ALEJANDRO A. TAGLIAVINI: ¿El principio del fin del fanatismo islámico?
Más temprano que tarde –mal que les pese a los traficantes de armas– el yihadismo islámico caerá. Es que, como dice el refrán, “no hay mal que dure cien años” porque Dios no lo permitiría. El verdadero problema de la “islamización” de Europa no pasa por los musulmanes que llegan, cosa que ha ocurrido durante centurias sin que se produjeran mayores inconvenientes. Argentina, por caso, ha recibido árabes durante más de cien años que se han integrado a la cultura occidental, muchos se han convertido al cristianismo e, incluso, han llegado a ser presidentes de la República como Carlos Menem.
El problema real es el fanatismo –la violencia– del “yihadismo”, que tiene su principal fuente en la tiránica monarquía de Arabia Saudita –textualmente, “la Arabia de la familia Saud”– que hoy enfrenta problemas que podrían bien ser el principio de su fin. Y este fin, seguramente, llegará mucho más rápido cuando los gobiernos occidentales dejen de apoyar a su mayor compradora de armamentos y proveedora de petróleo.
El absolutismo saudita, además de ser el principal financiador mundial de mezquitas, en lo que va de 2015 ha decapitado unas 150 personas. En el fanático régimen guardián de los lugares “santos” de La Meca y Medina –paradigma para los 1,300 millones de musulmanes–, son frecuentes las redadas de la policía religiosa (la mutawa) buscando crucifijos y biblias cuya posesión puede ser causal de muerte. Wikileaks reveló un cable en el que Hillary Clinton asegura que “los sauditas se toman en serio la amenaza del terrorismo interno, pero es duro convencer a sus funcionarios para que aborden la financiación terrorista que emana de Arabia Saudita”. Se estima que más del 70% de los yihadistas en el mundo son de origen saudita.
Como siempre el avance científico –la razón humana, nunca la violencia– es la mejor “arma” contra el fanatismo. Sucede que la producción de crudo –que representa el 80% de los ingresos sauditas– gracias a avances tecnológicos como el fracking, ha aumentado al punto de convertir a Estados Unidos en el mayor productor global. A lo que hay que sumarle la aparición de nuevas fuentes de energía. Arabia Saudita –primer exportador global con más de 20% del mercado– no ha querido bajar su producción para mantener su posición lo que, sumado a la caída de la demanda china, ha provocado una baja en el precio del crudo hasta menos de US$50 el barril.
Ahora, el gobierno saudita tiene serios problemas y pronto se vería obligado a revertir su política intentando que el precio del barril suba. De hecho, ya viene frenando la oferta: en agosto embarcó 278,000 barriles menos sobre un estimado de 9 millones diarios. El último presupuesto mantiene altos niveles de gastos y prevé un déficit de US$330,000 millones hasta 2017, el mayor de su historia, lo que resulta muy complicado para esta tiranía que se mantiene en base a grandes subsidios a sus súbditos.
Arabia Saudita se ha visto forzada a retrasar hasta en seis meses los pagos a contratistas privados, según informó Bloomberg pocos días atrás. Además, ha tenido que limitar la salida de reservas monetarias, recortando el gasto público y vendiendo bonos. El volumen de reservas exteriores está en US$654,000 millones desde los casi 750,000 millones a mediados de 2014. El país ha emitido deuda por valor de US$15,000 millones en lo que va del año y su economía crecerá 3% en 2015, frente al 10% registrado en 2011.
Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California.
Siga a Alejandro A. Tagliavini en Twitter: @alextagliavini
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de octubre de 2015, 3:58 a. m. with the headline "ALEJANDRO A. TAGLIAVINI: ¿El principio del fin del fanatismo islámico?."