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Opinión

Daniel Fernández: Mitos de la TV... educativa, dañina, violenta, en decadencia

Emilia Clarke en el papel de Daenerys Targaryen en la serie ‘Game of Thrones’, de HBO.
Emilia Clarke en el papel de Daenerys Targaryen en la serie ‘Game of Thrones’, de HBO. AP

Desde que su uso comercial comenzara a generalizarse en la década de 1950, la televisión ha sido una eterna generadora de mitos. En muchos hogares de esos años, la TV era vista como un obstáculo para que los niños cumplieran con sus tareas escolares. Esas tareas han casi desaparecido, en cambio la televisión está más fuerte y sofisticada que nunca.

Muchos de los mitos originales persisten, como el de que “los programas violentos son perjudiciales en la formación de los niños”. La violencia forma parte de cualquier forma narrativa o artística y se encuentra desde en la Biblia hasta en los cuentos de hadas, para no hablar de las noticias. Mi generación (la de los baby boomers), se crió viendo películas de guerra y del Oeste, y no somos particularmente violentos. Además, los padres tienen la potestad de regular lo que ven sus hijos.

Los detractores de la TV pierden de vista que ese fenómeno cultural está ya a años luz del que fuera hace pocas décadas. Ya no se trata de contados canales, donde el espectador estaba obligado a ver programas que no eran de su interés. Los canales alrededor del mundo suman cientos de miles, y técnicamente, todos están a su alcance. Eso sin contar los “canales personales” o los propagandísticos que cuelgan su contenido en sitios de la internet como YouTube o Facebook.

Ahora más que nunca la televisión es una ventana abierta al mundo que se puede recibir por aire o cable, o con dispositivos como Hulu, Roku, Chromecast, etc. También están los servicios On Demand, que permiten ver lo transmitido anteriormente. Hay servicios digitales como Netflix que no solo ofrece películas en DVD y en streaming a su Smart TV, sino que produce sus propias series televisivas, como la exitosa House of Cards.

Otro mito que prevalece es el de “la mala calidad de los argumentos”. Es posible que haya aún estaciones de TV que ofrezcan culebrones “picúos” o comedias astracanadas, pero la oferta internacional en esos renglones es buena y variada. Hay paquetes de cable que incluyen canales de países hispanos. También puede suscribirse a canales de Europa y Asia, lo que de paso permite practicar idiomas. Sin contar el acceso a través de la internet o del Smart TV a excelentes culebrones españoles, británicos, australianos, brasileños...

En cuanto a programas humorísticos, los hay hasta suecos. Experiencia única, porque se trata de un humor muy especial. De Suecia también vienen maravillosos policiacos como Wallander. De Noruega llega Varg Veum, y también hay finlandeses, como Vares e islandeses, como Black Angels. La calidad de la trama y del nivel de actuación se enriquece con paisajes y atmósferas nórdicas.

Esa es otra ventaja de la televisión: el acceso a otras culturas. La función que antes cumplía el periódico, la literatura, el cine o la radio ahora se ve multiplicada por la televisión que, muy lejos de encontrarse en decadencia, está en un alza que va desde la tecnología empleada (superalta definición, sonido surround, 3-D) hasta la calidad de los programas.

Es cierto que hay demasiados vampiros y zombies en la TV, pero “para gusto se han hecho… canales”. Figuras destacadas de la pantalla grande no han vacilado en entrar en la chica para series dramáticas o policiacas. Helen Mirren, Glenn Close y Kenneth Branagh han seguido un camino del que fueron pioneros en la década de 1950: Loretta Young y David Niven.

El mito de que la TV acabaría con el cine tampoco se ha cumplido. Lo que ha pasado es que el cine ha invadido la televisión. Muchos canales como Hallmark producen sus películas y las series tienen nivel (y presupuesto) cinematográfico. El éxito de series como Homeland, Game of Thrones o How to Get Away with Murder, da que pensar. Sobre todo el de Fargo, que como señalara Ted Danson (actor en la nueva temporada) es: “Un nuevo formato. Es como una película de 10 horas”.

En cambio, el mito de su potencial educativo se ha hecho realidad, pues el acceso a numerosos documentales, conciertos, óperas y series culturales es uno de sus grandes logros.

Existen muchos detractores de la TV, y hasta hay estudios que dicen que influye en la epidemia de obesidad o de diabetes. Como todo en la vida, depende de cómo se use. Pero es innegable que para los que vivimos solos resulta el mejor paliativo para la soledad, la mejor droga contra la depresión y, si lo que vemos resulta aburrido, la mejor cura contra el insomnio.

daniel.dfernandez.fernandez@gmail.com

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de octubre de 2015, 2:56 p. m. with the headline "Daniel Fernández: Mitos de la TV... educativa, dañina, violenta, en decadencia."

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