DORA AMADOR: El diálogo de las religiones
He estado asistiendo muy animada a los estudios bíblicos semanales que se llevan a cabo en el lugar donde vivo: una comunidad para personas mayores o con algún tipo de ayuda física o mental integrada por más de 300 personas, la mayoría cubanas. Las reuniones duran hora y media y en ellas leemos la Biblia y comentamos los textos que nos llaman la atención o nos inspiran una opinión, alguna pregunta o experiencia que queremos compartir con el resto. El resultado es bueno, mueve a algunos a contestar o discutir con respeto al otro sobre el tema tratado, esté de acuerdo o no. Y lo que hace único a este grupo es que se asiste con espíritu ecuménico, pues allí nos sentamos juntos evangélicos y católicos. Y se ha ido creando una convivencia de inclusión que valoramos. Y valor tiene en este mundo de exclusiones, guerras religiosas, periferias urbanas y existenciales –este hogar es una de esas periferias: de fragilidades, disminuciones, enfermedades, soledades, vejez, etc.–.
Pero no siempre todo transcurre en la paz de los cielos, sea por un comentario que confronta la creencia de una persona o varias, o porque se ofende sin querer a alguien. Como fue el caso de una hermana que por poco salta de su silla espantada cuando una señora católica comentó que su hijo era budista. La señora por educación escuchó en silencio los disparates y ofensas contra el budismo, que en su retórica altisonante la “erudita” en civilizaciones y religiones mezclaba con el hinduismo. No pude más e intervine en el asunto.
Sé de budismo y algo de hinduismo, porque me interesa el estudio de las religiones y creo en la necesidad del diálogo interreligioso antes que explote la tercera guerra mundial, aunque el papa Francisco ha dicho que ya empezó y se desarrolla por partes. Estoy de acuerdo, y con lo que dijo en otra ocasión: “Estamos viviendo en una atmósfera de tercera guerra mundial por etapas”. Gracias a Dios, aquel encuentro entre la fundamentalista cristiana bautista y yo no pasó de una discusión en una atmósfera como aquella, “ecuménica”, aunque (soy cristiana católica) llegó a decirme en tono de acusación que “tú eres una budista”, porque los defendía y respetaba.
En la última reunión a la cual no pude asistir, la misma mujer criticó a los que creemos en la transubstanciación en cuerpo y sangre de Cristo realizada por el Espíritu Santo en la Eucaristía.
Después del segundo cisma cristiano causado por Martín Lutero en el siglo XVI (el primero fue el de Oriente y Occidente en el siglo XI, año 1054, que dividió a la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Católica Ortodoxa, esta última compuesta por 15 iglesias autocéfalas que reconocen sólo el poder de su propia autoridad jerárquica (por ejemplo, del Patriarca de Alejandría, de Antioquía, de Constantinopla, etc., integrada por unos 300 millones de fieles), las Iglesias protestantes rechazaron la creencia de la Presencia Real de Jesucristo en el pan y el vino consagrados en la Eucaristía. Su argumento es que Cristo usó una parábola cuando habló de comer su carne, y que la cena del Señor es nada más que un recuerdo: “Haced esto en memoria mía”. (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24b). Y esta es la única cita del Nuevo Testamento que utilizan como argumento.
No citan jamás estas palabras dichas por Jesús a sus discípulos:
“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?”.
Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.”
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre, que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”. Juan 6:51-58
Hay otros textos citables, pero basta con este. Para que haya fraterno ecumenismo y diálogo interreligioso es indispensable el respeto al otro y sobre todo, tener un poco de humildad, todos vamos a aprender y a orar en los estudios bíblicos, solo el Espíritu Santo debe tener la autoridad. Sigamos pues en este bello empeño, recordemos aquello de creer en lo pequeño.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de octubre de 2015, 0:32 p. m. with the headline "DORA AMADOR: El diálogo de las religiones."