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Opinión

ANÓLAN PONCE: Obamismo: traquimañas y cañonas

La contundente victoria republicana en las urnas en estas últimas elecciones parece no haber resonado bien con el presidente Obama, quien extrapolando la sabiduría de Hipócrates de la medicina a la política quizás se haya dicho “a grandes males, grandes remedios”. Por ello, usurpando la autoridad al poder legislativo, ha firmado una Acción Ejecutiva que temporalmente legaliza a unos 5 millones de inmigrantes sin dar oportunidad al nuevo Congreso que se reunirá en enero a formular una verdadera reforma migratoria, algo que él garantizó a los votantes haría en su primer año de ser electo presidente y no cumplió, a pesar de que su partido contaba con mayoría en ambas cámaras legislativas.

Esta decisión del Presidente viola las reglas establecidas por la Constitución referente a la separación de poderes, y viola también los principios democráticos por los cuales se ha regido esta nación ininterrumpidamente desde su fundación. La voz de alarma ha sonado en Capitol Hill: el Presidente se comporta como un dictadorcillo de una república bananera. ¿Qué es lo próximo que podemos esperar? Michelle Obama para presidente.

Barack Obama instó al electorado a rendir veredicto sobre su política en las urnas y este la hizo trizas. La victoria republicana representa un rechazo total al presidente Obama, su agenda y su liderazgo; a su filosofía de redistribución de ingresos y que el gobierno federal corra con la economía. A la falta de transparencia de la administración y la irresponsabilidad e impunidad con que han operado sus funcionarios comenzando por Eric Holder, pasando por Susan Rice y terminando con Hillary Clinton. ¿Acaso encontraron ya el disco duro de la computadora de Lois Lerner con los correos electrónicos perdidos? Bajo su mandato Estados Unidos ha perdido prestigio internacional, y da la impresión que el Obamismo ha puesto al país en declive con una deuda nacional que se espera llegue a 20 trillones de dólares cuando termine su mandato. Su política económica no ha logrado levantar la economía después de 6 años en el poder, y gran parte de la fuerza laboral norteamericana se queda hoy con menos ingresos de su salario.

Las traquimañas y las cañonas han sido el modus operandi de la administración de Obama. El Obamacare era rechazado por más del 64% de la ciudadanía, pero nos lo hicieron engullir a la cañona maniobrando con un Congreso demócrata que superó la pérdida del voto de Ted Kennedy, fallecido antes de ser pasada la ley, valiéndose de una “Regla de Reconciliación” que solo requiere 51 votos para pasar, fue diseñada solo para aprobación de partidas presupuestarias de emergencias, y jamás debió ser usada para legislación de la magnitud del Obamacare. Fue así que lograron pasar esta ley sin un solo voto republicano. Una traquimaña magistral, pero que les costó la Cámara de Representantes en el 2010.

Ahora sabemos que el Obamacare bien puede ser considerado un fraude de acuerdo a las declaraciones públicas de Jonathan Gruber, considerado su principal arquitecto. Según Gruber, fue necesario mentir para vender el Obamacare a los votantes porque estos son demasiado estúpidos para comprender cómo funcionaría y cómo se financiaría esta ley. Gruber añade que de no mentirles, los votantes no hubieran aceptado los principios fundamentales de la ley. A esta traquimaña confesa hay que añadir otra más: la promesa del Presidente de que quien lo deseara podría mantener su plan de salud y sus médicos.

El electorado ha pasado la cuenta dando a los republicanos el control del Congreso. Sin embargo, el Presidente no ha tomado nota e ignorando la voluntad popular ha optado por otra cañona: una acción ejecutiva que no resuelve el problema, porque no cambia la ley y tiene caducidad. La razón parece ser más política que humanitaria: el presidente Obama tiene que aplacar a los electores hispanos que representan el 11% del electorado y cumplir aunque sea parcialmente con la promesa que hizo cuando se postuló en el 2008. ¡Veinticinco millones de votos están en juego!

La acción ejecutiva es irresponsable porque puede provocar una estampida humana a través de la frontera, donde la avaricia y criminalidad de los coyotes y traficantes de drogas que allí operan pudiera ser fatal para muchos infelices en su intento de alcanzar el sueño americano. Es irresponsable también, porque pone a riesgo la seguridad de Estados Unidos. Si 75,000 niños cruzaron la frontera hace unos meses, ¿duda alguien que terroristas de ISIS lo hagan también y vengan a degollarnos aquí, en nuestro propio suelo?

Una reforma migratoria es necesaria, pero somos un país de leyes, no de traquimañas y cañonas. Por ello, es el nuevo Congreso el que tiene que tomar las riendas de la reforma migratoria. Si no lo hacen, los republicanos pagarán muy caro por ello en el 2016. Es así como funciona la democracia.

Esta historia fue publicada originalmente el 26 de noviembre de 2014, 1:00 p. m. with the headline "ANÓLAN PONCE: Obamismo: traquimañas y cañonas."

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