar a nuestros estudiantes una mejor educación y así reducir la brecha del aprovechamiento es darles una mejor educación, con un currículum más sólido y con experiencias relevantes que conduzcan a un aprendizaje profundo. Tanto en las escuelas públicas como en las privadas, el 1 por ciento de la población total de estudiantes ha recibido una buena educación por décadas. Es hora de que el 99 por ciento restante –y entre ellos los millones de estudiantes hispanos que pueden ser los líderes de la próxima generación– reciban las mismas oportunidades educativas.
Si nosotros como comunidad de padres, familia y amigos exigimos oportunidades de aprendizaje profundo, y si nuestras escuelas y sistemas educativos responden, tendremos una verdadera oportunidad de alcanzar la igualdad educativa para todos.
La Dra. Mónica Martínez es autora, consultora y estratega en educación, designada por el Presidente ante la Comisión de la Casa Blanca para la Excelencia Educativa para los Hispanos, y Fellow Senior en el tema de Aprendizaje Profundo bajo el patrocinio de la Fundación de William y Flora Hewlett.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de octubre de 2015, 3:08 p. m. with the headline "MÓNICA MARTÍNEZ: Los estudiantes hispanos no son iguales a sus compañeros, pero hay una solución."