BÁRBARA FERRER: Los latinos y el prejuicio racial
La migración de las familias latinas a Estados Unidos es una historia inspiradora de hombres, mujeres y niños dejando sus países de origen, a menudo en busca de mejores oportunidades y seguridad para sus familias. Sin embargo, una reciente encuesta de la Fundación W.K. Kellogg sobre las familias latinas también revela que se desarrolla un relato diferente: la frustración por el racismo y la discriminación con el tiempo está desgastando a los latinos en Estados Unidos.
Los inmigrantes latinos más recientes están llenos de esperanza, ya que persiguen oportunidades para educar mejor a sus hijos, mejorar sus finanzas personales y encontrar viviendas asequibles. Mientras tanto, aquellos que han recorrido un camino similar —latinos con generaciones con raíces en EEUU, así como aquellos con más educación y mayores ingresos— son decididamente más escépticos y están decepcionados.
Claramente, existe una brecha significativa entre las experiencias de los latinos y las de muchos otros inmigrantes. Históricamente, los inmigrantes llegan a las costas de Estados Unidos y sus perspectivas en la vida mejoran enormemente. Puede que tengan temores iniciales y ansiedad por la búsqueda de empleo, vivienda y servicios sociales, pero a medida que se asimilan a la sociedad estadounidense, disfrutan de la esperada experiencia de los inmigrantes de mejorar la calidad de vida en cada generación.
Pero ese relato está reservado en su mayoría para los inmigrantes blancos no hispanos.
Para otros inmigrantes, y como la encuesta demostró, especialmente los latinos, hay una realidad muy diferente. Mientras más tiempo están los latinos en EEUU, menos optimistas se sienten con sus oportunidades en este país.
Nuestra encuesta revela que a medida que los latinos enfrentan discriminación a nivel individual e institucional, sus miedos y ansiedades aumentan con el tiempo.
Por ejemplo, aunque los latinos respetan a la policía y consideran necesario aplicar la ley, están profundamente preocupados por la brutalidad policial. El 18 por ciento dijo que tienen un amigo o pariente latino que fue objeto de abuso por la policía. Por otra parte, un sorprendente 68 por ciento teme que la policía use fuerza excesiva contra los latinos, y el 37 por ciento dijo que los funcionarios de la la ley tratan a los hispanos injustamente. Pero los prejuicios raciales no se limitan al cumplimiento de la ley. Los latinos también temen que puedan enfrentar discriminación en el lugar de trabajo y prácticamente en cualquier lugar al que puedan ir en público, como tiendas y restaurantes.
Para que Estados Unidos progrese, esto debe cambiar. ¿Cómo puede ser percibida una nación como justa y equitativa, cuando su sector demográfico de más rápido crecimiento vive con dichos temores?
Como nación, nuestro primer paso debe ser abandonar la mítica charla de la “sociedad daltónica” y en cambio centrarnos en la comprensión de la diversidad arraigada en nuestras comunidades y la fuerza que se puede extraer de estas diferentes culturas. Los inmigrantes deben sentirse respetados en este país e invitados a participar y comprometerse plenamente en nuestra sociedad, y en mejorarla.
Este es un ejemplo impresionante de cómo el racismo, o simplemente la percepción de prejuicio, actúa:
Al preguntarles cómo procederían si enfrentaran difíciles problemas financieros, el 47 por ciento de los latinos que ganan entre $40,000 y $75,000 al año dijo que no podían depender de un préstamo en un banco o cooperativa de crédito, mientras que el 38 por ciento que ganan más de $75,000 tampoco tenían la confianza de poder acudir a este medio tradicional de ayuda financiera.
Energizados por la esperanza y la promesa de esta nación, los latinos vienen a EEUU queriendo ser miembros vibrantes de sus nuevas comunidades.
Además, los latinos se preocupan claramente por el futuro de sus hijos. La gran mayoría de los padres latinos asisten a las conferencias de padres y maestros y funciones de la escuela, y se ofrecen de voluntarios en las escuelas y trabajan con los administradores y maestros. De los padres latinos de pre-K hasta los estudiantes de segundo grado, el 89 por ciento asistió a conferencias con los maestros, el 77 por ciento contactó a los maestros por el rendimiento académico, el 74 por ciento tuvo reuniones con un consejero o un director, el 71 por ciento asistió a eventos y el 63 por ciento se ofreció como voluntario para proyectos de clase.
Aun así, su participación aumentaría y sería más amplia si las escuelas hicieran más para dar la bienvenida a los padres. Los encuestados señalaron que debe haber disponibles más traductores, en especial para las reuniones de la Junta Escolar, reuniones de PTA y otras sesiones de establecimiento de políticas. Todos los padres deben sentirse bienvenidos en las escuelas a que asisten sus hijos.
Nuestra encuesta ha identificado el papel que juega la discriminación en la disminución del optimismo y las oportunidades para muchos latinos. En realidad, cuando un grupo es entorpecido, nos perjudica a todos nosotros; necesitamos un mejor esfuerzo de todos para construir un futuro seguro. A medida que aprendemos unos de otros, reconocemos que nuestra fuerza es nuestra diversidad. Dirigir las prácticas y políticas discriminatorias es crear el camino para un mejor Estados Unidos de América.
Directora de estrategia para la Fundación WK Kellogg.
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de noviembre de 2014, 1:00 p. m. with the headline "BÁRBARA FERRER: Los latinos y el prejuicio racial."